Opinión

El ángel kastigador

El ángel kastigador llega para imponer un orden. Orden que se compone de dos polos: el de la “economía”, para el cual el gobierno lanzó su “megarreforma”, y el de la “seguridad” para el que ya anunció el ACOT

“El cuerpo político no solamente es “más amplio y extenso” que el cuerpo natural, sino que en él residen fuerzas realmente misteriosas que actúan sobre el cuerpo natural mitigando, e incluso eliminando todas las imperfecciones de la frágil naturaleza humana.”

Ernst Kantorowicz

El 5 de Agosto de 2026 el presidente Kast ofreció un discurso en cadena nacional. Su objetivo: presentar el ACOT (Agenda contra el Crimen Organizado y Terrorismo). Para analizarlo, se ha puesto énfasis en el contenido de sus escuetas y brutales palabras.

Sin embargo, el discurso tiene una performatividad importante cuyos signos no resultan anodinos, pues otorgan fuerza al mensaje presidencial. Incluso más, el escenario sobre el que se profiere el discurso de Kast redobla su potencia al multiplicar su cuerpo natural en un nuevo cuerpo institucional.

No se trata de Kast como persona natural, como del presidente en cuanto cargo político. No se trata del cuerpo físico del individuo Kast, como del modo en que dicho cuerpo engarza al cuerpo institucional del Estado chileno.

Ello implica, que desde un punto de vista metodológico, debemos dejar de lado cualquier apuesta por dilucidar lo que habría “detrás” de la performance y trabajar sobre la superficie de los signos que nos ofrece el desempeño del discurso.

Ante todo, la escenografía resulta decisiva: Kast está en el centro como un pretendido punto de equilibrio entre dos fuerzas que le escoltan: por su lado derecho, el retrato de Diego Portales; por su lado izquierdo, el de Bernardo O ´Higgins[1].

Dos fuerzas que convergen en el cuerpo de Kast: la que se ocupa de la seguridad interior (Portales) y la que se ocupa de la seguridad exterior (O´Higgins); la fuerza policial y la militar a la vez que se conjugan en un mismo cuerpo (el de Kast); la que resguarda a la ciudadanía de la delincuencia y la que lo protege al país de los invasores.

El dispositivo que permite que las fuerzas de Portales y O’Higgins bajen a tierra, y se cristalicen en el cuerpo de Kast, no es más que el conjunto de banderas chilenas que, enfiladas a un costado del presidente, no solo se sostienen rectas sino, además, exhiben el escudo chileno en su centro. Escudo como signo de protección frente a un ataque que el presidente denuncia y exige contrarrestar con ACOT.

Su cuerpo frágil y humano cuya fuerza es redoblada en el montaje estatal del cuerpo político, se presenta, entonces, como si fuera   la primera línea de la defensa nacional. Kast lanza el mensaje: no pasarán. El escudo de Chile es todo, los ataques quedarán reducidos a la nada, el orden se impondrá.

Agreguemos un detalle fundamental: la vestimenta del presidente se tiñe de color azul-celeste. No se trata del azul marino ni del café, se trata del terno azul y corbata celeste combinado con una camisa blanca.

No usa ni el color del mar (azul marino) ni el de la tierra (café). Usa el color del cielo, porque es el cielo el que se conecta con la tierra, el arriba con el abajo. Kast está disfrazado de cielo, una fuerza celestial que porta consigo la fuerza mítica de los próceres (Portales-O´Higgins) para llegar a la tierra y lanzar su castigo, ejercer su fuerza.

Sin embargo, no solo es un Kast celestial por el color de su disfraz sino por el discurso que hace resonar: la seguridad en Chile es el eco de la palabra de Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, que en marzo de 2026, organizó explícitamente la cumbre titulada: El Escudo de las Americas (The shield of America) a la que Kast asistió.

Con el doble sentido que tiene el término “América” para los EEUU que, a la vez que refiere a su respectivo país, también lo hace al continente que se extiende hacia el sur; doble sentido que resulta ser clave para la lógica imperialista que los EEUU han mantenido históricamente con la región y que hoy la administración Trump renueva. Kast no hace más que replicar dicho discurso en el escenario nacional.

Por eso, Kast es un enviado que trae un mensaje desde Washington, un sudaka que solo replica el guión imperial, tal como lo están haciendo los demás presidentes neofascistas de la región. Por eso la performance: Kast viste al Estado chileno de escudo y él mismo disfrazado como quien llegara desde las alturas, desde el cielo para aterrizar e imponer el orden sobre la tierra.

