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«Rosa fue una heroína»: Falleció dirigenta responsable del fundamental llamado a protesta contra Pinochet que desembocó en el ‘Puntarenazo’

Uno de sus hijos y algunos de sus compañeros de lucha de esta obrera comunista, recuerdan a Rosa Muñoz Villegas y su imprescindible rol en la resistencia a la dictadura en Magallanes.

El pasado sábado, a los 93 años murió la luchadora social y militante comunista Rosa Polonia Muñoz Villegas en su casa de la Población 18 de Septiembre en Punta Arenas, acompañada por sus cuatro hijos: Raquel, Mirta, José Carlos y Luis. Esta mujer oriunda de Chiloé será recordada como una de las primeras dirigentas obreras campesinas en Magallanes y la responsable del llamado a protestar contra el dictador Augusto Pinochet en su cara en uno de los Cabildos Populares, que terminó desembocando en El Puntarenazo de 1984.

A sus 17 años, Rosa, hija de Carlos Muñoz Barrientos y Rosario Villegas Díaz, dejó la isla de Mechuque, perteneciente al Archipiélago de Chiloé, para buscar mejores oportunidades laborales en Punta Arenas. Al igual como lo hizo su padre unas décadas antes, quien conoció de cerca la organización del movimiento obrero en la Patagonia y la persecución que debieron afrontar.

“Mi padre fue el que formó en esos tiempos, con Luis Emilio Recabarren, el Partido Comunista. Claro que anduvo corriendo medio julepeado, después lo querían matar, cuando fue el incendio aquí de la Federación Obrera, aquí en la calle Errázuriz. Él también estaba reunido ahí, menos mal que saltaron por una ventana, si no se queman todos. Nosotros somos de una familia que nunca nos dejamos pisar”, contó Rosa al proyecto Mujeres Notables de la Patagonia, realizado en 2017 por el Museo Regional de Magallanes en conjunto con la Unidad de Patrimonio y Género del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural.

“Yo fui la primera obrera campesina de Punta Arenas, donde salía a trabajar con los hombres. Y me dijeron que por qué yo salía a trabajar con los hombres: para derrocar al machismo, porque había mucho machismo. Entonces también teníamos nosotras que salir las mujeres a hacer algo porque las mujeres no eran para crecer hijos y estar con el marido. No, teníamos que hacer algo”, explicó en una entrevista desarrollada en 2015 por el Área de Colecciones e Investigación del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, en el marco de la línea de investigación “Archivos de la Memoria en Chile”.

Luis Pérez Muñoz, el menor de los cuatro hijos de Rosa y José María Pérez, rememora su infancia en la Estancia San Gregorio, ubicada a 120 kilómetros de Punta Arenas. “De los recuerdos más bellos que tengo. En esa estancia mi mamá trabajó en la quinta, trabajó con la pala, con la horqueta. Mi mamá era una persona que se entregaba por sus hijos. Nunca nos faltó el alimento”, destaca.

Sin embargo, aquel sitio también lo traslada a uno de los momentos más traumáticos de su vida. «Después del golpe de Estado, cuando estábamos en la estancia con mi mamá y mi sobrino de dos años, 33 soldados del Regimiento Buin de Santiago llegaron a allanarnos. A las cinco de la mañana echaron la puerta abajo, nos llevaron a un salón, y a mi mamá la querían matar. El miedo y el susto… fue muy duro. Yo me abalancé donde mi madre. Obviamente, los soldados me tiraron hacia un costado porque querían cumplir su misión», narra Luis. 

Y continúa: «Pero, gracias a Dios, entre esos 33 soldados andaba uno de Punta Arenas y justo ese suboficial la conocía. Él llamó al teniente, vi que hubo una conversación, y de ahí dijo: ‘Ya, aquí no ha pasado nada, señora levántese, discúlpenos. Le vamos a pedir algo sí: andamos con hambre, estamos tres días sin comer’. Había un tremendo sartén, mi madre colocó más o menos como 30 huevos, los revolvió y se sentaron alrededor de la mesa. En ese tiempo no había pan fresco; los soldados se comieron con un ansia ese pan seco, los huevos pasaron a estar. Agradecieron a mi madre. Ella, a pesar de lo que le sucedió, dio vida, porque les dio alimento a los jóvenes que andaban ahí».

El ex preso político y dirigente de Derechos Humanos, Manuel Aguilante Barrientos, remarca que “hasta donde se conoce, es la primera mujer con contrato de trabajo en el campo reformado. Hubo una discusión muy grande, porque en general los viejos no querían que sus compañeras participaran de las reuniones sindicales».

«Estaba instituido que la mujer en la casa, con la guagua y servir al marido. Ella pasó a ser jardinera, tengo una revista en el entretecho, la revista Paloma, que era de la Unidad Popular, que empieza a circular en los comienzos de la editorial Quimantú. Le hacen una entrevista y cuenta la historia de su vida en seis páginas. No es una cosa menor, respecto al papel de la mujer en la Reforma Agraria», recordó Aguilante.

Rosa junto a su hijo Luis en la revista Paloma

Con la llegada de la dictadura, Rosa Muñoz Villegas es despedida el 1 de mayo de 1974, con la presencia de Carabineros en el lugar y sin indemnización alguna. No obstante, aquello no la amilanó. Se transformó en una activa opositora al régimen, participando en organizaciones sociales, vecinales, gremiales y políticas. 

“A Rosa la conocí a propósito de la clandestinidad del PC, estamos hablando del 78´, 80´. Nos reuníamos en su casa junto a Donoso Hueicha, Humberto Águila y otros dirigentes que están vivos todavía. Eran las primeras conversas de cómo construir oposición”, cuenta Aguilante. 

