Opinión

Por qué Carlos Gajardo no debería ser Fiscal Nacional

Hace días ha comenzado una campaña en redes para que el ex fiscal Carlos Gajardo, pieza importante en el juicio en contra de las empresas Penta, encabece la Fiscalía Nacional. Y a propósito, parece sumamente relevante preguntarse por qué no debería hacerlo, más allá de su disponibilidad, los votos a su favor en el Congreso, o si tiene o no inhabilidad.

En días en que todo es euforia en redes sociales, y quienes creen tener la razón de algo lo gritan sin reparar en que está haciendo lo mismo que criticaría en el otro, es importante poner la pelota en el suelo, como dirían en jerga futbolística.

Sucede que hace días ha comenzado una campaña en redes para que el ex fiscal Carlos Gajardo, pieza importante en el juicio en contra de las empresas Penta, encabece la Fiscalía Nacional. Y a propósito, parece sumamente relevante preguntarse por qué no debería hacerlo, más allá de su disponibilidad, los votos a su favor en el Congreso, o si tiene o no inhabilidad. Más aún en momentos en los que para algunos las virtudes personales o la participación en ciertos hitos históricos están por sobre el conflicto de interés, aquel que observan en el otro y no así en los propios. Suponiendo, claro está, que Gajardo sea de izquierda, lo que no es tan claro.

Lo que sí es claro, y es el meollo del asunto y de la discusión, es que el ex funcionario público apoyó al Presidente en ejercicio en la segunda vuelta presidencial, no sólo apareciendo en franja, sino también acompañando al entonces candidato Gabriel Boric a un debate. Por lo tanto, la pregunta es si con eso, más allá de sus rasgos personales (o al menos de los que conocemos públicamente) se puede pretender siquiera aspirar a un cargo de tales características, tomando en cuenta todo lo que hay en juego.

Es cierto, no hay tal inhabilidad legal, pero sí debería existir una ética personal no sólo de parte del personaje, sino también de quienes lo aplauden por “limpiar” y “perseguir a los corruptos”, sin tomar en consideración el conflicto de interés, más allá de si tiene o no relaciones formales con el gobierno desde la campaña presidencial. Es algo que está ahí, subyacente, y será, además, si es que queremos hablar de estrategia política, una manera de inhabilitar políticamente toda su gestión.

Pero de eso quienes de manera justa critican la gestión de Abbott, no se dan por enterados. Y pareciera que la razón es porque en cierta izquierda se olvidó la mirada sistémica y los antagonismos, hoy, en el siglo XXI, se redujeron a algo de buenos y malos. Y, por lo mismo, los buenos tendrían algo así como un mandato divino para hacer cualquier cosa.

Esta idea de la pureza del perseguidor, como si estuviera por sobre cualquier conflicto, sobre cualquier malinterpretación por haber estado del lado correcto, es lo que está matando el raciocinio político. Si Abbott fue puesto en su cargo por curiosas y misteriosas negociaciones políticas, no se entiende que la respuesta sea querer que otra persona que pareciera representar todo lo contrario, a un extremo casi caricaturesco, pueda darse licencias para hacer ciertas cosas por su “pureza histórica”.

Eso es militar en una iglesia, no ser ciudadano en una democracia que espera ir adquiriendo ciertos grados de madurez.

Esto lo escribo con profunda desesperación por el nivel intelectual de algunos de quienes dicen estar del lado de la justicia, de los “buenos”, y que simplifican lo complejo para verse del lado correcto, levantando a personajes no por su trabajo, sino por la parte que a ellos les gusta de su trabajo.

El hecho de que algunos tengan ciertos privilegios por sus roces sociales, y estén metidos en evidentes conflictos de interés, como es el caso de Abbott, no hace que los otros, que los que dicen venir del mundo de la mencionada “pureza histórica”, no deban atenerse a cierta sobriedad institucional. Y, al parecer, eso Gajardo lo entiende. Los que no lo entienden son los que andan de justos por la vida para congraciarse con ellos mismos.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Francisco Méndez
Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.
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1 comentario

  1. Debemos tener presente que Gajardo es lobbysta de los especuladores inmobiliarios quienes, violando el DL 3.516 y el propio artículo 55° de la LGUC, pretenden que no tenga validez la circular 475 del SAG que regula las parcelaciones de agrado en territorios rurales del país.

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