Nosotros y nosotras el pueblo de Chile: en defensa de la Convención Constitucional
El Foro de Madrid se reúne en Chile, quizás para organizar otras intervenciones en procesos electorales en nombre de la democracia, la prosperidad y la libertad. Han elegido esta fecha y celebran en la capital con arrogancia.
4 DE SEPTIEMBRE
Hoy es 4 de septiembre de 2026, se cumplen 4 años del rechazo en el plebiscito de salida a la propuesta de constitución que nació de la Convención Constitucional (2021-2022). Lo más probable es que hoy, en amplio concierto todos los medios de comunicación cortesanos se pronuncien sobre el asunto haciendo notar “la irresponsabilidad de las izquierdas”, y destacando los “arrepentimientos” de algunos líderes progresistas que no volverían a votar Apruebo.
Posiblemente, el Presidente en ejercicio colgará un posteo en redes sociales celebrando su victoria… Tal vez, el Presidente anterior subirá otro mensaje pidiendo perdón “por no contener las pasiones del órgano” así, serán solo algunos pequeños párrafos los que reconocerán las virtudes de un órgano que contra viento y marea logró cumplir con su mandato constituyente.
Hoy es 4 de septiembre y se reúne en San Carlos de Apoquindo el Foro de Madrid, una cumbre de la extrema derecha global que viene a nuestro país a promover una nueva era reaccionaria. Mediante la articulación de una red internacional las derechas han declarado como prioridad el combate directo contra las sensibilidades igualitarias, las que identifican como “totalitarias”.
El Foro de Madrid se reúne en Chile, quizás para organizar otras intervenciones en procesos electorales en nombre de la democracia, la prosperidad y la libertad. Han elegido esta fecha y celebran en la capital con arrogancia.
El 4 de septiembre es una fecha cargada de significados en la historia política de Chile. Una misma cifra contiene fenómenos contradictorios, separados por décadas y, al mismo tiempo, profundamente unidos entre sí. Para las fuerzas subalternas un triunfo y una derrota ocurren el mismo día, con 52 años de diferencia.
El 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende triunfa en las elecciones presidenciales. Su victoria abre el camino hacia una experiencia política inédita en nuestra historia: la construcción de un proyecto socialista por la vía democrática.
Más de medio siglo después, el 4 de septiembre de 2022, la propuesta elaborada por la Convención Constitucional es rechazada en el plebiscito de salida. Dos acontecimientos separados por tantos años, pero unidos por una intensidad política y simbólica clave para las fuerzas transformadoras.
Es una fecha de acontecimientos relevantes. Una , parece estar olvidada, la otra, más reciente, se toma todos los noticieros y los medios masivos de comunicación recordando la derrota del órgano constituyente. Le han llamado “fracaso” a esta experiencia política democrática. Constituyendo una narrativa que evalúa un proceso desde su desenlace electoral.
IZQUIERDAS
Algunas izquierdas, inhibidas, timoratas y disciplinadas durante años por los discursos oligárquicos, se han mantenido silentes frente a los marcos impuestos sobre esta discusión. En su mutismo, han terminado aceptando como propias verdaderas barbaries, carentes de fundamento, que progresivamente se han colado incluso en los discursos de cuadros intelectuales de partidos que estuvieron históricamente comprometidos con la demanda de una nueva Constitución redactada en democracia.
Estas izquierdas se han dejado seducir por nuestros adversarios y han terminado aceptando marcos interpretativos que distorsionan la realidad histórica de la Convención Constitucional. Han hecho suyas afirmaciones según las cuales la Convención habría sido una experiencia política en la que “una mayoría circunstancial habría abusado de su poder”, han aceptado que se diga que este órgano avanzó “imponiendo sus sesgos políticos”. De forma escandalosa han repetido que “el texto constitucional debilitaba la separación de poderes”, “restringía la democracia” y “pretendía perpetuar a un determinado sector político en el poder”, sin contrapesos institucionales efectivos.
