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Opinión

La saliva de Piñera: Sobre la desesperación del “pegamento” en la política chilena

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“La ideología interpela a los individuos en cuanto sujetos.”

 Louis Althusser

La saliva de Piñera funciona como la imagen de una hegemonía agotada que ni siquiera la saliva –ese recurso primario del chileno- puede enmendar. No hay retorno, no hay vuelta atrás, el triunfo de Piñera para su segundo período fue finalmente su fracaso. Pero con él, terminó todo un orden que mantenía pegados las palabras a las cosas, donde el término gobernabilidad designaba tranquilidad de los poderosos, donde la democracia era simplemente el momento del “fin de la historia” y donde la justicia solo podía consolarse con ser “en la medida de lo posible”.


1.- El presidente Piñera –ese muerto caminando por La Moneda- siempre nos provee de imágenes arruinadas. La foto en soledad tomada en Plaza Dignidad el año pasado o la reciente escena en la que el mandatario fue a votar y, complicado con la cantidad de papeletas, terminó pegando el voto con la saliva y no con el sticker que ofrecía el SERVEL. Como la escena en Plaza Dignidad, también, el uso de la saliva como último recurso destinado a pegar lo que no pegaba de otra forma, condensa la magnitud de la transmutación sobrevenida: los viejos dispositivos, prácticas y discursos, simplemente ya no pegan. Ni siquiera con saliva; último recurso en tiempos de COVID19 en los que nada pega, pero todo contagia: a mayor pegoteo, mayor proliferación de contagio, a mayor intento hegemónico mayor contestación de la protesta. Así, la saliva de Piñera funciona como la imagen de una hegemonía agotada que ni siquiera la saliva –ese recurso primario del chileno- puede enmendar. No hay retorno, no hay vuelta atrás, el triunfo de Piñera para su segundo período fue finalmente su fracaso. Pero con él, terminó todo un orden que mantenía pegados las palabras a las cosas, donde el término gobernabilidad designaba tranquilidad de los poderosos, donde la democracia era simplemente el momento del “fin de la historia” y donde la justicia solo podía consolarse con ser “en la medida de lo posible”. Todo estaba pegado o, como decían los transitólogos en su jerga habitual, estaba “consolidado” y Chile se erigía como “modelo”.

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Piñera ganó la elección en 2017 pensando que aún podía vivir en ese mundo, aunque sabiendo que requería de un plus técnico, de una cuota de enmiendas que catalizaran enteramente las fuerzas del capital. A eso Piñera le llamó “segunda transición”. Pero la historia sonreía hacia otros lados y desde el año 2011 la irrupción del movimiento estudiantil implicó una abertura crucial con que se había articulado la transición política. Desde ese momento hasta la desgarbada ida a votar por parte de un presidente complicado con las papeletas –¡quería gobernar y no sabe gestionar las papeletas!- que las termina pegando con saliva, se juega el proceso de radical destitución de la hegemonía neoliberal y su ideología. Esta última no puede restituirse ni siquiera con la saliva del presidente.

2.- Si el problema reside en la imposibilidad de sutura por parte del poder, es decir, en la destitución radical de su hegemonía, también los partidos políticos de la ex Concertación que hoy han adoptado un nombre del que nadie recuerda (Unidad Constituyente) expresaron durante la tarde del día siguiente a las elecciones del 14 y 15 de Mayo del 2021, el abismo que terminó por bajar varias candidaturas sin siquiera haber ido a primarias. No pudieron mantenerse en pie, no pudieron siquiera ir a primarias –por las razones que fueran, por el veto de da lo mismo quien. Y, al igual que Piñera, terminaron mirando hacia el Congreso Nacional (Provoste) para aferrarse e impedir que la historia los terminara por absorber. Como si se reeditara el affaire Piñera del 15 de Noviembre ahora en las facciones progresistas, cuando el Congreso Nacional proveyó del salvataje necesario al agrietado Presidente. Incluso el Partido Socialista estuvo a punto de abandonar la corrupta historia de los últimos 30 años y abrazar la posibilidad de un nuevo gobierno popular.

