Respuesta a columna de Stingo: ¿Quién le hace el juego a las élites políticas y empresariales?
Foto :Agencia Uno
Esta reflexión, más allá de la figura de Stingo, representa un planteamiento común desde la militancia de partidos políticos y de quienes son patrocinados para ocupar un lugar en sus listas, pero contiene algunas falacias y enfoques políticos distintos.
Daniel Stingo en una columna titulada “’Hacerle el juego’ a la derecha: todos contra los partidos” se pregunta si es una buena medida patrocinar a “independientes”, para luego afirmar que “la idea es castigar a los partidos políticos, responsables de no terminar con la constitución de Pinochet y responsables de este sistema injusto, desigual y abusivo”. Luego acusa de “poco realismo” y señala que “todos esos votos que irán a las docenas de independientes se perderán y la derecha quedará completamente sobre representada”. Finalmente, acusa que “nos estamos disparando en los pies” y que más allá de las críticas a los partidos políticos, “también podemos ser cómplices del desastre”.
Esta reflexión, más allá de la figura de Stingo, representa un planteamiento común desde la militancia de partidos políticos y de quienes son patrocinados para ocupar un lugar en sus listas, pero contiene algunas falacias y enfoques políticos distintos.
La independencia para efectos de las elecciones constituyentes tiene una definición legal: corresponde a todas aquellas personas que no están afiliadas a un partido político legalizado. Nada más ni nada menos. Ni virtuosos ni demonios. Buscar una ontología o axiología del “independiente” parece infructuoso en el debate actual. Como diría el Pepe Mujica hay independientes buenos e independientes pelotudos. Lo mismo ocurre con los afiliados.
Aun así, es fuerte el sentir popular para echar al mismo saco a todos los partidos políticos considerando a sus militantes como los “mismos de siempre” y como parte de la élite política y empresarial de nuestro país. Y al menos es evidente ese sentir popular en el caso de los partidos políticos de Chile Vamos y Unidad Constituyente (a.k.a. Concertación). Menos justificable es ese sentimiento con el Partido Comunista y RD, que sólo gobernaron 4 años de neoliberalismo y con el resto del Frente Amplio, quienes se sumaron a la gobernanza del Partido del Orden después del Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución. Es injusto atribuir igual grado de responsabilidad, pero es entendible. Eso sí, es tarea de los propios afiliados a un partido político demostrar que no son lo mismo.
Por lo anterior, sorprende de Stingo, quien señala buscar el castigo de los partidos políticos responsables de no terminar con la constitución de Pinochet, su firma en una declaración el 21 de diciembre llamando a la unidad de la Oposición sin exclusiones, desde la Democracia Cristiana al Frente Amplio, en la cual también firman los presidentes del PPD, PR y PS, responsables de la administración del Estado durante los últimos 30 años. Parece que su concepto de derecha es insuficiente.
Es legítimo que sospeche de los independientes, pero debiese tener claro que sobre los afiliados a partidos de la Concertación no hay sospechas, porque su actuar está comprobado en favor del sistema injusto, desigual y abusivo. Su “todos contra la derecha” olvida que hay una derecha que no se dice de derecha, pero actúa de igual forma.
En este sentido hablar de “derecha” e “izquierda” en el debate constituyente pierde relevancia. No porque no existan diferencias, sino porque los conceptos están tan deslavados y manoseados, que da igual una autodenominación por un lado o por el otro (incluyendo el prefijo “centro”) y resulta una pérdida de tiempo explicar “quien es la verdadera izquierda” y quienes no. Pareciera ser más útil hablar de intereses de clase, programa y táctica de lucha.
Finalmente, la columna de Stingo tiene una falacia y una omisión dolosa. Falacia es acusar que los votos a los independientes se perderán, pues varias y varios de ellos tienen muchas posibilidades salir electos, en particular, aquellas/os que van en listas de independientes del movimiento social, omisión dolosa que realiza Stingo en su columna.
Ante eso, creo que las siguientes preguntas puedan ayudarnos a ordenar el debate y conocer de qué se trata la candidatura que quiere o podría llegar a apoyar, sea independiente o esté afiliado a un partido político legal:
- ¿Qué hacía su candidate antes del 18 de octubre?
Esto puede dar cuenta de quienes se han dedicado a administrar el legado de la dictadura y quienes han protagonizado las luchas contra este sistema injusto. También puede ayudar a identificar a los aparecidos.
- ¿Qué hizo su candidate durante la Rebelión Popular?
Esto, puede dar cuenta de quienes contribuyeron a dar una válvula de escape al Gobierno, sin ninguna conquista económica ni social, a través del Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución y que trajo también una agenda represiva que tiene hasta el día de hoy a decenas de jóvenes encarcelados por luchar. Al mismo tiempo, revelará a quienes fueron parte activa de la Rebelión Popular y que hasta el día de hoy siguen luchando.
- ¿Qué plantea su candidate y su lista para la Convención Constitucional?
El programa es esencial para saber qué piensa su candidate y cuáles son sus propuestas para la convención constitucional. Está de moda declararse antineoliberal aunque la mayoría de las alusiones solo hacen referencia a garantizar derechos sociales. Ser antineoliberal debiese, a lo menos, significar recuperar el control estatal poniendo fin a concesiones y privatizaciones de servicios públicos y estratégicos como el agua, electricidad, gas, puertos, telecomunicaciones, entre otros; fin a las concesiones mineras (cobre y litio); rol activo del Estado en la economía, incluyendo actividad empresarial y planificación, abandonando carácter subsidiario; desmercantilizar y garantizar derechos sociales y fin al sistema de AFP. Sin esas medidas no se puede hablar de ser antineoliberal.
- ¿Cuánto está dispuesto a ser su candidate y su lista para hacer posible que se materialicen esas propuestas programáticas en la Nueva Constitución?
Del dicho al hecho hay un largo trecho. No basta con decir, sino que hay que estar dispuesto a hacer, sobre todo considerando que en la Convención Constitucional lo más probable es que los sectores neoliberales (de derecha y de la Concertación), al tener más de un tercio, no querrán romper con la herencia de la dictadura y ya conocemos la experiencia de los sectores donde participa Stingo de hacer política en la medida de lo posible.
Para ello, es importante saber si se impulsará un plan de lucha que trascienda las negociaciones entre constituyentes, desbordando el proceso institucional a través de la movilización popular, eliminando fácticamente el quórum de dos tercios (v.gr. imponiendo el plebiscito intermedio u otro mecanismo que permita ese objetivo) o se dedicarán a defender el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución para cumplir con la palabra empeñada.
Tener claridades sobre las preguntas anteriores parece fundamental para construir un grado de unidad, porque de acuerdos “en la medida posible” han demostrado que sólo nos llevan a perpetuar este sistema injusto, desigual y abusivo. Asimismo, podemos bajar la angustia sobre las elecciones del 11 de abril, pues si hemos aprendido algo a partir de la Rebelión Popular, es que las posibilidades de victoria no están en el número de escaños que se tengan sino en la fuerza de nuestra organización y lucha.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



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