Cultura B

Contracultura, disidencias sexuales y revolución: Los mundos del Vox Populi

Desde finales de los años noventa, el fotógrafo Johnny Aguirre impulsó y registró a gran parte de los artistas y activistas LGBTI de Santiago. Además, fundó el legendario Vox Populi, uno de los pocos espacios seguros para la diversidad en el Chile de fin de siglo. Hoy, sus registros se exponen por primera vez públicamente en la exposición “Secreto a Voces” en el espacio de la Fundación Colección Ca.Sa.

Un bus espera al costado del Cerro San Cristóbal, la citación solo indica: sábado, 11.30 a.m. afuera del Vox Populi. El recordado bar fue antro, guarida y centro cultural entre fines de los noventa y el 2015 en Ernesto Pinto Lagarrigue, Bellavista. La casa sigue ahí, aunque se ve distinta. Sin saber cuál será el destino, nos vamos reuniendo. Simplemente confiamos, la mayoría aguantando la resaca o la despertada temprano un sábado, y subimos al bus. Los últimos en aparecer son el escritor Juan Pablo Sutherland y Camilo Saavedra, performer, activista y profesor de la Universidad de Chile. Aplaudidos como estrellas, suben y el bus parte. Así se va rearmando el ambiente de las noches del Vox, que congregó a gran parte de la contracultura bohemia del Santiago de los 90 y 2000, y al mundo cultural de las sexualidades disidentes.

Somos artistas, críticos, escritores, fotógrafos. Cada cual ha conocido a Johnny Aguirre (Santiago, 1969) en algún momento distinto, siempre vinculado con el bar que regentó por varios años, donde la conversación, la fotografía y la fiesta fueron protagonistas. Una fiesta que se ha ido esfumando con el correr de los años y la neoliberalización de la vida, pero que los parroquianos del Vox Populi siguen cultivando, mientras bares y antros desaparecen. El bus se interna por Renca hasta llegar a un serie de galpones. En uno de ellos llamado Ca.Sa. 77 tiene su sede una colección de arte compuesta por obras de más de 400 artistas de Chile y Latinoamérica. El depósito abre sus puertas como espacio expositivo para acoger la obra de Johnny y la escena que lo ha acompañado desde entonces.

La resurrección de Copello

En 1998, cuando aún era estudiante de fotografía en el Alpes, fundaba el Vox Populi. Entre la amistad y la clientela, la vida del fotógrafo se fue volcando a la bohemia, al arte y la cultura, mientras afinaba su ojo fotográfico punzante, irreverente, político, y organizaba eventos con artistas como Francisco Copello, Mauricio Garrido y Vicente Ruiz. “De alguna forma se entrelazaron las historias, y gratamente formé amistad con casi todos ellos. Mi mirada siempre estuvo centrada en la marginalidad. En mi retrospectiva queda graficado que los personajes no son azarosos. Incluso los grandes artistas permanecían siempre en los márgenes, Copello, Lemebel, la Carmen (Berenguer), eran parte de la contracultura”, dice. Así, los retratos de artistas dialogan con fotos de chicos de la calle, marchas, activismo y pacientes del hospital psiquiátrico, conformando un mundo que es secreto a voces, tal como lo fue el bar y es el nombre de la muestra. 

Buscando trabajos de Copello, los coleccionistas Ramón Sauma y Gabriel Carvajal dieron con Aguirre, quien había comprado varias obras del grabador, instalador, performer, mimo y bailarín nacido en 1938, que en Nueva York colaboró hasta con Andy Warhol. “Yo sabía que estaba incomprendido y que su obra tenía que llegar a colecciones o museos, era mi gran sueño. Se fue cumpliendo y fui vendiendo sus obras, unas 17, entre ellas piezas bastante emblemáticas que pude ver en la colección feliz, porque estaban muy bien cuidadas y podrán ser vistas por muchísima gente”, dice. Entre compras, ventas y visitas, fueron conociendo y coleccionando también los retratos que el fotógrafo había hecho a Copello y a otros artistas, y hace unos meses lo invitaron a hacer esta retrospectiva para rescatar la historia del Vox Populi. Se trata de la primera exposición pública del archivo de Johnny Aguirre, con que la Fundación Colección Ca.Sa. inaugura su nuevo espacio.

