Europa y Alemania en nuevas escaladas contra Rusia
Al aumento del poder de la ultraderecha, la militarización y la fabricación del miedo al ruso, se suma la decadencia económica de Alemania, cuya industria está sufriendo las consecuencias de su decisión de renunciar al gas ruso y así condenar a su propio sector industrial a la ruina.
Hay dos acontecimientos recientes que situaron a Alemania en el centro de la atención mundial: el aumento del tono bélico contra Rusia debido a un supuesto dron hallado en uno de sus aeropuertos y la victoria aplastante del partido de ultraderecha AFD en la región de Sajonia.
A principios de agosto, un dron, supuestamente cargado de explosivos, fue detectado y derribado en el interior del aeropuerto de Leipzig, según señalan las autoridades, estaba dirigido contra un avión que transportaba material para Ucrania. Semanas después, el gobierno alemán culpó directamente a Rusia de llevar a cabo una “guerra híbrida” contra Alemania, aunque las autoridades rusas declaran no tener nada que ver con este asunto. Acto seguido, Alemania anunció el cierre del consulado ruso y de importantes instituciones culturales rusas en el país, a lo que Rusia respondió cerrando el consulado alemán y las filiales del Goethe-Institut en Rusia. Así se va clausurando el espacio para las relaciones diplomáticas entre ambos países. La evidencia que Alemania dice tener de esos supuestos ataques nunca fue publicada. El caso del dron representa una escalada diplomática y un endurecimiento del tono bélico hacia Rusia. Sin embargo, este hecho requiere mayor atención.
Durante septiembre, apareció un audio de uno de los trabajadores del aeropuerto en el que relata los sucesos de esa noche del supuesto ataque del dron. El trabajador -cuya voz fue distorsionada para proteger su identidad— señala que: “en esa noche, de alguna manera, todo era muy raro”. El hombre señalaba que el dron no cargaba explosivos —lo cual contradice lo que los medios han informado sobre este asunto—. También señala que era un dron muy simple (“un dron de hobby”) que se podía comprar en cualquiera de las grandes tiendas electrónicas de Alemania y que no podía cargar más peso que el propio dron. Señala que con cierta frecuencia se ven drones sobrevolando el espacio del aeropuerto —lo cual es muy peligroso—, pero que este dron en particular, volaba a tal altura como si quisieran que lo vieran y lo derribaran. Continúa diciendo, que una vez tumbado el dron —dos a tres minutos después—, apareció la policía con un robot de desactivación de explosivos y representantes de los medios de prensa. Comenta que todo era muy raro, porque normalmente se requiere un montón de trabajo burocrático y permisos especiales para acceder al terreno del aeropuerto, y que durante esa noche llegaron la prensa y policía juntos, aunque las dos ciudades más cercanas se encuentran a 20 km del aeropuerto. Este relato suscita serias dudas sobre la veracidad del incidente. Se genera la sospecha de que todo podría ser un asunto orquestado; incluso no se excluye un ataque de falsa bandera.
También surge la duda sobre la veracidad de este hecho al preguntarse: “¿A quién le sirve?” ¿A quién le beneficia? Estratégicamente, no tiene sentido que la potencia nuclear, con el armamento más moderno del mundo, se involucre en una ridícula “guerra híbrida” contra Alemania con un dron rudimentario que, de paso, puede desencadenar una tercera guerra mundial. Con todas las provocaciones de la OTAN, Rusia podría tener razones suficientes como para atacar las industrias de armamento que proveen armamento a Ucrania para ser lanzado contra la población rusa en territorio ruso. Es poco probable que un incidente tan insignificante como el de un dron “de hobby” sea la respuesta rusa al apoyo de Alemania y de la OTAN a Ucrania. Si Rusia no ha dado esa respuesta, es porque no ha querido. Así que, respondiendo a esa pregunta, claramente a Rusia no le favorecería que la OTAN entrara abiertamente en esta guerra.
Hechos como estos, son referidos como “guerra híbrida” y se utilizan una y otra vez para alentar el miedo al “cuco” ruso y así pisar el acelerador hacia una militarización sin freno alguno. Ya el gobierno del exmanager de BlackRock, Friedrich Merz, levantó todas las restricciones a la deuda pública para que el país se endeude y así ampliar su propio complejo industrial militar (CIM). El tono crecientemente agresivo contra Rusia se vuelve cada vez más frecuente en toda la clase política europea, amplificado por los medios occidentales, que ya hace tiempo dejaron de interrogar críticamente a sus gobiernos y actúan más bien como agentes propagandísticos. El ministro de Defensa alemán anunciaba que este verano de 2026, probablemente sería el último en paz y que la gente debía prepararse para una confrontación abierta en 2028. Mientras su canciller, —el canciller con la menor tasa de aprobación en la historia reciente del país— dice que Alemania se prepara para convertirse en la fuerza militar más poderosa de toda Europa.
