Oscar Landerretche y la fascinación de cierto concertacionismo por El Mercurio
Landerretche quiere, como muchos otros a su alrededor, pegarle al Gobierno, y no está mal que lo haga si quiere. En eso consiste la pelea constante por instalar ideas, formas de concebir la realidad y la economía. Y además, particularmente en este caso, existe una lucha intergeneracional, tal vez incluso más que ideológica, que tiene como escenario medios de derecha que están felices de alimentarlas.
Existe algo de placer en cierto mundo concertacionista al salir en las páginas de El Mercurio; es como si se sintieran legitimados socialmente y estuvieran del lado del orden y de la sensatez al tirar cada cierto tiempo una u otra frase que se lea y escuche bien, y así crear una pequeña polémica en el mundo al que se cree pertenecer, o se perteneció; o un aplauso de parte de quienes antes fueron sus adversarios.
Los lectores del que alguna vez fue llamado el Decano de los medios nacionales, se encantan cuando quienes estuvieron en la vereda contraria durante el antagonismo entre la derecha y la Concertación, hoy dicen cosas que les hacen sentido. Señalan -lo he escuchado- que no eran tan terribles los años de la mal llamada socialdemocracia, y que sus integrantes sí sabían cómo era esto de gobernar y todos esos lugares comunes a los que algunos se han ido adhiriendo.
Es cierto, la gestión del conglomerado de centroizquierda más duradero de la historia de Chile escapa a todo tipo de malos clichés o propaganda ideológica, principalmente porque en la complejidad, como todo periodo de la historia, se encuentran más claves que en los simples juicios al respecto. Sin embargo, no por ello hay que apresurarse a creer que se hizo todo lo que se pudo y, por ende, hoy puede decirse todo lo que se quiere.
Ciertos personajes menores de la generación intermedia del llamado socialismo democrático, hacen esto en las páginas del mencionado medio. En esta oportunidad es Oscar Landerretche, destacado economista del Partido Socialista y ex presidente del directorio de Codelco, quien aparece en una extensa entrevista dando su parecer.
Como si estuviera dando lecciones al gobierno en ejercicio, Landerretche dice lo que hay o no que hacer en materia política y económica. En algunos temas, hay que decirlo, tiene razón, como por ejemplo al poner énfasis en solucionar problemas inmediatos importantes, que no se solucionaron durante el gobierno de Sebastián Piñera, como las carpas en el centro de Santiago que repletan las calles. En otros, como en el de la reforma de pensiones, a mí parecer, se aventura a hacer juicios sobre la cuenta nocional que pueden ser malinterpretados.
Pero en política las formas son más que el contenido. Quien quiera quedarse únicamente con las fórmulas que da el académico, entiende poco por qué muchas veces la plataforma que se elige para hacer este tipo de críticas tiene más peso que lo que dicen.
Landerretche quiere, como muchos otros a su alrededor, pegarle al Gobierno, y no está mal que lo haga si quiere. En eso consiste la pelea constante por instalar ideas, formas de concebir la realidad y la economía. Y además, particularmente en este caso, existe una lucha intergeneracional, tal vez incluso más que ideológica, que tiene como escenario medios de derecha que están felices de alimentarlas.
El Mercurio ha logrado durante su trayectoria, independientemente de que su venta comercial haya decaído con los años, entender como nadie el espíritu aspiracional incrustado en todo chileno, elite o no elite, sin importar su color político. Sabe que la marca es más que cualquier otra cosa, y que para algunos, como el mismo Landerretche, dar entrevistas en este medio es mejor que cualquier título o logro profesional.
Ser parte de las páginas mercuriales es un alimento para el ego. Poder decir lo que hace mucho se quiso decir, adquiere aún más placer cuando se hace rodeado de todo ese aura señorial, casi británico, de seriedad impostada que logra que quien da declaraciones se sienta arriba de un podio, de un lugar en el que la palabra dicha sea casi ley. Aunque, obviamente, esto no adquiera relevancia más allá de un grupo de poder que se retroalimenta de lo que dicen los mismos de su especie.
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