En la antigua tradición, un enviado, aquél que porta un mensaje que no puede no dar a un receptor (los profetas, por ejemplo), se llama “ángel”. En griego “ángel” significa literalmente “mensajero” porque, en rigor, la angelología (la doctrina acerca de los ángeles) fue una de las primeras tecnologías de gobierno de los antiguos.

En la angelología se resuelve el ejercicio del gobierno del mundo, lo que hoy nosotros llamaríamos “management”, en la medida que los ángeles nunca tuvieron nombres propios, sino funciones burocráticas específicas. Una de esas funciones, podría ser la del “castigo” ejercida por el ángel exterminador, una suerte de Terminator de la antigüedad cuya acción opera automática y eternamente.

Kast se ha disfrazado de ángel y pretende desatar el único mensaje que le ha sido encomendado: hacer efectivo el “Escudo de las Américas” y aplicar el castigo a todo aquél que amenace con desordenar el orden terrestre. Orden portaliano, guzmaniano y, a la vez, sionista que necesita de un ángel castigador para realizar la ferocidad de su obra: “Vamos a perseguir, capturar, juzgar y condenar a todos los que buscan destruir nuestra sociedad. Seremos implacables. No habrá excusas ni treguas”, señaló el presidente.

Se trata de ser “implacables”, como lo exige la función angélica, aplicar la fuerza sin escrúpulo alguno, sin arrepentimiento, sin moderación. Se juega una máquina política de persecución, una doctrina que no puede fallar en la medida que asume el automatismo de factura angelológica.

Esto significa: Kast y el gobierno de Chile son solo un nodo más del movimiento neofascista con el que las oligarquías globales han salido a dar caza a todo aquél que las cuestione.  Kast es un eco, una resonancia de la mayor importancia dado que, para las oligarquías globales, el neoliberalismo no puede morir precisamente en el país que lo vio nacer.

La seguridad interior (Portales) y exterior (O ´Higgins) se enfrentan simultáneamente, sea vía la policía o el ejército, para impedir que la “sociedad” (el reducto del capital en el que se desarrolla el trabajo y la economía) sea destruida.

Es evidente que la “sociedad” juega aquí como un cuerpo que el Estado ha de inmunizar. Pero inmunizarla ¿de qué? De sus enemigos internos y externos, si se quiere, habrá que protegerla de sí misma, de la posibilidad de su auto-destrucción; en último término, del impulso auto-destructivo que ella porta consigo: la guerra civil.

El ángel kastigador llega para imponer un orden. Orden que se compone de dos polos: el de la “economía”, para el cual el gobierno lanzó su “megarreforma”, y el de la “seguridad” para el que ya anunció el ACOT.

Se trata de rearticular la máquina guzmaniana que fue destituida por la multitud en la última década y volver a hacerla funcionar. Pero Kast sabe que no puede volver simplemente al pacto oligárquico de 1980, sino que debe ir más allá de él precisamente para reconstituirlo.

Por eso, Kast representa un guzmanismo 2.0 que debe superar su primera versión si no quiere sucumbir a la enorme crisis que el propio guzmanismo ha producido en sus 50 y algo años de vigencia.

Por eso, el discurso de Kast replica -porque no es más que una “réplica” en sentido geológico, de Marco Rubio y el Escudo de América– el guión mitológico del “volver a ser grandes” vía el nuevo guzmanismo de la oligarquía chilena renovada en 1973.

Conjurar la tierra de sus enemigos, ordenarla para restituir el gobierno del mundo, es la misión angélica de Kast. Misión que no requiere del pensamiento (por eso su querella contra las universidades del Estado y el reducto de las ciencias sociales, artes y humanidades) ni de la acción, sino de la fuerza con todo su automatismo.

Los seres celestiales -eso creen que son- han venido a castigar a los impíos. En cuanto “celestiales” -tal como el terno de Kast- creen estar elegidos, piensan estar cumpliendo una misión “histórico-salvífica” orientada salvar la “sociedad” del mal. Pero hacerlo, implica plantear una guerra de exterminio. Eso es lo que Washington nuevamente ha impuesto para América Latina.


[1] Véase las fotos en el sitio de la presidencia: https://prensa.presidencia.cl/comunicado.aspx?id=337093

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Rodrigo Karmy
Sobre la autora / el autor
Rodrigo Karmy
Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.
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