Pero el avance le podría haber costado la vida a su candidata: inmediatamente se encendieron las alarmas y la denuncia de “veto” por parte del Frente Amplio y el Partido Comunista la ubicaron en la posición de víctima denunciando la “deshonestidad”. No importa aquí qué fue lo que ocurrió. Mas, resulta absolutamente relevante atender cómo la denuncia de “deshonestidad” y la posterior reivindicación de un “feminismo” o, en último término, del nombre de Allende que solo parecía estar ubicado en una coalición, y en una candidata –no en otros, ni en movimientos- se complementaba con los dichos de Elizalde y Escalona reivindicando al “Partido de Salvador Allende” en contra del Partido Comunista.

Todo el escándalo urdido desde la prensa oligárquica (El Mercurio, La Tercera), destinado a pegar lo que ya no se puede pegar, a cohesionar a una coalición y a un partido, frente a un enemigo externo (el FA-PC) puede leerse como la patética versión “progresista” de la “saliva” de Piñera: a mayor manierismo en su denuncia contra el “otro” externo, mas profundiza su naufragio. Las palabras no pegan: ni el significante “feminismo”, ni “Allende”, venidos de un lugar de enunciación siniestrado, logran producir algún efecto sugestivo, alguna mínima forma de hegemonía. Las palabras no se adhieren a las cosas que designan, es decir, los partidos que las enuncian se vuelven incapaces de construir orden y hegemonía. A mayor acusación de “patriarcado”, “deshonestidad” o de pronunciar el “nombre de Allende en vano” – al modo de blasfemia- de parte de Apruebo Dignidad, mayor se hunden en el fango del que no pueden salir. Unidad Constituyente pega para pegar lo que no se puede pegar: “pega” a la izquierda para “pegar” (cohesionar) lo que “no se puede pegar” (el quiebre hegemónico) porque entre otras cosas, su electorado multiforme que por algunos años votó Concertación hoy se ha desplazado (por desencanto y recambio generacional) y en gran parte está votando –si es que está votando- por las izquierdas. Y entonces “Unidad Constituyente” deviene la verdadera “lechuga hidropónica” (Juan Pablo Luna dixit).

3.- Todo se ha despegado. La “saliva” de Piñera o la acusación de “deshonestidad” por parte Narváez no hace más que agudizar la imposibilidad de hegemonía y de restituir la subjetividad transicional. El hecho de que las elecciones del 14 y 15 de Mayo fueron decisivas no solo por la estrepitosa derrota de la oligarquía hacendal y su mayordomía transicional, sino por el triunfo que, codo a codo, lucha tras lucha, ganó el partido octubrista; un partido sin pretensiones hegemónicas ni liderazgos pastorales, exento de vanguardia y sin embargo radical en la intensidad de su imaginación popular. El partido octubrista tiene un carácter expresivo antes que representativo; se interpone en cada práctica o discurso emitidos por cualquiera de las dos facciones del partido neoliberal: sean sus oligarcas o sus mayordomos. Justamente el partido neoliberal quedó destituido, porque el poder y el capital, la democracia y el mercado acusan recibo de una disyunción radical que ninguna “saliva” orientada a acusar a otros para cohesionar la interna puede volver a suturar. Esa disyunción es el partido octubrista.

Por cierto, que haya sido destituido no significa que no pueda volver a “pegarse” bajo otras formas. De hecho, podríamos decir, la operación “hablar en nombre de Allende” levantada por el Partido Socialista y reproducida abiertamente por los medios de comunicación oligárquicos no han tenido sino esa función: preparar el terreno para un nuevo pacto oligárquico y articular lazos capaces de posibilitar “acuerdos” cupulares: Politzer, Harboe, Fernández o Chahín, entre otros, no han llegado a la Convención Constitucional para otra cosa. Si bien, asistimos al momento de un desmantelamiento generalizado del neoliberalismo, a su destitución estructural, ello se fragua en la “calle” como un lugar de desconexión radical con los “acuerdos” cupulares de la oligarquía. La subjetividad neoliberal que había propiciado al “emprendedor” como forma de subjetivación prevalente está en tensión interna con otras posibilidades de subjetivarse. No solo en Chile, sino en la irrupción global de revueltas que proliferan por todo el planeta, lo que está en juego es el devenir otros modos de ser-el-mundo, otras formas-de-vida. Es precisamente esto lo que ni los hacendados ni los mayordomos han querido saber. Y no porque tengan mala voluntad (puede ser que la tengan, pero ese no es el punto), sino porque su posición de poder se los impide.

