Lunes, Junio 17, 2024

Crítica Literaria| Puro humo

Compartir

Un muerto en el camarín de Juan Cristóbal Guarello. Santiago: Zig-Zag, 2023, 152 páginas.

Este libro pretendió ser una novela de denuncia sobre el mundo del fútbol nacional, pero de denuncia no tiene nada. Un muerto en el camarín de Juan Cristóbal Guarello no es más que un recuento de chismes de poca monta envueltos en un pseudopolicial que no funciona por ninguna parte.

Denunciar a través de la literatura es legítimo, pero aquí claramente el autor confunde cautela con una actitud timorata. Porque no hay riesgo en su denuncia, a menos que para alguien sea un notición que algunos connotados jugadores son buenos para la parranda y que hay manejos turbios en las altas esferas del fútbol profesional.

El suicidio de un jugador de la Selección Nacional en un camarín de Juan Pinto Durán pareciera ser el eje de este volumen. Un centro falso, porque lo que de verdad le preocupa a la narración es la figura de Ángelo Rebottaro; un argentino que se ha hecho rico manejando el fútbol chileno. Su labor no solo es comprar y vender jugadores, sino que levantar una red de tráfico de influencias de gran altura, que logra tener incluso el control de la asociación nacional de fútbol.

Así, el suceso policial no es nada más que una excusa para desplegar el detalle pormenorizado del lujoso estilo de vida del representante y de un puñado de jugadores, una tropa irredimible de flaites que a duras penas puede hablar. Este aspecto es estrujado con saña por el narrador, quien, obviamente, sí poseería un habla señorial. Acusar los “errores” del habla popular, es decir desajustada a la anacrónica Real Academia de la Lengua Española, es un tema que solo sirve para marcar el desprecio hacia ese sector social.

Todas las individualidades son uniformadas por una mirada reduccionista. Los personajes no son más que meros estereotipos, planos, predecibles, sin posibilidad de matices. El autor posee un insuperable talento para el cliché. Con una naturalidad inigualable, surge una sarta de individuos caricaturescos y genéricos: el empresario argentino versero y corrupto, los futbolistas semianalfabetos y brutos, los trabajadores menores, como el utilero, representados como rotitos simpáticos y serviciales, los barristas animalizados, el policía en baja, pero con olfato.

De todo este circo decadente el único que se salva como personaje es el periodista ético y heroico, acorralado por un entorno infecto. Verdadero faro moral en medio de una tormenta de corrupción, despilfarro y estupidez.

El exceso de lugares comunes le resta cualquier atractivo a esta historia que pretendió mostrarse ruda y que terminó por no ser más que un desabrido charquicán de cahuines, conocidos por cualquiera medianamente informado. De novedad o de desenfado la novela no tiene nada. Es esa precisamente la gran caída de este volumen, que parte como un alarido y termina como un bostezo.

Para qué decir del contexto: nada, ni marco histórico ni problemas sociales ni vínculos con el ambiente político, nada. El fútbol es un territorio autónomo. Un mundo dibujado en base a patrones demasiado estables, que hace gala de machos acompañados de mujeres tontas y superficiales.

Sí, Guarello escribe de manera informada, pero acumula datos de manera compulsiva. Su prosa es recargada y profusa en comparaciones y adjetivaciones, una suerte de parloteo incesante de un narrador omnisciente que no posee ninguna gracia para saltar de una situación a otra. Su mayor despliegue técnico es cortar con un hacha y cambiar de tema. Aunque lejos lo más nefasto es su tono de predicador, implacable para mostrarnos qué es lo correcto y lo justo. Nadie mejor que “Él”, tiene el poder de decirnos la pura y santa verdad sobre el mal que infecta día a día al fútbol nacional.

Un muerto en el camarín es una novela que no funciona por ninguna parte, no está bien escrita ni es entretenida y tiene un tono acobardado a la hora de denunciar. Respecto al caso, el suicidio, hay que aguantar hasta las páginas finales para que el autor se digne retomarlo, lo que después de tanto desperdicio da exactamente lo mismo.

Patricia Espinosa
Patricia Espinosa
Patricia Espinosa, académica y crítica literaria.

Te puede interesar

Lo Último

¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medios de comunicación hegemónicos.