Opinión

Daniel Jadue, más papista que el Papa

Daniel Jadue disfruta hablando sin que nadie lo interrumpa. Le gusta repetir teorías, hacer afirmaciones lo suficientemente vistosas sin que estas sean refutadas o al menos cuestionadas. Cualquier intercambio o cuestionamiento, según él, esconde un plan, un boicot o una censura. Nada más justificaría que haya quienes se opongan a sus sentencias o a sus conclusiones basadas en lo que lee o piensa.

Por eso su programa “Sin maquillaje” -nombre que pretende decirnos que sus ideas y sus reflexiones no están maquilladas por ninguna circunstancia política- tiene siempre a alguien que sólo le pregunta lo que él quiere o asiente a lo que él dice. Más que un periodista o un interlocutor, Jadue tiene a un bandejero o bandejera que dé la sensación de que en ese espacio se intercambian ideas y no, como sucede, solamente se repiten discursos.

Desde ese lugar el exalcalde de Recoleta ha intentado intervenir en la elección presidencial, porque parece que cualquier tipo de ausencia le resulta insoportable. Más aún ahora, que la candidatura de su partido no es encabezada por él y que la candidata parece tener atributos que no complacen su postura ideológica o dejan al descubierto su incapacidad política y su rápida entrada a la irrelevancia.

¿Habrá algo peor para Jadue que ser irrelevante? Parece que no, por eso lanza frases estruendosas que no sólo intervienen en la campaña de su colectividad, sino también alimentan el miedo de una derecha que parece excitarse secretamente con sus aires pseudorevolucionarios. 

En esta ocasión no fue la excepción. Recurrió al marxismo como recurren quienes lo leen más bien como un dogma que como una corriente política o filosófica, logrando que la oposición se espante y interprete sus palabras como un atentado a la democracia. 

Frases como “el pueblo tiene todo el derecho y la razón de pasar sobre el Estado de Derecho” y “desde la visión marxista no necesariamente son espacios de castigo, sino que son instrumentos de dominación de clase” no sólo causaron pánico en quienes aman tenerlo casi como si fuera una experiencia sexual, sino que, me atrevería a decir, también provocaron placer en el mismo exedil por reafirmar su identidad, aunque lo haga descontextualizando a un Marx que tuvo bastantes fases y que, no hay que olvidarlo, escribió toda su obra en la segunda mitad del siglo XIX.

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Y es que Jadue ve en el marxismo una religión. Es una tabla de salvación, un lugar al que aferrarse sin mayor interpretación o cuestionamiento, lo que lo convierte cada día que pasa en un dogmático más que en un político, cuestión muy antigua en la izquierda y que llevó a que el mismo Marx escribiera alguna vez que “lo único que sé es que no soy marxista”.

Todo esto se opone a lo que debería ser la candidatura de Jeannette Jara, la que tiene como misión aglutinar a un progresismo más extenso que a un grupo demasiado convencido de lo que es Chile según sus “textos sagrados”. Y es que la gracia de la candidata-y la razón por la que personas como Jadue la deben mirar con sospecha- es que sus pasos son menos rígidos que los de quienes creen que hay un plan teleológico que debe cumplirse a la perfección y no entienden la realidad sino bajo lo que indican ciertos manuales.

¿Qué hacer al respecto? ¿Cómo impedir que Jadue y quienes se sienten más marxistas que Marx (o más papistas que el Papa, como se diría comúnmente) no intervengan en una candidatura que pretende tener vocación de mayoría? ¿Cómo lograr que las frustraciones de un sujeto que cree saber más que el resto de todo lo humano y lo divino no intervenga en una campaña política que, para tener éxito, debe tener menos certezas y abrir más los sentidos para lograr articular algo grande? Son buenas preguntas que solo la política debe resolver. De lo contrario, la opción oficialista sucumbirá junto con el poco capital político que le queda al creador de las farmacias populares.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

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