Incluso el expresidente Boric ha hecho eco de estas críticas, profundamente infundadas y que, a mi juicio, no resisten un análisis serio, riguroso y ponderado del proceso constituyente chileno.
EXPERIENCIA SINGULAR
Lo cierto es que pese al ruido con el que se enfrenta la temática, uno marcado por la pena, la culpa, la decepción, a fin de cuentas, las pasiones tristes, la Convención constitucional chilena se presenta en la historia de nuestro país como una experiencia singular.
La Convención constitucional es junto con el Gobierno de la Unidad Popular el ejercicio democrático más relevante en la historia de nuestro país. En ella se discutió de forma civilizada, sin armas de por medio, de forma plural y legítima la forma organizativa del Estado y también la reformulación de las estructuras de dominación que rigen en esta sociedad.
La Convención Constitucional fue un espacio en el que el debate sobre las bases de la convivencia política se abrió más allá de las estrechas fronteras del campo jurídico. Desde una perspectiva profundamente antielitaria, la convención logra aperturar una discusión que durante décadas había permanecido confiscada por los órganos institucionales y el lenguaje “especializado” de los “expertos”.
La Convención quebró, en ese sentido, el “monopolio de la palabra constitucional” que históricamente habían ejercido los abogados y las élites políticas, abriendo un espacio en el que dirigentes sociales, movimientos territoriales, básicamente las y los comunes pudieron rearticular una voz que durante años había permanecido silenciada.
La Convención Constitucional fue el primer órgano constituyente del planeta elegido con un mecanismo de paridad de género que aseguró una representación equilibrada entre hombres y mujeres. Este hecho constituye, por sí mismo, un hito inédito en la historia del constitucionalismo a nivel global.
Por primera vez, la tarea de discutir y redactar las normas fundamentales de una comunidad política no quedó entregada a un espacio predominantemente masculino, sino que fue asumida por un órgano cuya composición buscó romper con una de las exclusiones históricas más persistentes de la representación política.
La Convención Constitucional confronta el imaginario uninacional de raigambre colonial, que niega la diversidad existente en la sociedad chilena. No sólo quiebra ese imaginario al reconocer la existencia de diversos pueblos originarios que habitan este territorio desde mucho antes de la conformación del Estado-nación chileno, sino que, además, garantiza en clave de derechos las diversas identidades, culturas y formas de vida que conviven en este territorio plurinacional.
La Convención Constitucional ofreció una salida a la miseria global producida por la fase neoliberal del capitalismo mundial. En ese sentido, el texto ofrecido por la Convención propone una nueva fórmula jurídico-política: el Estado social y democrático de derecho. Una ecuación que busca otorgar especial protección a los sectores históricamente postergados mediante la consagración de los denominados derechos sociales.
A fin de cuentas, la Convención Constitucional constituye una experiencia singular, profundamente democrática, que mostró el poder político de un pueblo, sus aspiraciones y sus sueños.
Su texto es el resultado de una potencia constituyente acumulada históricamente que, si bien hoy se encuentra en reposo, tarde o temprano volverá a desplegar su fuerza.
No es posible reconstruir una izquierda que niegue este proceso y su propuesta, plagada de avances civilizatorios. En el horizonte de toda lucha transformadora, esta experiencia política debe permanecer presente como memoria, como aprendizaje y, sobre todo, como posibilidad.
La experiencia de la Convención Constitucional nos lega un horizonte hacia el cual, hoy, frente al resurgimiento de la extrema derecha, no podemos simplemente volver la espalda. El resultado plebiscitario de su propuesta no puede significar el abandono de las aspiraciones que la hicieron posible ni de las preguntas y quehaceres que esta abrió.
La ruta inaugurada por la Convención sigue siendo una alternativa que está por sobre la coyuntura electoral, una ruta que tarde o temprano volveremos a transitar, nosotras y nosotros, el pueblo de Chile…
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.


