Opinión

Kast es un bot: 21 tesis sobre Neofascismo y Cibernética

Kast es un bot del neofascismo global, y los bots, bajo el capitalismo de plataformas desplegado, constituye el nuevo movimiento de masas de un “fascismo” que no necesita de las dictaduras para imponerse, tampoco del “partido único” puesto que es su versión en la forma de la democracia, en la medida que ésta se halla completamente tejidas por la nueva infraestructura cibernética y vaciadas de su legitimidad política.

Al presidente Salvador Allende

1.- El caso Cerimedo muestra que la infraestructura cibernética no funciona como dispositivo excepcional de manipulación electoral, sino como la nueva forma de la política de las democracias securitarias. Mas precisamente, podríamos decir que estamos asistiendo a la definitiva sustitución del sujeto pueblo, tradicional de la forma “democrática” (demos= pueblo) por el sujeto algoritmo, fórmula crucial del nuevo imperialismo cibernético desplegado a nivel global.

2.- El paso de una forma liberal y clásica hacia su modo algorítmico se dio a partir de la contrarrevolución neoliberal que confiscó a la democracia a ser un simple dispositivo técnico-procedimental vaciando al sujeto pueblo en la medida que devastaba sus derechos, culturales, sociales y políticos de la era anterior. En Chile, el paso tuvo lugar a partir del golpe de Estado de 1973 y su dictadura cívico-militar que instaura el nuevo pacto oligárquico de Chile.

3.- La cibernética, en cuanto gramática del imperio, intensifica sus dominios cuando en Chile la revuelta destituye al dispositivo transicional y el ordenamiento jurídico-constitucional del pacto oligárquico de 1980-2006 queda vigente pero sin significado. La compensación a un orden jurídico-político vacío, que opera por inercia, instala definitivamente a la nueva infraestructura cibernética que no solo sostiene a la nueva configuración de la máquina Estado-Capital sino, además, promete renovarla profundizando su régimen de la fuerza.

4.- Kast es un bot del neofascismo global, y los bots, bajo el capitalismo de plataformas desplegado, constituye el nuevo movimiento de masas de un “fascismo” que no necesita de las dictaduras para imponerse, tampoco del “partido único” puesto que es su versión en la forma de la democracia, en la medida que ésta se halla completamente tejidas por la nueva infraestructura cibernética y vaciadas de su legitimidad política. Como resultado de años de neoliberalismo globalizado, en que la acumulación financiera se intensificó en desmedro de los derechos ciudadanos, el poder político, económico y tecnológico de las grandes corporaciones tecnológicas terminó en un solo dominio. Eso expresa el neofascismo global al que pertenece Kast y eso explica porqué Kast, tal como Milei, no son otra cosa que bots: obedecen a otro, ejecutan la orden de otro, establecen el plan de otro, hablan el discurso de otro, reproducen, entonces un conjunto de órdenes sistemáticamente y, en este sentido, devienen algoritmo. Así, la aparición del sujeto algorítmico en sustitución al sujeto democrático es correlativo al neofascismo precisamente por el régimen de obediencia que su lógica implica. En el Foro de Madrid celebrado en Santiago de Chile el 3 y 4 de septiembre de 2026, el embajador estadounidense Brandon Judd lo dejó completamente claro: la aplicación de la doctrina “donroe” (es decir, la reproducción de una orden) es más “fácil en Chile con Kast”.

5.- A contrapelo de los dichos del ministro de defensa Fernando Barros, Chile no quedó reducido a un simple “patio trasero” como era evidente en la época del imperialismo clásico, sino devino el “trasero” mismo, tal como lo dispone la era del Imperio. Ni siquiera el “trasero” de EEUU simplemente, sino el de sus oligarquías tecnológicas.

6.- El kastismo, cristalizado en el partido republicano, está en conflicto con el cadáver de Jaime Guzmán. El cadáver se llama “Constitución de 1980-2006” y, habiendo sido el dispositivo que posibilitó el ensamble neoportaliano de los años 70 que combinaba libertad económica con férrea autoridad política, se transformó, gracias a la revuelta de 2019, en una máquina vacía, exenta de vida que terminó operando solo por inercia. Los tres procesos constituyentes previos, así lo atestiguan.

7.- Frente al cuerpo institucional de Jaime Guzmán muerto, la oligarquía se enfrenta a dos vías de salida. Por un lado, los sectores conservadores (que va desde Chile Vamos a Amarillos y facciones de socialismo democrático) insisten en que la salida debe ser pactada, en el sentido de reestablecer un orden consensual y cupular similar al de la transición. Por otro, el kastismo asume que la política no puede volver al orden “consensual” sino que debe regirse por el principio de autoridad que identifican al desnudo reino de la fuerza. La vieja oligarquía y la nueva oligarquía están enfrentadas en la alianza de facciones que compone al nuevo gobierno y sus partidos de derechas.