Por su parte, Sylvia Ovando Alvarado, dirigenta y vocera pública en dictadura, confiesa que trabajó mucho junto a ella para incentivar a compañeros, conocidos y amigos a votar en contra de la Constitución del ´80. “Salíamos a recorrer las casas, eso fue terrible, porque quedaban espantados al recibirnos. Decían: ‘No, porque nos pueden controlar el voto, van a estar espiando’. Solo faltaba que nos sacaran a empujones del miedo”, recuerda. Incluso, vino a su memoria una anécdota: “Cuando salíamos con la Rosa, yo manejaba una cápsula, esas gondolitas chiquititas. Y nos quedamos empantanadas en el pasaje Antofagasta en el Barrio Sur. Y la Rosa bajó, ¡y a pedir una pala! ¡Y apaleando para salir del pantano! Ella era todo terreno”. 

En febrero de 1983 ambas fueron socias fundadoras de la Agrupación de Mujeres de Chile (MUDECHI). Sin duda, uno de los bastiones de la resistencia en Magallanes, que permitió llevar a cabo diferentes acciones de lucha contra la dictadura, especialmente centrada en la ayuda a víctimas de la represión, además de actos de denuncia y de defensa de los Derechos Humanos.

“Éramos las mujeres las que estábamos más organizadas, cuando éramos muy poquitas las que salíamos a la calle y dábamos la cara. Pero ahí estaba Rosa, solidaria a morir, ella siempre dispuesta a ayudar en todo. Tenía una característica muy especial, era muy calmada para hablar, pero muy firme y convencida de lo que estaba haciendo, lo que la llevó a ser una gran lideresa en todo lo que participó”, afirma Ovando, quien actualmente forma parte de la organización feminista Matriarcas Australes.

De este modo, distintos actores sociales y políticos comenzaron a converger en torno a la figura de una oposición organizada. La Coordinadora de Pobladores, el Comando Multigremial y el Grupo de Estudios Constitucionales o Grupo de los 24, planificaron a finales de 1983 cuatro cabildos,​ que tenían como objetivo la discusión de las problemáticas que aquejaban a los habitantes de la zona, motivadas por la alta cesantía y los bajos salarios del Programa de Ocupación para Jefes de Hogar (POJH) y del Programa de Empleo Mínimo (PEM). 

El sábado 25 de febrero de 1984 se realizó el tercer cabildo en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima. En ese momento se manejó la información de que al día siguiente iba a estar en la Plaza de Armas el dictador en el izamiento a la bandera al mediodía. Allí la participación de las mujeres fue fundamental, emergiendo nuevamente la figura de Rosa Muñoz Villegas. 

“Entonces, ahí yo dije: bueno, si somos tan valientes, mañana viene Pinochet, por qué no lo vamos a enfrentar. Ya, dijeron. Dijo di Giorgio… Ya, salgamos. Y nos vinimos a la plaza al otro día… Fue terrible y fue muy bonito también”, narró Rosa en una entrevista grupal a MUDECHI realizada por parte del Museo de la Memoria.

Paradojalmente, este domingo recién pasado Rosa volvió a estar al interior de aquella histórica iglesia de su Población 18 de Septiembre, pero no para desafiar al tirano Pinochet, sino para que sus familiares, vecinos, compañeros y amigos la despidieran en un responso antes de su último adiós.

“Es necesario rescatar a todos nuestros compañeros y compañeras que se jugaron la vida. En ese momento, abrir la boca era jugarse la vida. Amenazas, persecuciones, puntos fijos en la puerta de tu casa, amedrentamiento a tus vecinos, tu familia. Y ella enfrentó todo eso. Siempre hizo lo que quiso hacer, participó, apoyó, ayudó, una mujer totalmente comprometida con la causa. En esta época en que estamos, en un gobierno que piensa darle responsabilidades, tanto políticas como laborales, al hombre y a la mujer en igualdad de condiciones, creo que Rosa fue una rompe esquemas, Rosa fue una heroína. Compromisos de vida como el de ella son necesarios subrayarlos en el tiempo”, concluyó el militante comunista Manuel Aguilante Barrientos, quien estuvo presente en la ceremonia. 

Ya en el Cementerio Parque Punta Arenas, su compañera en la clandestinidad, Sylvia Ovando Alvarado, aferrada al mítico lienzo de MUDECHI, construido con los pocos recursos que tenían a la mano en aquellos tiempos (la funda de una almohada de su madre bordada a máquina), la despidió con unas palabras, acompañada de otra socia en silla de ruedas: “Siempre estuvo presente con su voz calmada, pero firme… Querida Rosa, descansa en paz, quedas en nuestro recuerdo y en nuestro corazón”.

Si bien Rosa Muñoz Villegas pasó en cama los últimos tres años de su vida, debido a una grave lesión que sufrió en sus caderas luego de resbalar y caer de un auto en tiempo de invierno, se las ingenió para decir presente en diversos programas radiales dando su opinión a través del teléfono cuando algo no le parecía justo. 

“Ella tenía muchas ganas de ir a votar, incluso me pidió si la podía acompañar, pero por las condiciones de salud en que estaba fue imposible. Mi mamá con este cambio que hubo después del estallido social se preocupó mucho sinceramente, porque ella decía que el empresariado, la derecha, no va a dejar trabajar al gobierno para hacer su proyecto”, cuenta su hijo Luis.

Finalmente, recuerda a su madre como “una persona que se entregó por los demás, con una ideología de ayudar al prójimo, de luchar por su clase obrera. Que todos tengamos el pan, ella siempre decía eso”.

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