¿Quién quemó el Metro?
La desmemoria en un país es cosa seria, institucional y ciudadana, ambas se atan.
Hace seis años se habló incluso de alienígenas para explicar la acción simultánea de incendiar diversas estaciones del Metro durante el estallido, el 18-0, la revuelta social. El fuego prendió en 118 lugares dice Patricia Crispi en su carta al Presidente Boric, hace tres años, preguntando quién quemó el metro: “Esa noche, 118 estaciones del Metro de Santiago fueron quemadas (7 totalmente; 18 parcialmente; 93 con múltiples daños)” [1]. Hoy yo pregunto de nuevo.
Igualmente persiste la pregunta por las personas detenidas desaparecidas durante la dictadura civil militar, porque persiste el silencio cómplice que hace posible tal pregunta. Al menos el actual gobierno creó el Plan Nacional de Búsqueda de las personas a las que desaparecieron hace décadas. Si esto no es una vergüenza nacional, qué más podría serlo.
Esto es Chile también, más allá de campañas políticas donde se promete tanto, menos la respuesta por quién quemó el Metro, como si esa violencia fuera plausible olvidarla. A su vez, la debida reparación a miles de víctimas del estallido sigue siendo un asunto pendiente.
La reconstrucción del Metro incendiado costó más de doscientos millones de dólares, dinero del Fisco, dinero ‘nuestro’… (vivo con una pensión insuficiente, como le ocurre a gran parte de las personas mayores).
“Violencia es la desigualdad”, decía un rayado hace seis años.
Ayer vi la foto de la Fuente Alemana recién restaurada y de inmediato ‘vandalizada’ en este sexto aniversario del 18-0. “Ni perdón ni olvido”.
Ante estos rayados, desde algunos sectores se descalifica a quienes los realizan (estúpidos, incultos). Existen estudios y análisis de dichas expresiones específicas del malestar y la crítica que usan espacios públicos para decirlo en breve a toda una comunidad. Hay publicaciones que las valoran y preservan, como el libro “Tinta y rabia”, que hoy es parte del acervo de la Biblioteca Nacional. Un “archivo visual popular que se fue manifestando y posteriormente borrando de las paredes, llevándose con esto las consignas y demandas del pueblo de Chile” [2].
Se restauran bienes públicos, como la Fuente Alemana, pero no la confianza ciudadana.
El 18-0 fue la explosión masiva de un malestar que se arrastraba desde hacía mucho y también fue la expresión festiva en marchas multitudinarias en el país: ejercicio de poder ciudadano que bien valía celebrar. Hubo violencia, sí, delitos variados, sí, violencia institucional mayoritaria, sí, como documentó hace poco la Fiscalía al analizar los miles de hechos delictuales identificados. Pero lo positivo que se experimentó con goce en ese período también existió. Así como siguen existiendo las causas que originaron la revuelta, con algunos ‘avances’ que las morigeran.
¿Y qué pasó con el Metro de Santiago?
¿Quién lo vandalizó, destruyó, incendió en tantos lugares a la vez? ¿Quiénes lo hicieron?
Pregunta pendiente a seis años del 18-0.
[1] https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2022/03/07/alguien-sabe-quien-quemo-el-metro-carta-a-boric/
[2] https://razacomica.cl/sitio/2024/11/19/creadoras-del-libro-tinta-y-rabia-la-rabia-es-un-movil-la-rabia-crea-la-rabia-es-politica/
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