Autogestión, industria musical e INDUSTRIA MUSICAL
Los grandes de la industria dictan los gustos musicales y las modas, nos van entregando artistas de alto consumo de masas: porque gustan, algunos con justa razón, también nos van entregando basura: porque hoy para producir música hace falta un computador y un micrófono: son beats digitales y los músicos van quedando relegados a otros oficios, finalmente siendo reemplazados por máquinas.
Foto: Agencia Uno
En oriente dicen que si la flor no entrega su perfume muere. Lo mismo le pasa al artista: si no entrega su arte muere. No es que muera una parte de la persona, la que es artista es toda la persona la que va muriéndose por dentro. Entonces, si un artista no puede serlo esa persona muere. Por lo tanto, buscará la manera de poder mostrar su arte, ya que esto lo define como ser vivo, es su sudor y respiración; él mismo lo es en su totalidad. Lo natural sería que a esto dedique su vida buscando que permita ganársela: vivir de su trabajo, vivir de su arte, vivir de lo que a él le nace natural como le nace el perfume a la flor.
La realidad es que tendrá que buscar una manera de hacerse un espacio para poder llegar a su público, a quienes paguen por su trabajo. Eso se entiende, es simple; el camino para lograrlo a veces no lo es tanto; también hay que decir que existe y se dan las formas para hacerlo.
Hasta aquí vamos bien, la explicación es clara, aunque no todos lo logran, por distintas razones. Vamos a desmenuzar un poco el fenómeno.
El artista para que logre cautivar a su público es necesario que llegue a él, que lo descubra, que conecte con su trabajo. Las posibilidades de tener una exposición correcta en el momento de maduración oportuna de un proyecto artístico son bajas. Hay distintos escenarios, que puede ser desde los medios de comunicación masivos a una esquina en una plaza, una micro, un bar, un escenario en un festival. Por otro lado, no basta la exposición.
¿Por qué nos gusta un artista? Un artista nos gusta porque él representa algo propio, algo que nosotros tenemos dentro y logramos conectarlo en el universo que él nos propone a través del reflejo de lo propio. Pero también existe la repetición, es decir: en la medida que vuelvo a escuchar la misma canción también la voy aprendiendo y probablemente gustando.
Si me repiten mucho algo lo voy enlazando con mis emociones y estas, a su vez, están enlazadas con mi propia historia, lo que permite conectarlas emotivamente con un momento de mi historia, ahí hay memorias que son importantes: pasa que muchas veces van emparejadas con una canción o música en particular. Si yo logro tener esa repetición, ya sea en radio, en televisión o como publicidad en plataformas digitales. Si logro tener esa presencia, lo más probable es que a mi proyecto artístico le vaya muy bien.
¿A qué voy con este análisis? Los medios de comunicación y la publicidad nos entregan artistas a los que vamos a escuchar.
Yo sé que hay artistas que han logrado destacar por otras razones y los dejaré fuera de este comentario porque simplemente son casos especiales, merecen toda mi admiración y no es de lo que estoy hablando.
Es un hecho de que en las décadas anteriores los grandes sellos controlaban el mercado de la música, tanto así que hemos sido invadido por artistas que han hecho historia y que han marcado generaciones con sus propuestas, como The Beatles, Pink Floyd, Led Zeppelin, Janis Joplin, Queen, Michael Jackson, por nombrar algunos cabezas de cartel de una lista larguísima.
También nos han entregado productos de baja calidad que han pasado a ser parte de nuestra memoria emotiva y ha sido imposible evitarlo.
El producto de alta calidad que nosotros entregamos en este país se consume dentro del territorio, en las mejores de las oportunidades sale a los países vecinos o a los países de habla hispana. El mercado norteamericano y el mercado europeo está lejos de nuestra esfera de posibilidades. ¿Hay artistas que lo han logrado? Si. Estoy hablando solamente por la regla general que es esta figura que nos impone el mercado y que establece que accesos tenemos y que es lo que nos permite escuchar y que es lo que finalmente nos va a gustar: porque algo que desconocemos no nos va a gustar, por mucho que pueda conectar con nosotros: si no lo conocemos no existe.
Aquí los grandes de la industria dictan los gustos musicales y las modas, nos van entregando artistas de alto consumo de masas: porque gustan, algunos con justa razón, también nos van entregando basura: porque hoy para producir música hace falta un computador y un micrófono: son beats digitales y los músicos van quedando relegados a otros oficios, finalmente siendo reemplazados por máquinas. Eso nos genera una incertidumbre enorme entre quienes han invertido tiempo, energía y dinero en su trabajo artístico: hay una enorme masa de artistas desocupados.
Son los grandes sellos, que en décadas anteriores ocuparon los grandes espacios publicitarios para introducirnos a sus artistas, ahora han logrado a través del marketing y de las maneras más brillantes, a músicos que nos entregan un producto que muchas veces tiene deficiencias, que competitivamente hablando no es mejor que el de otros artistas nacionales, si tienen mayor promoción.
El rol del artista es importantísimo, porque no solo impone modas y recuerdos, sino que habla de quienes somos, de cual es nuestro lugar en el mundo, nos identifica. Tal es el caso de Violeta Parra, que de alguna manera hace al chileno. Tal es el caso de Los Prisioneros que marcaron un momento histórico: nuestras memorias nos remiten a eso al escucharlos.
¿Qué estamos recibiendo cuando entregamos nuestra atención a artistas globales? ¿Somos parte de la globalidad entonces? ¿Actuamos bajo las premisas y discursos generalistas y totalitarios? ¿Tenemos una identidad propia? ¿Quién dicta lo que dice ese artista?: ¿El mismo artista? Probablemente si, aunque cuando es tanto dinero y tanta la influencia uno podría ser suspicaz, no tengo pruebas de eso por lo que es una discusión a la que no entraré.
Finalmente, si nosotros quisiéramos tener una identidad propia tenemos que proteger nuestro producto local: tenemos que abrazar a nuestros artistas. No somos una masa de personas que solo servimos para ir al trabajo y volver a la casa. Tenemos muchas necesidades que cubrir, entre ellas emocionales e identitarias; necesidades que van de la mano de escucharnos a nosotros mismos, a cada uno. Y eso debería ir acompañado de rigurosas leyes de mercado. Por qué, así como la industria nacional textil fue arruinada por la importación china, de la misma manera el arte y la música está siendo arruinado por importaciones baratas, de bajo costo de producción y de alto consumo que entregan altos ingresos para quienes los producen.
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