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1 Comment

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  1. Soledad Valenzuela

    Mayo 31, 2021 at 9:18 pm

    Cómo siempre una columna que nos lleva a reflexionar e impecablemente escrita.Mis felicitaciones Rodrigo ????????????

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Opinión

Declaración de académicos por Palestina: ¿Con qué agua se lava la imagen de Israel?

Para Académicos por Palestina, resulta importante subrayar que ninguna tecnología –y menos aún, algún “negocio”- puede ser considerado “neutral”, exenta de cierto contexto histórico, cultural y político: ¿da lo mismo “comprar” tecnología de agua para usar en Chile mientras Palestina es despojada de ella por la misma entidad que la vende? Si toda tecnología no está jamás fuera de sus contextos porque su desarrollo tiene efectos políticos inmediatos, acaso ¿no oculta esta singular colaboración a la nakba palestina, el rostro de miles que por 74 años han sido despojados de sus tierras y a quienes se les ha privado del agua gracias a la violencia colonial israelí?

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En las últimas semanas hemos visto como importantes instituciones de nuestro país, así como autoridades políticas, generan acuerdos de colaboración en áreas de tecnologías y sustentabilidad con la Embajada de Israel. Entre ellas se cuentan el encuentro del alcalde de Valparaíso Jorge Sharp con la embajadora Marina Rosemberg para “intercambiar mirada sobre desafíos comunes en temas hídricos y otras áreas”[1]; el reconocimiento de la misma embajada al actual Gobernador de la Región Metropolitana, Claudio Orrego, por “promover el cuidado del medio ambiente y hacer de Santiago-RM una región más sustentable y verde”[2] así como la reunión que sostuvo la misma embajadora con Ximena Fuentes, subsecretaria de Relaciones Exteriores del Estado chileno.[3]

Ninguna de las personas aquí adherentes podríamos desconocer la importancia de abordar la crisis hídrica actual, o promover el cuidado del medio ambiente, tanto de nuestras entidades académicas, como gubernamentales. La cuestión es que en los casos señalados observamos que la visibilización de estas acciones, supuestamente basadas en articulaciones de colaboración científica, ocultan un objetivo que busca lavar la imagen del Estado sionista de Israel y, a su vez, socavar la legitimidad de los organismos internacionales de derechos humanos, de la ONU y de todas aquellas instituciones que han denunciado los crímenes de lesa humanidad que ha perpetrado Israel diariamente sobre el pueblo palestino. De hecho, la entidad sionista ha sido condenada por organizaciones de Derechos Humanos (Human Rights Watch, entre otros miles), el Derecho Internacional (ONU), Tribunales Internacionales (Tribunal Russel y Tribunal de la Haya) y Amnistía Internacional, por su sistemática violación de los Derechos Humanos de la población palestina y de la instauración de un verdadero estado de apartheid durante los 74 años de sistemática colonización.

Este lavado de imagen es nítidamente observable respecto del tema de las tecnologías del agua. Desde la guerra de 1967 en que el Estado sionista de Israel niega el acceso libre a las aguas al pueblo palestino, haciéndose soberano de éstas en todo el territorio palestino (de sus acuíferos cisjordanos y gazatíes; así como de la parte correspondiente a Palestina del caudal del río Jordán), restringiendo a menos de la mitad la dosis de agua que se entrega por persona en territorio palestino (respecto de la cantidad de agua considerada para cada ciudadano israelí), y además, cobrando más por litro de agua a la población palestina, que a la población israelí[4]. Al mismo tiempo ha desarrollado en todas estas décadas de ocupación una innovación tecnológica en torno al agua – a través de la Compañía Nacional de Aguas Mekorot-  que incluso se exporta a otros países, tal como parece estar sucediendo, ahora, con su “colaboración” con las diversas entidades chilenas.

