Una derecha en la que pelean por quién es más pinochetista
FOTO: VICTOR HUENANTE / AGENCIAUNO
Hace unos días la candidata Evelyn Matthei dijo en una entrevista a Radio Agricultura-cómo no- que el golpe de Estado y todas sus consecuencias eran inevitables. Es decir, que todo lo que vino después del quiebre democrático de 1973 era algo que iba a suceder sí o sí, debido a la manera en que actuó el gobierno de la Unidad Popular.
Como era de esperar, esto provocó críticas y espanto en el mundo de la izquierda y la centroizquierda, mientras que en la derecha, al contrario de años anteriores, encendió un debate sobre quién es más pinochetista, al extremo de que Johannes Kaiser y José Antonio Kast criticaron que la exalcaldesa no se haya manifestado antes al respecto.
Ya no hay intentos de alejarse de la figura del dictador como pasó durante el piñerismo, época en que un personaje como Andrés Chadwick decía ante las cámaras que no sabía lo que todo el mundo sabía que había pasado en dictadura; en cambio, ahora hay más bien hay una batalla por quién defiende o relativiza con más fuerza la acción militar que terminó con el régimen democrático desarrollado bajo los márgenes de la Constitución de 1925.
Esto puede sonar lógico para quienes ven en la derecha al sector que aplaudió y respaldó fervientemente a Pinochet hasta que se descubrieron sus abultadas arcas bajo nombres falsos, pero lo cierto es que hay algo que se rompió hace ya un rato y que vale la pena analizarlo, o al menos intentarlo.
Independientemente de los énfasis o la forma en que se hablaba o se evitaba el tema, durante años haber apoyado a la dictadura de Pinochet no era, como hoy, una choreza, sino más bien algo cercano a la vergüenza. Es más, en estos 35 años de democracia chilena, el único candidato de derecha que pudo salir electo-y en dos ocasiones- fue Sebastián Piñera, quien, a pesar de su apego irrestricto a la religión economicista establecida a fines de los setenta, en materia política siempre dijo abrazar la democracia, y cada vez que pudo nos contó que había votado por el NO como si fuera una credencial moral que lo distinguía del resto de su coalición.
En esta campaña que empieza, eso no pasa. Pareciera que el antagonismo dictadura versus democracia ya no hace sentido. En días en que la tiranía de la seguridad se toma todo tipo de discusión y desarma cualquier afirmación medianamente compleja, hablar del respeto a ciertos límites que establece el estado de Derecho es poco popular y nada de sexy, porque muchos, si es que se pudiera, sacrificarían esos valores con tal de someterse al discurseo fácil de la “mano dura”.
Esto último, digámoslo, es bastante curioso debido a que quienes se han apropiado del relato antidelincuencia dicen defender las “ideas de la libertad” y, sin embargo, promueven todo aquello que atenta contra la democracia liberal.
¿Qué hacer? ¿Cómo despinochetizar el ambiente político? ¿Cómo lograr que no se vea a la dictadura con añoranza y, por ende, como una posibilidad a futuro? Pero, sobre todo, y más importante aún, ¿cómo lograr que hablar de pinochetismo no sea una “opinión política” y, en cambio, vuelva a ser- si es que alguna vez lo fue realmente- todo lo que no hay que hacer cuando una democracia no es capaz de solucionar sus crisis? Es complejo. Más aún en días en que cualquier consenso normativo de esa especie es mirado con desdén, y en que parece que la derecha ya no intenta ni siquiera parecerse a la Concertación, como alguna vez quiso.
¿Será solo un asunto electoral? Si es así, estamos bastante mal si es que hay que recurrir a Pinochet para ganar cualquier tipo de elección. ¿Seguirá inamovible esa tradición de que ningún candidato que haya apoyado el Sí o lo defienda hoy salga electo presidente de Chile? Veremos.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



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