El segundo evento que suscitó la atención internacional, la reciente victoria del partido de ultraderecha, Alternativa para Alemania (AFD), en elecciones regionales en Sajonia-Anhalt, es otro síntoma de una enfermedad mucho más grave: una decadencia moral, política y, sobre todo, económica, acelerada. La AFD siempre ha sacado provecho de la amplia insatisfacción con la política del gobierno, siendo hábiles de captar las “votantes de protesta” que, por alguna razón extraña, creen que la ultraderecha efectivamente podrá solucionar los problemas actuales que enfrenta Alemania, tales como la ya evidente crisis económica, y lo que la AFD presenta como el “problema migratorio”. Análisis de su programa de gobierno, demuestran su afinidad con el gran capital, que no precisamente apunta a fortalecer la clase trabajadora tal como prometen (tal como también lo prometió Donald Trump). Pero cabe notar también, que dicho partido —junto al partido de izquierda BSW- es uno de los pocos que declaran estar en contra de las políticas pro-guerra de la clase política-burocrática de Bruselas. Aunque el AFD, también apoya la senda armamentista de Alemania, lo que no es de sorprender.
Al aumento del poder de la ultraderecha, la militarización y la fabricación del miedo al ruso, se suma la decadencia económica de Alemania, cuya industria está sufriendo las consecuencias de su decisión de renunciar al gas ruso y así condenar a su propio sector industrial a la ruina. Hace poco el gigante automotriz VW anunció el cierre de cuatro fábricas en territorio alemán y el despido de alrededor de 50.000 puestos de trabajo.
La razón es una reestructuración masiva del modelo de producción que, en un mercado global, ha resultado poco competitivo. En paralelo, la empresa anunció que está en conversaciones con Israel para fabricar piezas de armamento destinadas al famoso “Domo de Hierro”, que escuda a Israel de presuntos ataques. Estas colaboraciones son más que preocupantes porque, en vez de darle la espalda a esa nación que perpetra un genocidio en Gaza desde hace tres años, Alemania estrecha lazos económicos y militares con ella.
En abierta contradicción con toda la narrativa de posguerra, que sostiene que los europeos en general y los alemanes en particular han aprendido algo de su historia de dos guerras mundiales, hay que tener presente que esas armas, que hoy se presentan propagandísticamente como la “salvación de Europa”, en algún momento se usarán contra Rusia, las cuales, además, no quedarán incontestadas. Hoy, el mayor temor de toda la época de la Guerra Fría —una guerra caliente entre dos superpotencias— se encuentra a las puertas de materializarse. Pero en esta nueva Guerra Fría 2.0, la disuasión nuclear —también referida como MAD, “destrucción mutua asegurada”— brilla por su ausencia. Europa, como parte de una constelación geopolítica mayor, cierra filas con Estados Unidos e Israel, y parece estar cada vez más dispuesta a sacrificarse en una guerra abierta con Rusia, un camino suicida y nihilista, como lo señalan diversos analistas.
Sin duda, la clase política alemana está utilizando el hecho del dron de Leipzig como “ejemplo” que, supuestamente, demuestra a su público la existencia de una guerra híbrida que Rusia lleva a cabo contra los europeos, quienes, además, afirman ser atacados sin razón alguna. La utilización propagandística de este hecho demuestra que en Alemania no se vislumbra una salida a esta crisis diplomática que la enfrenta a una de las potencias militares más poderosas del mundo. Esto exigiría un cambio de rumbo de 180 grados en toda su política interna y externa. De hecho, Alemania se encuentra en una crisis tal que ha optado por la huida hacia adelante para desviar la atención de sus propias decisiones equivocadas que actualmente conducen al país a una espiral de declive económico, una mayor censura de voces disidentes y una creciente insignificancia geopolítica. Por otra parte, la historia enseña que hay que desconfiar de la derecha etnonacionalista, que gana más votos en momentos como estos, por oponerse a las decisiones políticas de la clase gobernante y sacar provecho de su falta de orientación.
Pero la situación de Alemania también refleja la nefasta situación de Europa: Quizás nunca antes en tiempos de posguerra, ha estado Europa en una peor situación geopolítica que la de hoy. Algunos analistas ya anuncian que estamos ante el fin de una era de 500 años de dominación europea. Signo también, que los tiempos están cambiando y que los “siglos de oro” de dominación y bienestar europeo parecen cosa del pasado.
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