Para Académicos por Palestina, resulta importante subrayar que ninguna tecnología –y menos aún, algún “negocio”- puede ser considerado “neutral”, exenta de cierto contexto histórico, cultural y político: ¿da lo mismo “comprar” tecnología de agua para usar en Chile mientras Palestina es despojada de ella por la misma entidad que la vende? Si toda tecnología no está jamás fuera de sus contextos porque su desarrollo tiene efectos políticos inmediatos, acaso ¿no oculta esta singular colaboración a la nakba palestina, el rostro de miles que por 74 años han sido despojados de sus tierras y a quienes se les ha privado del agua gracias a la violencia colonial israelí? En este registro resulta alarmante observar en las acciones de nuestras autoridades políticas de las últimas semanas una verdadera operación de borramiento del pueblo palestino activada por el Estado de Israel. Mas aún si estas autoridades se reconocen en una cierta tradición “democrática” que, como ha dicho el presidente Gabriel Boric, se caracterizan por respetar irrestrictamente los Derechos Humanos. ¿Cómo se puede decir que se respetan los DDHH si, a la vez, las mismas autoridades colaboran sistemáticamente con el negocio colonial de la entidad sionista?

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La aparición de la embajadora israelí junto a las diferentes autoridades chilenas, conjuntamente con el silencio de estas mismas autoridades respecto de la situación Palestina, no hacen más que ejercer una violencia que, a la vez que lava la imagen de la entidad sionista, borra las voces del pueblo palestino en sus 74 años de Nakba que define a la colonización sionista. Las imágenes resultan mas que ominosas: el feliz encuentro de Sharp en Valparaíso para debatir la crisis hídrica, o el feliz reconocimiento a Orrego, por hacer de Stgo-RM una región sustentable, o las conversaciones con la subsecretaria Fuentes no hacen más que ocultar que dichos encuentros están sostenidos sobre décadas de colonización sobre una tierra regada con sangre, exilio y apartheid. Es precisamente el problema ético, inescindible de la cuestión tecnológica y colonial lo que está aquí en cuestión.

Por todas estas razones, Académicos por Palestina repudia la decisión de colaborar con la entidad sionista por parte de las autoridades gubernamentales de nuestro país, llamamos a los diversos actores del país a rechazar cualquier nexo de colaboración con el Estado sionista, a denunciar toda forma de racismo y defender realmente los Derechos Humanos del pueblo palestino y de todos los pueblos.


[1] https://twitter.com/JorgeSharp/status/1536812935787384834/photo/1

[2] https://twitter.com/Orrego/status/1535371336901697538

[3]https://twitter.com/XFuentes/status/1538969062612553728

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[4] Véase el informe de Amnistía Internacional: https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/blog/historia/articulo/la-ocupacion-del-agua-por-parte-de-israel/#:~:text=Territorios%20Palestinos%20Ocupados.-,La%20población%20palestina%20consume%20por%20término%20medio%2073%20litros%20de,de%20la%20Salud%20(OMS)

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Opinión

La romantización de La Red

Esta noticia, como siempre pasa, creó todo tipo de reacciones, opiniones, rabias y alegrías. Desde un mundo más ligado al Acontecimiento del 18 de octubre, ha sido casi trágico, devastador que un canal en el que se cumplían casi todas sus predicciones, suposiciones y teorías, haya terminado. Todos quienes aplaudían a Mónica González y a Alejandra Matus y sus declamaciones, hoy se sienten vacíos.

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Hace un par de semanas que el canal La Red se convirtió en una señal que pasa contenido envasado. La razón es económica: trabajadores impagos debido a caída de auspiciadores, lo que llevó, además, a la renuncia de su director ejecutivo, Víctor Gutiérrez.

