Opinión

Daniel Matamala y los opinólogos sin opinión

Carlos Peña no es únicamente el gran “líder de opinión” al que leen ciertas elites. Hay incluso personajes menos preparados que el destacado columnista; personajes que tienden a elaborar con menos petulancia académica y sin embargo se han transformado en algo así como “la verdad dominical”. El principal es Daniel Matamala, periodista de noticiero, y con un bagaje intelectual bastante menor que el del mandamás de la UDP.

Es tanta la desesperación por buscar certezas de la sociedad actual, que no sólo es la gente común la que corre de un lado a otro para saber qué es lo que está o no correcto. También el mundillo de las redes sociales persigue una respuesta, una palabra que calme sus inseguridades respecto a tal o cuál tema. Los que en algún momento se llamaron “influyentes” en estas plataformas, siempre esperan que haya un columnista de algún diario, alguna personalidad pública que les cuente qué es lo definitivo, qué es lo que hay que pensar y qué no, para ellos esparcirlo en sus aplicaciones.

Ciertas elites a veces de derecha, otras de centro y hasta de izquierda, recurren al rector de la Universidad Diego Portales y columnista de El Mercurio para fundamentar sus opiniones. Quienes escuchamos y vemos programas de política somos testigos de cómo Carlos Peña es citado una y otra vez por paneles de actualidad.

Se hace con cierto tono ceremonioso, como si se estuviera escuchando lo concluyente, lo resolutorio, lo irrebatible sobre algún tema en particular. Pasó con el Estallido social. De pronto, la simplificación intelectualizada de Peña del sujeto político construido en lo que él llama “modernización capitalista” (sujeto bastante menos aproblemado que el ciudadano promedio de Chile) se convirtió  para algunos en un consenso. La explosión social tenía su explicación en las columnas del Rector.

Pero no es sólo él. Peña no es únicamente el gran “líder de opinión” al que leen ciertas elites. Hay incluso personajes menos preparados que el destacado columnista; personajes que tienden a elaborar con menos petulancia académica y sin embargo se han transformado en algo así como “la verdad dominical”. El principal es Daniel Matamala, periodista de noticiero, y con un bagaje intelectual bastante menor que el del mandamás de la UDP.

El rostro televisivo, que parece apuntar a un público menos variado que Peña al satisfacer por lo general sólo a cierto mundo “progre”, (sería bueno preguntarse qué es ser eso en Chile) no plantea grandes problemas intelectuales, ni menos recurre a grandes citas. Al contrario, tiene la gracia de que es más fácil de leer y explica con más simpleza ciertos hechos noticiosos. Su mirada no tiene ningún vuelo literario y sus textos parecen manuales de  corrección con “lo que hay que hacer” dentro de una sociedad liberal.

El ejemplo más claro de esto es la respuesta a la provocación hecha por el sociólogo Alberto Mayol al cuestionar la visita del artista internacional Peso Pluma al Festival de Viña. En vez de cuestionar la premisa que sustentaba lo planteado por Mayol, o tratar de al menos complejizar más aún el debate sobre el narco y sus expresiones musicales, Matamala dijo que no se solucionaba nada censurado a un artista, y que lo que debía hacerse para combatir el narco tenía más bien que ver con políticas públicas y comenzó a dar un listado de supermercado de medidas que, a su entender, deben combatir ese problema. O sea, convirtió un debate intelectual, bueno o malo, en un asunto de noticiero, en un editorial de CNN Chile, canal en el que trabajó.

Como era de esperar, para muchos se transformó en “la palabra final”. No había nada que discutirle porque, en el fondo, estaba en lo cierto. Pero la pregunta es si la opinión en los medios se ha reducido a un debate sobre quién tiene la “razón definitiva”. Si de verdad podemos decir que en Chile, país que tiene una tradición de grandes cronistas y columnistas durante siglos pasados, el raciocinio intelectual debe remitirse a una especie de lista de excel disfrazada de texto periodístico. Al parecer sí.

Hoy la actualidad está tomada por hombres serios sin mayor desparpajo; sujetos correctos que no provocan a nadie y que le hablan a una feligresía para ser aplaudidos por ésta, y ojalá no provocarla.

En vez de usar el espacio periodístico para diferenciarse de las notas de prensa, la opinología nacional cada día más está tratando de no ser una opinión, de negar al sujeto que está tras el papel y convertirlo en una persona sin ideas, sin posición política y ojalá lo más “neutral posible”, desarmando por completo la individualidad que, aunque a veces no se note, debería permear al texto.

Todos andan desesperados por encontrar la verdad, la respuesta definitiva a las preguntas semanales. Nadie anda con ganas de discutir por discutir o de meterse en enredos y provocar al otro. Al contrario, toda provocación debe ser zanjada los días domingos para así terminar y pasar a otro tema que el siguiente domingo también será zanjada por los opinólogos sin opinión.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Francisco Méndez
Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.
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