Dos botellas de vino y dos cámaras se llevaron Aguirre y Copello para hacer la serie en el cementario general. Pasaron por tumbas de poetas, la de Violeta y la de Víctor Jara. “Decidí llamarla ‘La resurrección de Copello’ porque yo sabía que su minuto iba a llegar. De hecho está llegando. Los coleccionistas están buscando su obra, que ha subido a un precio exorbitante, y él no estuvo vivo para disfrutar de esas ganancias. Pero le cumplí la palabra de que lo iba a dejar bien posicionado y que su obra iba a estar en los lugares más importantes de Chile, y así lo he logrado hacer. Se ha vendido al Museo de Bellas Artes, al Museo de Arte Contemporáneo, a la Fundación Ca.Sa., y a otros particulares que coleccionan su obra sagradamente. Juan Yarur entre ellos; sin ir más lejos le está haciendo un libro gigantesco donde estas fotografías serán parte fundamental”.

Secreto a voces

“Desde finales de los años noventa, la labor de Johnny Aguirre ha consistido en crear espacios seguros para la diversidad. Capturando a personas regresando del exilio o a activistas luchando por sus derechos sociales, su rol como fotógrafo trata de rendir homenaje a quienes atraviesan convulsiones colectivas e individuales. En sus imágenes los sujetos comunican la coexistencia de euforia y tristeza, alegría y soledad dentro de sus vidas. Como fundador y dueño de Vox Populi, un pub que funcionó en el barrio Bellavista entre 1998 y 2015, su rol se ha tratado de construir, literalmente, un lugar para la no-discriminación y la creación artística”, escribe la curadora Paula Solimano.

En la inauguración de la muestra, agradece que Aguirre la haya dejado hurgetear en sus archivos y en su vida. Los asistentes emprendemos un viaje por el tiempo y el espacio. Copello cómplice en el Cementario General con su gestualidad, su misterio y su fubonesca performatividad, junto a la tumba de De Rokha, maquillaje y traje señorial, más allá de la vida y la muerte. 

Aparecen también los otros mundos que han atraído la atención del fotógrafo. Los internos del hospital psiquátrico, un circo en Zúñiga en la VI Región, personas captadas en un viaje a Ibiza o Parati, un enfermo del Hospital Salvador, el artista Titi Gana en el Cementerio General de Recoleta, y un retrato hecho por él del mismo Johnny Aguirre con su cámara mientras se inmortalizaban mutuamente. Colombina Parra en Las Cruces, Carmen Berenguer, Pedro Lemebel, Pancho Casas con alas de ángel en el patio y Vicente Ruiz en el baño del Vox. En el piso de la sala de exhibición aparecen objetos: una caballito encontrado en tiendas de antigüedades, réplicas de los volantes de entonces para difundir los eventos que se sucedían en el antro de Bellavista. Victor Hugo Robles, el Che de los gay, performeando en la calle. Marchas por la diversidad sexual y una gran beso homosexual en las puertas de La Moneda. 

Una lámpara de lágrimas de cristal en el suelo, otra de madera, obra de Pancha Ñúñez sobre una de las mesas con collage hechas por el mismo Johnny que eran parte del bar, y un altar con fotos de amigos y habitués, muchos de ellos presentes en la exhibición, otros que ya no están: Hija de perra, Lemebel. El retrato de una monja travesti que saca la lengua me recuerda cómo nos conocimos y cómo la imagen llegó a ser portada de la desaparecida revista underground La Calabaza del Diablo

Hasta Barraco Parra se encuentra entre los asistentes y toca un par de temas, mientras DJs reviven las álgidas tardes y noches en el Vox Populi, donde como ahora, no faltaba el baile. Un centro cultural, un bar para la diversidad, un espacio donde fotografía, arte y vida fueron confluyendo y reafirmando el ojo rupturista y transgresor de Jhonny Aguirre. Su propina es mi ‘suerdo’, termina la muestra, con una foto genial de Copello delante de un mural en el cementerio hecho por los limpiadores de tumbas. El artista se fascinó y dirigió la toma. “De alguna forma todos vivimos de las propinas, de estos ‘suerdos’, y el arte no escapa a eso. A mí me encantó también. En los momentos en que he tenido crisis económica y he tenido que vender una obra, recuerdo siempre esa frase”, se despide Aguirre.

En el bus que nos lleva de regreso se comenta el libro recién salido del horno de Oscar Contardo sobre Lemebel que dejó a más de uno incómodo y molesto. Pero eso excede el espacio de esta crónica.

Sobre la autora / el autor
Elisa Montesinos Eissmann
Editora, escritora y gestora cultural.

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