Viernes, Junio 14, 2024

Poner el cuerpo y la vida: Una conversación inédita con Carmen Berenguer

Ahí está, en medio de todos, dirigiendo la ceremonia en La Chascona de Neruda. “No quiero una hueá triste”, recuerda Marcelo, uno de sus cercanos, que ella le dijo en algún momento. Se ve tranquila y plácida, hasta sonriente. Quizás está feliz de vernos reunidxs en torno a ella una vez más, o de haberse retirado a tiempo, en gloria y majestad.

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Fotos: Alexis Díaz

Poco a poco van llegando las amistades, editorxs, artistas, poetas, críticas literarias, discípulxs, compinches nuevos y de toda la vida. Como cada vez que Carmen Berenguer nos convoca, cada cual se emperifolla y sale con urgencia y emoción a encontrarse con ella y dejarse envolver por esos cálidos ambientes que genera. Se ha vestido para la ocasión con delicadas telas negras que hacen destacar su cabellera ondulada y el maquillaje que compartió con Pedro Lemebel, ojos finamente delineados de negro, sombra en tonos oscuros, lápiz labial rojo. Ahí está, en medio de todos, dirigiendo la ceremonia en La Chascona de Neruda. “No quiero una hueá triste”, recuerda Marcelo, uno de sus cercanos, que ella le dijo en algún momento. Se ve tranquila y plácida, hasta sonriente. Quizás está feliz de vernos reunidxs en torno a ella una vez más, o de haberse retirado a tiempo, en gloria y majestad.

Carmen trabajó en múltiples proyectos en distintas disciplinas (revistas, videoarte, talleres, congresos, performance, etc), colaborando con creadorxs de varias generaciones. Incentivó a escritorxs en ciernes a iniciarse en el camino literario, incluyéndome. Hasta último minuto estuvo activa. La conocí a comienzos de los 2 mil en la Editorial Cuarto Propio y no me queda espacio ni palabras para detallar lo que ese encuentro significó. Me cambió, como a tantos, la forma de ver el mundo y entender el arte y la literatura. Por ese entonces yo era parte de la redacción de La Calabaza del Diablo y dedicamos uno de los números a su poesía, participó también en algunos de los eventos que organizábamos. Las fotos de Alexis Díaz dan fe de una de aquellas lecturas, en otra se la ve con su gata en su living por el tiempo en que la conocimos, la más actual es de su casa en Las Cruces. No alcancé a visitarla en la costa, como tampoco alcanzamos a hacer el libro de conversaciones que le propuse. Pero me quedan para siempre esas tardes en su cocina en que me contaba de su tía Elvira, del libro del pelo, de su infancia en pensiones, de la lucha feminista de los 80 y de tantas otras cosas. Rescato aquí una conversación del 2021 sobre performance que quedó sin publicar.

E: ¿Cómo partiste en la performance?

C: Leí bastante sobre performance. La primera que hicimos fue con Las Yeguas, la ideamos entre todos, pensamos mucho: cómo se hace una performance, qué cosas quieres, decir, cuál es el soporte que vas a usar. Hablamos mucho desde el punto de vista que uno quiere expresar, del cuerpo, fuera del cuerpo, hay distintos lugares y ángulos desde los cuales uno puede trazar una performance. Soy una experta en performance (risas). Hay como 3 o 4 perfomances que hicimos juntos. Hicimos La refundacion de la Universidad de Chile, el A media asta (cuando se visten como bandera en el lanzamiento de mi libro, lo pensamos juntos), la de la Escuela de Periodismo que yo hice el texto, el NN, lo escribí y lo repartía cuando iban entrando.

E: Increíble. En esa época yo no tenía idea de que existía Carmen Berenguer, era estudiante de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y lo que más me gustó de la performance fue el texto: ahí salía tú nombre. Me dieron la hoja que repartían a todos y me hizo click. O sea, toda la performance era tremenda, además que nosotras estudiábamos ahí

C: Claro, pero ideamos toda la performance juntos. Yo escribí un texto que hablaba de los desaparecidos

E: ¿Lo escribiste especial para esa performance?