Esta noticia, como siempre pasa, creó todo tipo de reacciones, opiniones, rabias y alegrías. Desde un mundo más ligado al Acontecimiento del 18 de octubre, ha sido casi trágico, devastador que un canal en el que se cumplían casi todas sus predicciones, suposiciones y teorías, haya terminado. Todos quienes aplaudían a Mónica González y a Alejandra Matus y sus declamaciones, hoy se sienten vacíos.

En la derecha, como era de esperar, hay felicidad, sensación de triunfo por creer que quienes se creían dueños de la verdad no lo eran, sino que son ellos los que tienen la última palabra. En esta lucha por la objetividad- en la que claramente no hay seres objetivos porque no existen- la derecha gritona y con mal gusto cree haber ganado una batalla.

Pero tal vez sería bueno preguntarnos por qué La Red está en la situación en la que está, más allá de los asuntos económicos. Aunque, si somos sinceros, todo tiene que ver precisamente con economía y modelos de negocio, siempre es importante meternos en las consideraciones políticas internas más que las externas, ya que éstas siempre estarán ahí, amenazantes y a la espera de dar el mordisco.

¿Qué pasó al interior de La Red? Simple, se vio la posibilidad de vivir del Acontecimiento ya mencionado de octubre del 2019. Era una oportunidad única para tomar lo que estaba disperso, lo que había reventado y se había esparcido por el suelo de las calles nacionales durante el estallido social.

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Todas las particularidades y las grandes y pequeñas causas estaban presentes, reunidas en ese gran significante vacío que pretendía ser el canal para anidar las sensaciones y percepciones y encontrar respuestas a un malestar. Tanto así, que incluso se contrató a Checho Hirane y a todo su circo de panelistas e invitados para mostrar otra expresión del descontento con los llamados 30 años.

Con el tiempo, Hirane fue despedido por haber dicho en la radio las mismas cosas por las que había sido contratado, y el canal profundizó en esa línea editorial que pretendía mostrar lo que no se había mostrado y decir lo que no se había dicho.

Estaban tan inmersos en un ethos “estallista”, que olvidaron que las peleas, las luchas y todo lo que se pretende hacer, no debe ser jamás mirado desde la óptica carnavalesca, porque los carnavales tienen fecha de término, son momentos de catarsis que nunca son eternos. Después de que concluyen, viene la rutina; y si no puedes cambiar esa rutina, tu trabajo es un fracaso, un lindo recuerdo para quienes ven una virtud en la resistencia, aquella que siempre tiene como consuelo creerse incomprendido.

No hay consuelo más poco productivo que ver todos los problemas como causas externas y no repensarse. Es fácil, pero no supone ningún esfuerzo intelectual. Y si se quiere influir en el resto, claramente no es el camino. No hay nada romántico en el fracaso. No hay nada conmovedor ni realmente importante en enamorarse de lo que no resultó.

Me podrán decir que hablo poco de los empresarios, de las corporaciones que vieron con malos ojos la línea editorial del medio y lo dejaron de apoyar; pero meterse en esa pelea sería tratar de redescubrir una y otra vez la pólvora.  Lo que se requiere no es llorar sobre la leche derramada, sino sacar aprendizajes y no caer en el pensamiento mágico de que, bajo las lógicas estructurales y políticas que reinan en Chile durante décadas, el sólo hecho de creer tener la razón, te hará lograr algo.

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Opinión

Danza humedal

La pérdida del sentido del cuerpo conlleva a entender los humedales y sus hibridaciones de otra manera y optamos culturalmente al desarrollo y al progreso inmobiliario frente a la atención y cuidado de éstos, cuestión que también y, por supuesto, conlleva a descuidar nuestras vidas cotidianas colectivas en beneficio del placer personal y el enriquecimiento individual.

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El autor del texto, Rodrigo Browne es el Director del Doctorado en Comunicación (UACh-UFRO).

“Importa más vender que vivir”

La danza y los humedales son híbridos.

