Cristián Bofill, el gran opositor

No es de extrañar que el pan haya estado más crujiente y el té más dulce para Bofill, esta semana, luego de haber puesto esta bomba en La Moneda. Si hay algo que un periodista agradece, una vez que cumple su objetivo, es que su relato y la manera en que fue instalado, sea repetido tal como él lo construyó. Eso es crear opinión pública, o “sentido común”. E imagino que los piñeristas, si aún existen, deben estar bastante agradecidos.

Luego de la salida de Jeannette Vega del Ministerio de Desarrollo Social, debido a las comunicaciones que habría tenido con Héctor Llaitul, han circulado muchas apreciaciones políticas y críticas al ejercicio de sus labores. La filtración de la llamada de una asesora suya a LLaitul, conocida esta semana, ha sido interpretada como la muestra más clara de una peligrosa desprolijidad que abunda en Palacio, razón por la que seguramente fue removida. Pero también ha generado teorías conspirativas descabelladas y torpemente fundamentadas, como toda elucubración de esta especie.

Y es que no es para menos, tomando en cuenta el tono de la nota de Ex-Ante, medio que dio a conocer esta noticia. Parecía que se estuviera revelando una gran trama, una relación casi indecente entre una persona perseguida por la justicia y el gobierno de Chile. Sin embargo, al parecer, y si es que creemos lo que nos dicen desde La Moneda, esta fue una acción llevada a cabo por Vega sin consultar a sus superiores, principalmente al presidente de la República (aunque, como todo, esto debe quedar al criterio del ciudadano).

Pero esto no importa cuando hay que dar un golpe periodístico que cumpla con ciertos fines políticos. Y no lo digo con afán de caer en ningún tipo teoría imaginativa, sino de explicar lo que hacen los medios de comunicación que, como todos deberíamos saber, tienen más misiones que simplemente informar y ejercer la libertad de expresión, como tanto les gusta decir cuando son atrapados en alguna mentira o alguna nota mal hecha y con información incompleta.

¿Alguien puede negar que Cristián Bofill, director de Ex-Ante, esté haciendo política al revelar una nota de tal magnitud a semanas del plebiscito? Quien lo haga, poco entiende cómo funciona el mundo periodístico y cuáles son sus propósitos con las notas que publican y bajo la óptica que lo hacen. Y no lo señalo con ninguna intención de instalar un juicio moral al respecto.

Bofill es sin duda una de las personas con objetivos más nítidos al interior del periodismo; nadie podría decir que se oculta tras la careta de la objetividad periodística (y si es que lo intenta, lo cierto es que le resulta bastante mal) porque sus opiniones y sus intervenciones en donde ha participado públicamente dejan en claro que hay políticos y sectores que encuentra francamente despreciables, como es el caso del Frente Amplio y sus integrantes, mientras otros que le parecen figuras de Estado, próceres de la patria contemporánea, y que curiosamente son personajes ligados al piñerismo y al peor gobierno de la historia reciente.

Por lo tanto, no es de extrañar que el pan haya estado más crujiente y el té más dulce para Bofill, esta semana, luego de haber puesto esta bomba en La Moneda. Si hay algo que un periodista agradece, una vez que cumple su objetivo, es que su relato y la manera en que fue instalado, sea repetido tal como él lo construyó. Eso es crear opinión pública, o “sentido común”. E imagino que los piñeristas, si aún existen, deben estar bastante agradecidos.

Ante una derecha que se avergüenza de sí misma aunque no lo diga, rostros del Rechazo concertacionista y medios como este son quienes están haciendo la oposición dura al gobierno. Si uno le preguntara al personaje en cuestión, lo más seguro es que se ofendería y alegaría, como siempre lo hacen quienes tipos de esta especie, estar ejerciendo el periodismo libre. Y sí, no lo podríamos negar si es que pasáramos someramente por esa definición; pero si profundizamos un poco, tampoco podemos negar que, debido a lo expuesto, estamos frente a alguien que quiere dar golpes políticos específicos por razones específicas como, insisto, todo quien tiene un medio a su disposición y ciertas ideas, lo hace. El problema es que en Chile quienes tienen más capacidad monetaria para esto son de un solo lado.

Debido a la obsesión de Bofill con la generación que hoy nos gobierna, uno de los tantos problemas de articulación de esta administración se convirtió en un alimento más para aquellas mentes afiebradas que no entienden que, casi siempre, en política se debe hablar con quienes no se quiere para así desarticular conflictos tan intensos como el que se desarrolla en La Araucanía. Donde hay poca prolijidad, este periodista instaló un manto de sospecha que muchos leyeron confirmando sus prejuicios. Cumplió su objetivo. Hizo política.

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