Viernes, Junio 14, 2024

Una confusa e indebida traducción de Pedro Lemebel

Más allá de estas cuestiones obvias de derechos, las traducciones que se están realizando no se están haciendo de manera que honren las historias de las maricas y locas, travestis y mujeres trans, la jotería y las trabajadoras sexuales latinoamericanas, y específicamente chilenas.

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Me confunde ver hoy esta traducción de una crónica de Pedro Lemebel en la revista Paris Review. Según tengo entendido, este texto no debería publicarse justo ahora. Hay una batalla legal en curso en Chile sobre los derechos de los escritos de Lemebel. Entonces, como lo entiendo, esta crónica y una antología que Penguin publicará en 2024 no deberían publicarse. Permítanme explicar lo que entiendo.

En primer lugar, empecemos diciendo (para aquellos que no lo saben), que Pedro Lemebel fue un escritor marica osado y de vital importancia para Chile cuyo trabajo ha sido crucial para mí, como traductora queer/trans y lectora de literatura latinoamericana durante décadas. La alegría y la crítica social, la rabia y el sentido del juego de Lemebel son salvajes, divertidos e incisivos. La obra audaz y brillante de Lemebel merece encontrar sus lectores en todo el mundo a través de una amplia publicación y traducciones variadas y capaces. Eso no es lo que está ocurriendo ahora.

La versión corta de la historia es que existe una batalla legal sobre los derechos de los escritos de Pedro Lemebel. No he encontrado ninguna noticia al respecto en los medios de comunicación anglosajones. Sin embargo, ha habido una amplia cobertura en español. A la muerte de Lemebel, los derechos quedaron en manos de su hermano, Jorge Mardones. Jorge tuvo una hija fuera del matrimonio, Geraldine Mardones. El escritor Pedro Lemebel, como era de esperar, fue amable con Geraldine, la incluyó en la familia, no así su hermano Jorge.

Desde su muerte, los tres hijos legales de Jorge han monopolizado los derechos de herencia y han excluido a Geraldine de la toma de decisiones, intentando mantenerla al margen de la familia y no darle ningún control sobre los escritos de su tío. La han tratado como a una hija y hermana «ilegítimas», sin tenerla en cuenta ni a ella ni a sus deseos. En los últimos años, ella ha defendido su derecho a participar en la herencia. Mientras que los otros tres hijos han intentado sacar provecho de los escritos de Lemebel controlando los derechos e intentando venderlos a los mejores postores corporativos, Geraldine ha dicho públicamente que los escritos de Lemebel deberían estar disponibles más libremente, que sus escritos no deberían ser vendidos ni controlados por agentes neoliberales de las corporaciones y los guardianes de la industria literaria. Geraldine está presionando para que sus escritos se reediten de manera más democrática y para que la propia obra se amplíe y multiplique en muchas ediciones diferentes. Tal y como yo lo veo, Geraldine lucha por los excluidos y los no reconocidos, dentro de la familia y en la sociedad en general, por las personas queer, trans y travestis, que siguen estando excluidas. La familia sigue intentando mantenerla al margen.

Hace algunos años, estaba trabajando para traducir algunos de los escritos de Lemebel, cuando una agente estadounidense que supuestamente representaba a la familia nos dijo que no podíamos hacer esas traducciones. Afirmó que estaba trabajando con los titulares de los derechos, y más tarde descubrí que esta agente estaba trabajando sólo con los hijos «legítimos» y sin informar ni incluir a Geraldine Mardones. Es triste, como traductora queer/trans que ama a Lemebel, que me digan que sólo se permitiría traducir la obra a traductores cis-hetero (que yo sepa). Dado que hay un caso legal pendiente en los tribunales chilenos en este momento, tengo entendido que todas las publicaciones se han puesto en pausa hasta la resolución del caso legal. Por lo tanto, esta crónica y esta publicación de Penguin parecen infringir ese decreto legal chileno. Finalmente será la justicia la que lo determine.

Más allá de estas cuestiones obvias de derechos, las traducciones que se están realizando no se están haciendo de manera que honren las historias de las maricas y locas, travestis y mujeres trans, la jotería y las trabajadoras sexuales latinoamericanas, y específicamente chilenas. Las versiones de las traducciones publicadas pasan por alto las especificidades de estas maricas y locas, travestis y otras personas de América Latina que tienen sexualidades y géneros disidentes. Como traductora de muchos autores LGBTIQ+ y queer/trans esto es angustiante. Son temas complicados y deberían ser tratados con cuidado por personas con un conocimiento íntimo de estas cuestiones del lenguaje, la vida, el amor y la encarnación. El lenguaje barroco y la complicada sintaxis son otro reto (apasionante) para la traducción y para los lectores angloparlantes. Traducir Lemebel es un trabajo muy duro y merece cuidado.

Actualmente, la antología de Penguin se titula “A Last Supper of Queer Apostles”. Este título me molesta. El uso de esta palabra «queer» en el título pasa por encima de todas las complicadas historias de la terminología local y las vidas en español. Lemebel fue increíblemente inteligente y estratégico con el lenguaje, cómo jugar con él, cómo socavar las definiciones del norte global de la disidencia sexual y de género. Su representación de La Última Cena con un grupo de travestis está grabada en un video arte de Gloria Camiruaga. La representación está archivada en la página del grupo de performance de Lemebel, Las Yeguas del Apocalipsis. Se hace referencia específicamente a los actores como travestis, y esta insistencia es crucial para el trabajo que hizo Lemebel, cambiando entre géneros y performances y géneros para desafiar toda convención. El título de esta antología -y la sustitución de travesti por «queer»- parece una hábil estratagema de marketing estadounidense para intentar vender más libros, hacerla comercializable y reconocible para los lectores de EE.UU., sin tener en cuenta todo lo que significa la obra de Lemebel.

He visto muchos de los mismos problemas con muchas de las otras traducciones publicadas recientemente. Creo en las traducciones múltiples de Lemebel, y sí, que florezcan mil traducciones, pero sólo después de que se hayan resuelto las cuestiones legales en los tribunales chilenos. En un mundo en el que las personas queer y trans siguen siendo atacadas, importa quién nos traduce, quién hace este trabajo y cómo se hace. Son cuestiones estéticas y políticas que hay que tener en cuenta.

Se necesita decir públicamente que existe una batalla por el legado de Lemebel y que los agentes y traductores estadounidenses actúan como si no pasara nada. Y la Paris Review y Penguin parecen estar publicando como si no pasara nada. En la página de Penguin hay una cita de Lemebel, “I speak from my difference”, pero el original es “Hablo por mi diferencia”. Hablo por mi diferencia, con ella, a causa de ella (nota del autor de la traducción: la diferencia que trata de explicar el autor es el uso de la preposición from traducida como desde, cuando debería ser for traducida como por, es decir «I speak for my difference»). Como siempre Lemebel diciendo un millón de cosas con una sola preposición. Se necesita más cuidado, a todos los niveles de este proceso de traducción. Estas traducciones y la falta de aprobación de todos los herederos borran esa diferencia, sustituyéndola por una «queerness» comercializable del primer mundo en oposición a la crítica marica y salvaje de la clase trabajadora de Lemebel.

Mientras escribo estas letras desde Texas, el periodista y activista Víctor Hugo Robles, conocido como “El Che de los Gays”, que era amigo de Lemebel, trabaja en Chile con Geraldine Mardones y su equipo legal, luchando por una mayor distribución de la obra de Pedro Lemebel.

Texas, 17 de mayo de 2024, Día internacional Contra la Homo/Lesbi/Transfobia

Este texto fue publicado en inglés ver link

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