C: Sí, después vino otra, Las dos Fridas. Yo participé escribiendo un texto que publiqué después, cuando Ernesto Muñoz hizo una exposición donde estaba el Pedro y el Pancho –Las Yeguas–, el Dávila, y la Carola (Jerez) con una performance que se llamaba La mirada oculta. Hicimos un libro entero, trabajé en toda la exposición con Ernesto Muñoz y con ellos. Después hicieron otra performance donde bailaron la cueca, también escribí un texto por ahí.

E: ¿Entonces en el fondo estas eran acciones de manera colectiva en la que cada uno colaboraba de distinta manera?

C: Exactamente, yo no quería trabajar con el cuerpo, yo tenía mucho rollo con el cuerpo entonces no quería. Por ejemplo había una yegua que habían contratado el Pedro, quería que yo me subiera también (risa de la entrevistadora), y yo la verdad es que le tengo pánico a los caballos, me he caído en caballo. Dije “no, yo no me subo, yo lo llevo”. Tampoco era una cosa que hacíamos con mucho placer porque era como el arte italiano, el arte pobre, porque no teníamos nada, no teníamos elementos para hacer nada, entonces pensábamos casi jugando en hacer estas cosas que nos atraían. Nos llamaban la atención estas exposiciones corporales, pero a mí me gustaban las exposiciones más políticas, donde se dijera algo más político aunque todo era político.

Se hicieron como cuatro o cinco trabajos en que yo participé con ellos. Después hice una performance en el Inés de Suarez con Roberto Mascaró, que es un poeta uruguayo. Iván Monalisa hablaba de la Colonia Dignidad, hablaba del sur, entonces el Iván sacaba unos chorizos largos ¿me entendís? (risas) los ponía en el suelo ¿cachai tú?. Había agua, lavatorios, varios elementos así para dar cuenta de la Colonia Dignidad. La Carola era la niña cartel con el retrato de la mujer a la que le quemaron el rostro.

E: Carmen Gloria

C: La Carmen Gloria Quintana, entonces la Carola estaba en una mesa dando vueltas todo el tiempo con un cartel. Y yo con Roberto pusimos lavatorios, tomamos el libro Mi lucha y empezamos a leer y leer. Luego prendimos fuego y se empezaron a quemar. Estábamos escribiendo y quemando. En el fondo era la urgencia y la radicalidad de la escritura, esa era la lectura, la urgencia de escribir y quemarte los dedos. Mi lucha, así se llamaba.

E: ¿Esto era algo parte de un evento o era algo improvisado en el bar?

C: No era improvisado; lo pensamos como performance. Había revueltas en el país, había cosas terribles, estábamos viviendo una dictadura horrorosa

E: ¿Había gente?

C: Lleno, estaba lleno. Era en el bar que está en la esquina con Morandé. Esos eran mis barrios, pues oye

E: Era bonito ese bar, Rabanal (Gonzalo) también se acordaba de una performance, el Mú, según lo que me contó tú la hacías de una tos asmática. ¿Existió esa performance?

C: Ah sí, esa la presenté yo. Hice tres trabajos con video. Carlos compró una máquina de videos y yo no la sabía usar muy bien, entonces la usaba para hacer estas performances en la casa. Invité al Pedro para que participara, entonces el Pedro se puso unas navajas y yo le filmaba la espalda con las navajas. Después se daba vuelta y le filmaba la parte de adelante. Esas fotos las ha usado en muchas partes él. Se llamaba Postal del sur y otra que hicimos fue el

E: ¿Me la puedes contar?

C: En el fondo el Mú era como el silencio, “mú”. No hay palabra, no podemos decir nada, entonces como teníamos un televisor grande lo prendimos y quedaban todas las chispitas ahí ¿te acuerdas esas chispitas? Ahí pusimos la letra Mú, hicimos las letras y la colocamos ahí, Mú, y eso lo filmábamos (hace sonido de vibración) y sonaba. Nada más, un minuto, esa era la performance.