8.- La escena que funda la nueva época histórica es la del rechazo de Jürgen Habermas a dirigir la tesis de Alex Karp, posteriormente creador de Palantir. Si Habermas expresa la oligarquía liberal clásica que surgió después de la Segunda Guerra Mundial y que, como tal, se aferró a Israel y negó que éste podía cometer genocidios, Karp expresa la aceleración de la nueva oligarquía tecnológica que intensifica su poder produciendo maquinarias de genocidio, desplazando al sujeto pueblo, por el sujeto algoritmo.

9.- El kastismo intenta impulsar un cuarto proceso constituyente, pero “desde arriba” y exento de cualquier lógica plebiscitaria. Las tres grandes reformas: económica (megarreforma), política (reforma constitucional) y epistémica (“áreas prioritarias” en los fondos concursables relativos a la investigación) requieren de un anudamiento central ubicado en el Estado. Por eso, Kast reúne la Comisión por la “Nueva arquitectura del Estado” liderada por Bettina Horst y orientada a “modernizar” al Estado para hacerlo más “eficiente” en un mecanismo binominal que tácitamente reproduce una “ley maldita” en cuanto el Frente Amplio y el Partido Comunista fueron excluidos de participar. Dicha Comisión no se declara “constituyente” puesto que todo el lenguaje republicano ha sido desterrado del vocabulario kastista. Su lengua es la del algoritmo económico-gestional antes que el del jurídico-constitucional. Así, la Comisión carece de carácter vinculante ya que sus propuestas, lejos de ser plebiscitadas directamente por la ciudadanía, deberán ser ratificadas en el Parlamento, en especial, el Senado.  Habría que advertir, en cualquier caso, la progresiva asfixia que los dispositivos nombran: “Convención Constitucional” (resultado del Acuerdo del 15N), luego “Consejo Constitucional” (ya no Convención) y, finalmente, una simple “Comisión”: de la mayor a la menor amplitud, de la menor restricción a la mayor restricción. La oligarquía no quiere ser plebiscitada, sino imponer su orden y el nuevo control sobre el país.

10.- Si bien Kast señaló explícitamente que no llevarán a cabo la “batalla cultural”, ésta última ha sido llevada a cabo en los hechos. Por eso, la derecha neofascista es “woke”, ahí donde establece una cultura sostenida en la “ley del más fuerte” que se articula en base a un principio identitario. Las costumbres, la tradición, el sentido común son diferentes variantes de la máquina mitológica neofascista que presupone la existencia de identidades invariantes que, según dice el relato, habrían sido corroídas y que el nuevo movimiento político vendría a restaurar. Justamente será aquí donde se anuda la disputa feroz entre el Partido Nacional Libertario y al Partido Republicano: ¿quién llevará la fuerza “woke” de la restauración identitaria?

11.- Todo el proyecto de Kast se anuda en la apuesta por restituir el alma como principio regitivo sobre el cuerpo. Su diagnóstico es que la transición habría sido un movimiento centrífugo que separó el alma del cuerpo. Su solución: restituir el lugar del alma entendida como el principio que puede regir al cuerpo para restaurar la unidad del “cuerpo nacional” de todos aquellos agentes que lo corroyeron. El neoliberalismo solo podrá funcionar si persiste un principio de autoridad que la transición disolvió en el instante en que ésta llegó a su clímax anárquico: la revuelta popular de 2019.

12.- El progresismo y el kastismo tienen un punto en común: creer que, por “democracia” habría que entender la simple formalidad vacía de las instituciones propias del Estado de derecho. El progresismo funciona como un clonazepam en cuanto orienta sus esfuerzos en “calmar” a los ultra y exagerados que dicen ver aquí a una “ultraderecha” a un “neofascismo”. El kastismo funciona, destacando la misma inmutabilidad de la democracia en su formalidad, pero introduciendo cada día, el feroz principio de realidad que expone exactamente lo que el progresismo quiere negar: que las instituciones democráticas están muertas -como el cuerpo institucional de Jaime Guzmán- pues operan sólo en base a la “legalidad” y no a la “legitimidad”, es decir, funcionan miméticamente por inercia y no por convicción. Solo en cuanto cadáver, dichas instituciones pueden ofrecer el terreno propicio para el nuevo movimiento de masas cristalizado en la consolidación de la infraestructura cibernética como nueva forma de gobierno. De esta forma, en la era neofascista el orden político deslumbra como democracia formal, pero actúa como dictadura civil-legal: el progresismo es la droga, el kastismo es el golpe.

13.- Desde la declaración de la “guerra contra el terrorismo” en 2001 en que se puso en juego una guerra colonial globalizada, el derecho ha sufrido transformaciones decisivas que apuntalan el surgimiento del neofascismo actual. El cambio más prominente es leve. Consiste en que, a diferencia de la clásica lectura liberal, el nuevo modo neoliberal no propicia al derecho como un dispositivo orientado a la neutralización de los conflictos sino más bien a su producción incondicionada. A diferencia del contractualismo moderno que sostenía que un orden político podía establecerse a partir de un pacto, el derecho contemporáneo no propende sino a su dislocación en la producción de exclusiones varias que producen lo que antes debía conjurar: la guerra civil.

