Carmen Berenguer: “Vamos a cambiar la palabra chilena, vamos a darle una nueva dimensión”
Escuchar a Carmen Berenguer es poner el oído justo en una voz que desde la poesía entrega esperanza llena de reflexiva certeza. Desde su hogar, a pasos del epicentro de la revuelta social en Santiago de Chile, ella ofrece, en verso y en conversación, una mirada que da fuerzas para seguir.
Estrenamos una nueva sección de entrevistas en La Voz de los que Sobran con escritores, escritoras y personajes clave del mundo social y cultural . Este nuevo espacio se llama CONVERSOS.
Carmen Berenguer es una poeta, ensayista y cronista chilena. Su extensa obra se inició en 1983 con su libro Bobby Sands desfallece en el muro, dedicado a un preso político irlandés muerto en una huelga de hambre. La preocupación por lo social y político es central en su escritura y reflexión. Ha sido publicada en múltiples países, siendo traducida a numerosos idiomas. En 2020 lanzó el libro Plaza de la Dignidad, donde relata en clave poética los sucesos de la revuelta chilena.
En dicho libro, la poeta dispara versos de confianza en lo que se viene para Chile: “En Plaza de la Dignidad preñada de buenos augurios / Derrotamos el sistema quedan los momentos del final son golpes / las máscaras del sistema están en el barranco solo propinan palos de ciego”
En la conversación que tuvimos hace un tiempo, Carmen profundiza en esta idea: “Todo eso es una victoria ya dada, a la que hay que darle curso. Una victoria que ya ocurrió, y más intensidad de esa no vamos a tener. Estamos luchando con algo que es revolucionario en toda América Latina, que es no tolerar el pillaje. Me parece que ya ocurrió. Que lo que falta es la forma. Nosotros ganamos. Todos decíamos ‘hasta cuándo’, todos luchamos por esto. Algún día iba a ocurrir. Y ocurrió de la mejor manera. Ocurrió con una potencia maravillosa. Vamos a tener que derrotar los enclaves de una dictadura horrorosa, y vamos a tener que darle forma a ese lugar. Y eso va a ser muy controvertido. Pero de derrotarlo, ya lo derrotamos. La gente tiene que darse cuenta de eso, no se cambia de un día para otro. Vamos a caminar”.
Su voz serena nos da calma, nos da la convicción de quien ha visto pasar por su ventana la historia. “Las formas de esta patria, las formas de un nuevo destino, aún no están normalizadas, pero están. Mira el ejemplo del feminismo. Cuando las mujeres comenzaron a cambiar su lenguaje, cuando normalizaron nombrar a sus acosadores, todavía no se dimensiona la potencia que significó ese gesto. En la calle entonces ahora se puede respirar. Las feministas fueron la vanguardia y ahora se va a cambiar la cosa formal».
Como poeta, Carmen sabe el poder que tiene el lenguaje. “Ahora vamos a cambiar la palabra chilena, la palabra que nos hace como tales, vamos a darle una nueva dimensión. Lo de atrás, ¡chao!, que no es chao, porque la memoria persiste. No sabemos lo que va a ser ese nuevo país; puede que nos demoremos un siglo, porque todo eso tiene su tiempo. Nuestra potencia está en crear ese nuevo lugar”.
Y agrega: “El lenguaje es un desconocido. Julia Kristeva, dice, ‘el lenguaje, ese desconocido’. Es lo que está un poquito más arriba de la palabra, quiere decir otras cosas, habla una lengua extranjera, aplica cosas que son desconocidas por el resto.”
La conversación también es la oportunidad de reconocer a quienes han hecho de la expresión y la palabra un instrumento de crecimiento y liberación, como Violeta Parra: “Violeta Parra es poeta. Ella escribe poesía. Escribe en décimas. Nunca se le quiso reconocer como poeta, siempre la quisieron ver sólo como cantora. Y por eso le dieron el premio Nobel a Bob Dylan. Violeta Parra fusiona la escritura desde el colonialismo con las décimas y, a la vez, con la realidad chilena, de las injusticias. Por eso ella es la gran, gran poeta de Chile. Ella el folclore lo fusiona con los problemas nacionales y yo he luchado porque se vea que la Violeta Parra es la gran poeta chilena. Ella cuenta toda su vida en décimas».
Su visión no está exenta de críticas al modo en que se entiende a Violeta Parra desde el establishment: “La gente acá ha seguido los patrones europeizantes. ¿Quién llegó más lejos? ¿La Violeta o Nicanor? Violeta llegó como artista al Louvre. Pero claro, Nicanor es el vanguardista inglés, que se apega a la tradición anglosajona. La Violeta era castiza pobre, chilena colonizada, del pueblo. Eso no lo reconocen porque son cuicos, porque se quieren ver en el espejo de cada cual, y los cuicos necesitan tener un espejo”.
Sobre las visiones de su propia obra que tiene Carmen, ella destaca algunos títulos: “Mi libro Naciste pintada desarma el concepto mismo de literatura los géneros. Hay una concentración extrema de géneros, que a mí me fascina fundirlos, sobre todo hoy día, en que el desgaste de las formas está ahí. Es el desgaste del lenguaje también, viejo, retrógrado. El libro nace por muchos géneros que son interpretados por mí misma ahí, salir de una página a otra y no tener porqué garabatear lo mismo. La literatura tiene que tener vida”.
“Lo mismo pasa en mi libro Plaza de la Dignidad, donde lo más importante es el signo. Poesía es un concepto filosófico que significa ‘salir de si”, hay que salir de sí. Este libro es eso. Libros que van incorporando otros elementos, y que aun así siguen siendo poesía. No eres tú, sale la otra, y el concepto es incorporar a los otros, no solamente el yo, la egolatría. El yo lo podemos diseminar entre otros. No solo en este libro, sino que toda mi poesía es desestructurante. Desde el libro de Bobby Sands, que era radical, y que eso lo llevó a luchar y dar la vida en una huelga de hambre».
La poesía de Carmen Berenguer excede, por supuesto, los límites esperables del género y se nutre de lo visual, de lo sonoro, sus versos se vuelven crónicas, y las crónicas relatan lo que pasa bajo su ventana. Una escritura que saca la poesía del centro y se llena de otros estímulos. Se vuelve “barroca” y “barrioca”, como ella lo llama, en un calculado exceso de señales que configuran su texto. Una conversación con ella tiene el mismo sello: barroco y “barrioco”, un discurso impregnado de complejidad de academia y complejidad de calle. Poesía viva para tiempos de cambio.


