La verdadera banalización del mal está en la televisión

Pasarle un micrófono a cualquiera y permitirle hacer un revisionismo histórico sin contrapeso, banalizar a tal punto el exterminio, la tortura, la violencia sistemática como política de estado, el total quiebre de la democracia de una nación, que hasta hoy tiene consecuencias en nuestra sociedad, no es libertad de expresión, es irresponsabilidad social.

Soy un viejo / que no quiere saber / nada de nada. Encenderé la televisión. / Compraré un diario (Pablo Padilla).

Se acabó septiembre y si hay algo que nos dejó como lección este mes en que conmemoramos 50 años de la historia más triste que ha vivido este país, es que la lucha por mantener el respeto irrestricto por los DDHH nunca debe terminar.

Las voces revisionistas y negacionistas se alzaron fuerte, tratando de cambiar un relato histórico y relativizando el bombardeo a La Moneda, la muerte de compatriotas, la imagen del fuego saliendo por las ventanas del palacio de gobierno.

Durante esos días previos al 11 y hasta estas últimas semanas, se estrenaron y reestrenaron exposiciones, obras de teatro, películas y series; se lanzaron reportajes, documentales, canciones y libros.

La cultura hizo la pega, propiciando el debate y la reflexión que el país debe hacer para que el NUNCA MÁS sea real y la reconciliación que tanto pregonan algunos, llegue por fin sobre la base de la verdad, justicia y garantías de no repetición.

Pero esto será imposible mientras permitamos tal nivel de banalidad en algunos medios de comunicación, los más masivos, como la televisión.

Estaba revisando X (antes Twitter), cuando me encontré con un programa que tiene La Red. Desconozco horario y prácticamente a todo el panel. Tampoco me interesa.

Lo que sí me importa decir es que ver tal nivel de banalización del mal es muy violento.

La escena comienza con una música entre alegre e infantil, que anunciaba lo que venía: comentar una colección de Funko Pop, lanzada para “celebrar” el golpe de estado, transformando en uno de estos famosos muñecos de colección a los cuatro miembros de la Junta Militar, que lideró una de las más sangrientas dictaduras militares de nuestro continente.

El tono era el mismo que se usaría si estuviesen hablando de una colección basada en una película o una teleserie de moda, con comentarios contrarios a quienes se escandalizaron, desde otros medios de comunicación, a parlamentarios.

Sé que es un programa de magazine y no se trata de ponerse graves. Pero emitir comentarios tan livianos, es una falta de respeto para tantas personas que aún no pueden enterrar a los suyos.

Un medio de comunicación masivo tiene el deber de actuar éticamente y no puede darse el lujo de decir que una colección de Funko Pops sobre la golpista Junta Militar “no tiene nada de malo”, “son solo juguetes”, “es un monito”, “una mirada disidente”, “algo simpático, que no le hace daño a nadie”, “hay personas que quieren imponer y si no te gustan los Funkos, pasa de largo” y, lo peor, “este es un problema de la libertad de expresión. Hay gente que usa poleras del Ché Guevara y era un asesino de homosexuales”.

Sin entrar en la caricaturización de la figura del Ché, diré que este NO es un problema de libertad de expresión.

La libertad de expresión es un valor que se defiende. Pero la libertad de expresión para un medio de comunicación debe estar sobre la base de la ética y la responsabilidad en informar.

Pasarle un micrófono a cualquiera y permitirle hacer un revisionismo histórico sin contrapeso, banalizar a tal punto el exterminio, la tortura, la violencia sistemática como política de estado, el total quiebre de la democracia de una nación, que hasta hoy tiene consecuencias en nuestra sociedad, no es libertad de expresión, es irresponsabilidad social.

He leído muchas críticas a la película de Pablo Larraín, El Conde, por la banalización de la figura de Pinochet, pero la verdadera banalización está a diario en televisión.

Este ejemplo es un extremo de ignorancia, revisionismo y desdén al dolor de un país, sin embargo, algunos personajes que están a diario pontificando desde un púlpito sin saber de políticas públicas o del funcionamiento de la estructura estatal, desinformando y aportando poco y nada a esa reconciliación nacional que supuestamente tanto buscan, hacen lo suyo los 365 días del año.

Gracias septiembre por recordarnos que la banalización del mal es un verdadero enemigo poderoso del que nos debemos defender quienes queremos una sociedad más amorosa para todas y todos.

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