El carácter arterioso de los humedales los hace presentir desde una tremenda inestabilidad e incertidumbre siempre desproporcionada, atiborrada y plena de vericuetos que hacen imposible el asimilarlos y reducirlos a una simple percepción. La fotografía en el contexto de un humedal no será nunca la misma, dependerá, persistentemente, del momento vital por el que esté pasando:

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Fragmento disperso de un humedal en Valdivia

El permanente o intermitente sentido de inundación, las salobres aguas que van y vienen, le permiten dar vida a un vibrante cuerpo ecosistémico híbrido, que oscila -sin tregua- entre lo acuático y lo terrestre, como si se tratase de una perenne transición sensible, sin tapujos ni límites que bloqueen el encuentro dialógico, inesperado, entre las más diversas especies pertenecientes a las partes o a la mixtura entre cada una de ellas. 

En el tránsito -también incesantemente mixto- entre la naturaleza y la cultura explayada a lo largo de las reflexiones en torno a estas materias, cuesta no dejar de recordar cuando Gilles Deleuze y Félix Guattari sacaron de una de sus tantas mesetas la irreverente idea de rizoma. El botánico Philippe Danton -alguna vez y desde la Isla Robinson Crusoe del Archipiélago de Juan Fernández- contó que un rizoma es una suerte de tallo subterráneo que crece, a través de sus yemas, sin limitaciones y que tiene un sentido de la extensión desmedido, ya que posee un sistema indefinido de crecimiento activado por sus partes que, en ocasiones y actuando como especies invasivas, pueden desbordar los territorios.            

Con los desbordes propios de este tránsito entre naturaleza y cultura, Deleuze y Guattari acarrean desde la botánica la noción de rizoma -en un ámbito de “capitalismo y esquizofrenia”- a nuestras lecturas de las vidas cotidianas e invitan a ver el mundo desde esta perspectiva y como una “imagen del pensamiento”: “Un rizoma no empieza ni acaba, siempre está en el medio, entre las cosas, inter-se, intermezzo (…) Véase si no el método del cut-up de Burroughs” (Deleuze y Guattari, 2002: 29 y 11).

El jengibre y los helechos, en su mayoría, son rizomas. Los humedales, desde esta postura, contienen cuerpos y especies bajo esta condición y estos son parte de sus cruces y contaminaciones, por supuesto, híbridas y rizomáticas.

El movimiento transversal de las danzas estimula también una forma de pensar desde la pendulación que implica llegar de un extremo a otro, de una punta a otra, sin principio, sin fin, carcomiendo esos opuestos, desorillando las tierras continentales para hacerlas humedal, inestabilizándolas y dándoles el valor y prestancia en el medio, en el entremedio. Dicha fuga permite la confluencia de las danzas en su mezcla de estilos, de formas, de tradiciones que la hacen muchas y diversas, desbandadas y dinámicas.     

Esta danza híbrida, esta danza humedal, está consciente de su carácter que arranca de las reglas de la tradición y busca, en el escape del estado de comodidad/confort, el comodín para salir de la coreografía lineal y asimilar que las manos, los brazos, los pies y todos los miembros del cuerpo tienen sentido gracias al sexto sentido de la propiocepción.

Para Baitello Jr. (2008: en línea), la propiocepción es sentido del cuerpo, es el sexto sentido del ser humano que no se debe, bajo ningún concepto, desperdiciar. Cuando se pierde el cuerpo se comienza a desvanecer y a desaparecer. Ese sentido muere: “Cuando perdemos este sentido del cuerpo sabemos que tenemos un cuerpo, vemos el cuerpo, tocamos el cuerpo, pero no lo sentimos”. Hay un cuerpo presente, pero no existe la imagen que corresponde a ese cuerpo y esa descorporeización nos expone a las más altas enfermedades de todo tipo, principalmente y en tiempos de comunicaciones en crisis, neurológicas.

La pérdida del sentido del cuerpo conlleva a entender los humedales y sus hibridaciones de otra manera y optamos culturalmente al desarrollo y al progreso inmobiliario frente a la atención y cuidado de éstos, cuestión que también y, por supuesto, conlleva a descuidar nuestras vidas cotidianas colectivas en beneficio del placer personal y el enriquecimiento individual.

