Crítica Literaria| Sin épica, sin salvación
Como pocos autores nacionales, la autora se enfoca en aquellos condenados a perder una y otra vez, permitiendo la restitución de vidas que no han sido escritas. El nombre de los otros se convierte en un gran despliegue de literatura plebeya para volver a acercarnos a la brutalidad de la dictadura.
«El nombre de los otros», de Verónica Jiménez. Santiago: Garceta Ediciones, 2023, 144 páginas.
Lo primero que se me viene a la cabeza tras terminar de leer este volumen es la brutalidad de la dictadura. El nombre de los otros, primer libro de relatos de Verónica Jiménez, nos aproxima a este fatídico periodo de la historia nacional y sus efectos en sujetos comunes, que no pueden acceder a nada que pueda salvarlos de la violencia.
Jiménez elabora lo que puedo denominar literatura plebeya, aquella orientada a representar a sectores sociales no hegemónicos donde se sostiene, además, un discurso crítico-político.
En su conjunto, estas narraciones, podrían considerarse un gesto de restitución de vidas que no han sido escritas, vidas anónimas que fueron eliminadas de la historia o que figuran en algún archivo (fosilizado) como un mero dato. Jiménez a través de su escritura otorga identidad a los personajes que circulan por las páginas de su libro y con ello, permite que sus existencias cobren un sentido colectivo.
Desde un énfasis intimista y lírico, la autora elabora ocho narraciones impecables en términos estilísticos. Su prosa, muchas veces con un dejo de oralidad, no escatima en rudeza a la hora de exponer el horror que la desplegó la dictadura; sin embargo, también explora una tonalidad apacible, donde logra capturar fragmentos de afectos familiares, amores adolescentes, complicidades fraternales.
La corporalidad posee un lugar importante en este volumen, cuerpos que serán torturados, violados y finalmente asesinados, aunque la muerte no era el único el fin, sino la dominación en todas sus dimensiones de quien desobedece. Así se advierte en el relato “El nombre de los otros”, que da título al libro, emitido por una primera persona, se orienta a la experiencia en prisión de un individuo perteneciente a un pueblo originario. Torturado de manera permanente, éste mantiene su dignidad siempre en alto. Con un manejo del tiempo excepcional, seguimos paso a paso el proceso de “quebrar” a la víctima.
Como pocos autores nacionales, la autora se enfoca en aquellos condenados a perder una y otra vez como ocurre en “Fanfarria para un hombre común”, donde un par de adolescentes enamorados en tiempos dictatoriales terminarán en trincheras irreconciliables. Es cierto que hay heroísmo, sin embargo es un heroísmo que no se vincula a ninguna épica. Nada salva a los personajes de una derrota absoluta, solo pueden alzar una suerte de ética plebeya que alza una dignidad frente a la inevitable destrucción total.
La desmesura de la violencia dictatorial cae con fuerza en infancias destruidas de las cuales se ha arrancado cualquier magia e inocencia, haciendo que las niñeces se golpeen con fuerza con una violencia que entra hasta lo más profundo de sus familias. Así se advierte en “La Dalia Blanca”, nombre de la desesperada protagonista cuyo padre se encuentra desaparecido. En “Treinta días tenía septiembre” nos insertamos en la amistad de dos pequeñas que no logran comprender el caos que vive el país y que interviene en sus relaciones familiares. Finalmente, el tercer relato centrado en la infancia es “Malas juntas”, donde el tío Ringo, un adolescente rebelde, es narrado desde la mirada de sus dos pequeños sobrinos. Su familia sigue protocolos educativos derivados del mundo castrense que llevan a Ringo a tomar una decisión radical.
“Ombú” es el broche de oro de este volumen. Está dedicado al conscripto Carlos Carrasco Matus, asesinado por la dictadura y cuyos restos hasta hoy no han sido encontrados. La narración, que es casi una novela breve, reconstruye la historia de un joven conscripto que apoyó a múltiples prisioneras de Villa Grimaldi. El costo de su “osadía” lo transforma en un mártir.
El nombre de los otros es un libro doloroso, donde la memoria golpea fuerte y que nos lleva a preguntarnos, una vez más, sobre la infamia, la impunidad y el daño irreparable que la dictadura produjo en cientos de ciudadanos cuyas existencias anónimas cambiaron para siempre.