14.- A diferencia del contractualismo moderno que se sostenía en base a la pasión política del “miedo”, la era cibernética se anuda a partir del pánico como su pasión predilecta. ¿Acaso el individualismo posesivo que esgrimen los anarcocapitalistas no es un efecto del pánico en el que las masas huyen de las calles para aferrarse al último bastión que queda en pie: el cuerpo individual, defensivo, por tanto, sostenido en base a la idea de la autosuficiencia?

15.- El nuevo orden que proyecta el kastismo no necesita de una Nueva Constitución. Necesita de un nuevo ensamble de la máquina Estado-Capital que no resolverá jurídicamente sino cibernéticamente: la nueva “arquitectura del Estado” exige reducir al cuerpo de Jaime Guzmán en su total inercia para extraer de él su espíritu y ejercer su fuerza aun cuando su Constitución se halle muerta.

16.- De manera inédita, Israel devino en una importancia geopolítica fundamental para América Latina. El gobierno de Kast, que no es más que un bot dentro del enjambre cibernético, no solo restituyó sino intensificó la relación con Israel. En este sentido, al igual que todos los gobiernos neofascistas, el de Kast es un gobierno abiertamente sionista. No solo porque ha reconstituido e intensificado las relaciones con el Estado sionista, sino porque el sionismo no es hoy una ideología privativa del Estado de Israel sino también la ideología ampliada de la oligarquía global que se presenta en base a la narrativa de ser la “elegida” para apropiarse de la Tierra que, según dice, le pertenece.

17.- La clase dominante es hoy la oligarquía global. Formada por más de 30 años de reformas neoliberales en la que aún podía convivir un cierto imaginario democrático, el neofascismo es la conciencia política de la nueva facción oligárquica en el momento en que ésta ensambla en una sola máquina, al poder político, económico y tecnológico. Su apuesta: salir del estancamiento económico y del marasmo institucional. ¿Cómo hacerlo? Vía la apertura de una nueva fase de apropiación de la Tierra dirigida por las grandes corporaciones tecnológicas. Fase que implica volcarse sobre nuevas formas de “acumulación originaria” donde el saqueo, la conquista y el colonialismo vuelven a ser cotidianos, en orden a establecer el nuevo nómos cibernético de la industria global.

18.- El término “democracia iliberal” propuesto en 1997 por Fareed Zakaria es un concepto “negativo” que da cuenta de lo que no es, no de lo que está ocurriendo efectivamente. Por eso, es sintomático que el discurso liberal haya tomado dicho término precisamente para ver el crepúsculo de la democracia liberal, pero, a la vez, para no ver en lo que dicha democracia ha desembocado. “Iliberal” es una buena defensa de la democracia liberal antes que un término que permita analizar el nuevo escenario de la revolución oligárquica en curso.

19.- La estructura político y social de la República de Chile siempre ha sido oligárquica. Referir a la “democracia iliberal” es ser demasiado optimista con un país que jamás dejó de lado su sello oligárquico. Sin embargo, eso no significa que dicha estructura sea invariante y no esté sujeta a derivas históricas. Lo que en otro lugar hemos descrito bajo la fórmula del “fantasma portaliano” no es otra cosa que un dispositivo histórico que apuntala al capitalismo chileno y reconduce las prácticas concretas de la política y la sociedad, ajustando siempre sus derivas a la estructura oligárquica e impidiendo la posibilidad de su quiebre.

20.- El neofascismo es la “pasión” por la apropiación de la Tierra. La tradición, la reivindicación de lo “propio”, la subjetivación nacionalista son todas formas en que dicha “pasión” se produce. Todo deviene estrecho, pequeño, todo se vuelve reducto, fortificación, fronteras y control; en suma, la realidad se cristaliza en el terruño. La vastedad de la Tierra deja de ser un lugar para habitar y se vuelve un espacio para poblar, un fuerte para sobrevivir, en suma, un territorio que nada tiene de paisaje. Por eso, la colonización sionista de Palestina, cuyo paradigma se extiende globalmente, no sólo expulsa y aniquila a palestinos sino destruye y borra sus olivos, expropia sus aguas, quema sus recuerdos y extiende la nakba hacia diferentes rincones del planeta: ¿qué fueron de las declaraciones del embajador Zaliasnik en Israel sino otro eslabón que apuntala el proceso de borramiento del pueblo palestino por parte del sionismo, sobre todo cuando la Cancillería mantiene al embajador en su puesto y, por tanto, en los hechos, avala sus dichos? ¿Qué será dicho aval, sino que el gobierno de Kast no es más que un bot?

21.- Kast es un (ro) bo (t).

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Rodrigo Karmy
Sobre la autora / el autor
Rodrigo Karmy
Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.
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