E: Ah, eso era la performance (risas de ambas partes)

Y teníamos toda una teoría del lenguaje. El Pedro estaba leyendo De la seducción, de Baudrillard y yo estaba leyendo algo de Baudrillard también, que hablaba justamente del objeto como mercancía, que ya no tenía valor, ¿entendís? Entonces le pusimos arte, esta es una obra de arte que no se puede reproducir, duraba un minuto, era una ironía.

E: Y eso, ¿en qué época era?

C: El año 90. Ganamos el segundo premio con el en el festival de video que había acá en Chile, que era importantísimo, todo el mundo estaba presentando videos ahí. En el cuaderno de los archivos sale el y después presentamos también el cuerpo y yo estaba con asma, entonces yo respiraba así (respira con boca abierta; risas) y sonaba, y yo me había puesto unas bolsitas de té que reproducían un poco esta cosa que le ponían a las mujeres para no tener guaguas

E: ¿La T?

C: La T de cobre, entonces era la T de cobre que yo tenía colgada, y yo apenas respirando estaba de aquí a acá. Lo presenté en el Museo de Bellas Artes, también para ese festival y se veía, era bonito. Eso lo voy a hacer, no lo he hecho todavía, tienen que ser muchos televisores.

E: ¿Eso fue en el Bellas Artes?

C: Claro, y el Bellas Artes estaba lleno de televisores

E: Estaba lleno de televisores y tú estabas ahí cerca del televisor respirando

C: Exacto, entonces (sonidos alusivos a respiración: ah, ah), entonces era bonito porque era libertad, era aire.

E: Varios años después hiciste un video sobre las historia del feminismo en Chile, y lo presentaron en el ex Congreso nacional. Tú al final hiciste una performance con Carola (Jerez) y salían vestidas de nana

C: Claro, ese es Delito y traición, la Carola hizo tres performances, y las dos hicimos una performance final, el video duraba 40 minutos. Dentro de la performance están los discursos en el arte y la política de las mujeres, y estaba la voz de la Gabriela Mistral y de la Gladys Marín.

Había una soprano que cantaba canciones mapuches maravillosas y nosotrosa quedábamos paradas en medio porque al final la mujer pobre termina de nana, de empleada, es un oficio de la mujer pobre.

E: El pelo es otro de los temas que te ha atraído

C: Con la enfermedad del cáncer se me cayó todo el pelo, y empecé a hablar del pelo y a escribir un libro del pelo que estoy que termino. También hice el videoarte Me quedé pelada. Entonces, no es que tuviera que subirme a un caballo, o vestirme y ponerme taco alto aguja.  

Mi relación con la performance pasa primero por la escritura como acto y acción performática. Una exploración total entre el cuerpo y la palabra, implicando la respiración o la radicalidad de la enfermedad del cáncer. Vale decir, es un lenguaje en sí mismo como lo es el lenguaje, ese desconocido despoblado que incita a reterritorializar sin comienzo y sin final, siempre en el medio (Deleuze, Kristeva). Un lugar en tránsito.

E: Y está la poesía con música. Mi poesía no dice ná, recitabas o cantabas

C: Sí, nos pusimos a hacer poesía y música performática con la Carola. Yo voy hablando recitando y ella va haciendo la música detras. Lo hicimos varios años, llegamos incluso al Zócalo en Ciudad de México. Querían que siguiéramos haciendolo. Pero yo soy escritora, me gusta escribir y como parte de la escritura llevarla a otro lugar. Mi poesía no dice ná fue sufirgiendo como un agotamiento del verso de la palabra poema, que de pronto son todos tan lindos, tan bonitos, que no pasa nada con ellos. Con la poesía en general no pasa nada. Es necesario algo más radical, se tiene que trasladar al cuerpo, a la voz, para que funcione con otros públicos y que uno pueda transmitir cantándolo, corporalmente. Es es un poco la intención. Leer en Plaza Dignidad fue otra performance más política, allí donde llegaban los pacos, nos podrían haber mojado enteras. Era cruzar el límite, era peligroso que estuviéramos ahí, no era plañidero, no era una kermese; podías perder los ojos, te podían tirar bombas.

Elisa Montesinos Eissmann
Elisa Montesinos Eissmann
Editora, escritora y gestora cultural.

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