lunes, junio 24, 2024

Crítica Literaria| La justicia ciega…e insensible

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Efectos secundarios. Larissa Contreras. Santiago: Noctámbula, 2022, 153 páginas.

El año 2016 dos funcionarias públicas del Servicio Nacional de Menores, fueron sentenciadas a cinco y cuatro años por apremios ilegítimos con resultado de muerte en contra de la menor Lissette V. El resultado: ambas cumplieron la pena con el beneficio de libertad vigilada.

Este macabro suceso es el que da lugar a Efectos secundarios de Larissa Contreras. Una novela perturbadora porque la autora utiliza un inesperado estilo tragicómico.

La narración está a cargo de la voz de uno de los asesores de la jueza Carmen Gloria Espíndola, magistrada de un tribunal de familia. Este asesor tiene un problema de diseño que podría restarle verosimilitud: es un personaje, es decir con un punto de vista limitado, pero conoce tal cantidad de cosas que da para pensar que es omnisciente.

El relato se inicia con la muerte de Catalina Navarrete de once años al interior de un centro de acogida de menores, al cual la novela denomina SERNAM. En primera instancia, se afirmó que su muerte se debía a un paro cardiorrespiratorio. De ahí en adelante, la historia seguirá de cerca la experiencia íntima de la magistrada que determinó la internación de la niña.

Espíndola es abordada en sus reflexiones culposas. Rápidamente la jueza advierte su enorme responsabilidad, pide una licencia laboral por crisis de pánico y se encierra en su hogar a mascullar su culpa y delirar con las visiones del fantasma de la niña muerta: “La jueza imaginó a la pequeña gritando, chillando contenida por las tías, suplicando por su madre. La imaginó azotando su mejilla contra el suelo, ensangrentada, boca abajo, pataleando, ahogándose con el contenido de su vómito: una carbonada tal vez, o un charquicán grasiento. Todo el culo del Estado aplastando a la criatura. Mami, mamita, te hice un dibujito, te amo, mamita, llévame a mi casa, quiero dormir contigo en tu camita, gritaba la Cata deformándose, desvaneciéndose fruto de los fármacos que ya empezaban a surtir su efecto”.

Uno de los pocos vínculos con el fuera es el abogado Cifuentes, amante de la jueza, caracterizado, al igual que ella, como un perfecto representante del corrupto y miserable aparato público. A las mínimas visitas que la magistrada recibe en su hogar, se suma “la loca Pinto”, una periodista que investiga el caso. Ella actuará como un medio para buscar la anhelada expiación y así tratar de aminorar la enorme responsabilidad que Espíndola se atribuye.

Resulta muy difícil abordar una temática tan escabrosa como la muerte de una niña con un enfoque irónico, más aun cuando la protagonista, la jueza,  es derechamente un personaje cómico, a lo que hay que sumar la compleja figura del narrador. La apuesta de la autora podría haber dado como resultado que toda la novela se desplomara. Pero esto no ocurre, ya que lo bufonesco de este personaje contribuye a enfatizar un contexto que en su degradación ha llegado a ser carnavalesco. Es decir, en este libro el humor y la ironía hacen daño, porque solo pueden provocar una mueca de repulsión frente a una justicia a tal grado insensible que la muerte de una niña se investigó y sancionó como un asunto menor.

En todo caso, la autora con su prosa es veloz, afilada y sin ambages, manifiesta un sentido de la ironía inigualable. No pierde ocasión de burlarse con crueldad de la decadencia en que viven todos los personajes del volumen, que termina siendo una violenta y desesperada denuncia en contra del trato a la infancia carenciada.

Se agradece que Contreras elabore una narrativa situada, pegada a un acontecimiento más que real, hiperreal: la situación de los y las menores internados en los denominados malamente “hogares” del Estado por parte de un sistema indolente. Y no cualquier menor, sino los más pobres, los más precarizados, sometidos a la violencia y abandono familiar y estatal. Efectos secundarios es un muy buen ejemplo de que el humor puede ser una terrible arma de denuncia.

Patricia Espinosa
Patricia Espinosa
Patricia Espinosa, académica y crítica literaria.

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