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Más allá de lo expuesto, el momento de tensión se produce cuando la propiocepción simboliza a la cultura, la misma que, por años, se contrapuso y trató de aprovecharse de las naturalezas. Vale decir, perdemos el sentido de lo cultural para el bien de otras cosas, para el bien del capitalismo que nos deviene en esquizofrénicos, cuando se cree más en las imágenes inventadas que en la propias “imágenes del pensamiento”: “Pero al vivir en un mundo de excesivas imágenes que insiste en que nuestro cuerpo no está adecuado, no es correcto, entonces podemos perder la propiocepción cultural” (Baitello, 2008: en línea).

Todas estas reflexiones derivan, en una primera instancia, de la puesta en marcha del proyecto “Cuerpos, trayectorias y temporalidades del Sur. Residencias Artísticas-Valdivia 2022”, dirigido por la académica Marcela Hurtado y compuesto por las coreógrafas Francisca Sazié y Lorena Hurtado, y por la creadora multimedia, estudiante del Doctorado en Comunicación de la Universidad de La Frontera y la Universidad Austral de Chile, Katherine Barriga.

En términos generales, el objeto de esta residencia pretende crear cruces dialógicos de reflexión, intercambio de ideas y estrategias para proyectar una investigación artística colectiva e híbrida que permita, en esa interacción, cuestionar y pensar críticamente los cuerpos y las danzas en territorios característicos de la Región de Los Ríos, como son los humedales y el bosque nativo sur-austral, haciendo un guiño, desde este emplazamiento, a los mundos en crisis que estamos viviendo: crisis climática planetaria, crisis sanitaria, crisis del modelo social y de las formas de gobernanza. 

En los primeros pasos del proyecto, la concentración del trabajo se ubicó en los ejercicios y las estrategias provenientes desde lo que se llamó danza humedal, bajo una logística clave que permitió auscultarla a partir de tránsitos heterogéneos, no duales y de intermediaciones entre las encrucijadas: danzas, cuerpos, movimientos y humedales.    

Tratando de bajar el discurso que apaña dicha iniciativa a una versión más práctica, en el marco de las primeras sesiones de trabajo -en y desde Valdivia- y con el propósito de aterrizar, no sólo teorías, sino que mundologías, experiencias, emociones, sensaciones a un nivel más vivencial, se lograron presentar interesantes resultados que avalan lo anteriormente dicho y ayudan a estimular estos sentidos que -pensamos desde las bases de esta formulación- propioceptivamente pueden ir deslavándose.

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Uno de ellos fue el siguiente resultado que logra percibir, desde un ejercicio barrial, las sinuosidades, revueltas y recovecos del humedal del cual se obtiene la materia prima para este reflexionar “barroso”:

Barros del humedal (Lorena Hurtado)

Por otra parte, y gracias a las respuestas que dieron -un grupo de estudiantes de cuarto año de la carrera de periodismo de la Universidad Austral de Chile (UACh)- tras esta pregunta: “¿En qué influye/afecta en los cuerpos vivos de un humedal la industria cultural (léase desarrollo o progreso)?” se asimilaron libremente reflexiones que hicieron humedecer y mixturar los pensamientos y las formas que, desde un proyecto sobre la vida cotidiana y su relación con el arte, perpetuaron estos futuros y anónimos profesionales de las comunicaciones.

A saber:

– “En la concepción y lo que la industria entiende versus lo que quiere de los espacios del humedal. Se puede comercializar la imagen de los cuerpos vivos y hacerle creer a la comunidad que están conscientes del daño que la intervención genera al medio”.

– “Importa más vender que vivir. El ‘progreso’ se mide en números, dinero y no en calidad desde una mirada más allá de lo que se nos hace más cómodo”.

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Referencias

Baitello Jr., Norval (2008): La era de la iconofagia. Ensayos de comunicación y cultura. Sevilla: ArCiBel.

Deleuze, Gilles y Guattari, Félix (2002): Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-textos.

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