Intelectuales ridículos
La oligarquía exhibe su descabezamiento. Y busca su cabeza, su luz, su vía. Cree que es Peña, otros dicen Herrera o Cristi y, a su vez, frente al vacío experimentado, vuelve Guzmán de parte de los mismos que lo habían intentado profanar.
La intelectualidad chilena está atrapada en un fantasma. Juegos de coronación donde algunos invisten a otros del “gran intelectual de Chile” y, por otro lado, otros vuelven sobre Jaime Guzmán. Se advierte aquí, cómo, esos juegos pastorales en rigor, exhiben que todo pastorado está en el suelo, pateado por la multitud, hundido en la comedia histórica que ofreció su destitución.
La oligarquía exhibe su descabezamiento. Y busca su cabeza, su luz, su vía. Cree que es Peña, otros dicen Herrera o Cristi y, a su vez, frente al vacío experimentado, vuelve Guzmán de parte de los mismos que lo habían intentado profanar. ¿Será Mansuy? La cabeza rueda. Y el rumbo desaparece.
El síntoma de la oligarquía buscando a su “intelectual”, quejándose de que no existen “intelectuales orgánicos” –esa jerga sesentera superada por los K-pop– y exhibiendo su máquina horadada como siempre fue por más que no se la veía tal. La ilusión de pretender encontrar intelectuales orgánicos (Joignant) que guíen a las pobres masas cuando ni siquiera, como ellos mismos dijeron, “no lo vieron venir”. Todo este juego de coronación (quien es el “gran intelectual de Chile”) es un juego de espejos, pero de espejos ya quebrados e imposibles de reconstituir.
La ilusión de rescatar al “intelectual de Chile” y, por tanto abrir una vía que restituya al pastorado capaz de conducir los destinos de un país hundido, no es más que eso, una ilusión que ya no funciona como tal. Resulta irrisorio encontrar al “intelectual”.
Mas valdría preguntarse por qué esa obsesión, porque ese terror vacui sobre el que camina la oligarquía y para lo cual, se ha parapetado en la invención de un padre sádico que muestra el sentido que tiene el retorno de Guzmán en algunos columnistas: la derecha cristalizada en Kast o Kaiser –pero también en Matthei- en suma, la germania criolla es la derecha pinochetista y, en último término, portaliana.
Este es, al fin y al cabo, el fantasma al que, parte de la intelligentsia nacional está capturada. Mientras la queja sea “no hay intelectuales” o el juego proponga investir papalmente al “gran intelectual de Chile” aquí o en España (¡que síntoma esto!) no habrá interrogación alguna al fantasma que ha obturado, vía el nuevo fascismo, las posibilidades abiertas con el fin de la transición.
Mal que mal, el “intelectual” (hombre, orgánico, blanco –demasiadas cualidades para ser chileno) es una ilusión de una modernidad que ha sido arrojada a su grado cero y que, al igual que la película 2001 Odisea del Espacio, hoy ya no estamos en la era del sujeto que todo lo controla y lo quiere, sino en el instante en que se ha levantado el monolito que no es más que el intelecto común del cual todos participamos sin necesidad de pastorado, investidura o academia alguna. Que ese intelecto pueda abrirnos la imaginación que nos pertenece, significa enfrentarnos a ese fantasma que, alguna vez siendo vital, hoy no es más que dispositivo y destrucción, significante y captura.
Así, la tarea propiamente intelectual no consiste en decir quién sería el “gran intelectual de Chile” o quejarse cómicamente de que ya no hay “intelectuales orgánicos”; más bien, se trata de pensar el fantasma, es decir, interrumpirlo para abrir otras condiciones, otras vías y caminos. En lo inmediato: destruir el fantasma significa revocar la dimensión eclesial y masculina de una intelectualidad que pretende erigirse en el pastorado de la nueva era. Nueva era que “no vio venir” ni que tampoco puede leer.
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