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Fanny Pollarolo: “Creo que, sin saberlo, fui feminista desde adolescente”

Recorremos junto a la reconocida médico psiquiatra y política chilena su histórica lucha contra la dictadura a través del movimiento ‘Mujeres por la vida’, su encuentro con el feminismo de ayer y hoy, y su activa confianza con el proceso de cambio que vive nuestro país.

De alguna forma, cada 8 de marzo es para Fanny Pollarolo Villa como volver a nacer. Celebra el inicio de un año más de vida tras su cumpleaños y se vuelca a las calles en una nueva conmemoración del Día Internacional de la Mujer junto a sus compañeras, como lo hacía en dictadura. «Ahí hay que estar», enfatiza.

Mucha cosas han cambiado desde aquellos años en que levantara junto a otras pares la trascendental organización Mujeres por la Vida, con el objetivo de exigir el fin de la dictadura, denunciar la violencia del régimen y demandar igualdad entre hombres y mujeres. De hecho, este 8M lo conmemorará a tres días de que el Presidente Sebastián Piñera abandone un gobierno teñido por un historial de violaciones a los Derechos Humanos no visto desde las cometidas por Augusto Pinochet, y asuma en su lugar Gabriel Boric, todo en medio de un proceso constituyente en el cual Pollarolo ha depositado activamente su confianza.

“Lo vivo como un privilegio: el de estar viva. Tengo 87 años. Yo sentía que estábamos muy estancados, nuestra política empobrecida, con dificultades brutales para poder hacer cambios. El último gobierno de Michelle (Bachelet) me renovó esperanzas, pero las dificultades, las trabas, seguían, y con el 18 de octubre y las nuevas generaciones se abre, se ilumina, y seguimos en un proceso que no se detiene tampoco con este virus que se instaló en el mundo”, reflexiona Fanny. 

La médico psiquiatra y ex diputada socialista se expresa con elocuencia cuando se trata de hablar de esos jóvenes de la revuelta de 2019 que menciona. “Les tengo un cariño enorme. Nos muestran de nuevo ese entusiasmo para que esta sociedad sea mejor, por arreglar las cosas, para que los dolores, las heridas que están, vayan dejando de estar”, apunta. 

Foto: @fspollarolo

“Y acá en Chile… las mujeres. Sí, las mujeres”, continúa señalando respecto a sus pares y la Convención. “Ya con este hecho tan relevante de que se haya instalado la paridad estamos demostrando una democracia mucho más amplia, mucho más democrática, que no solo es representativa, sino que también participativa. Estamos ya comenzando a vivir una democracia mejor, que no excluya a nadie, y ahí las mujeres somos grandes actrices”, profundiza.   

En ese sentido, narra que, tal como hicieron las convencionales en el Congreso ante la aprobación de la norma que establece una justicia con perspectiva de género, ella también celebró.

“La justicia no es justicia si no estamos todos representados ahí, y por lo tanto la paridad aparece como algo fundamental donde va a estar ese sentido que nos permite realmente constituir una democracia plena, como es la igualdad. La igualdad ha sido una gran aspiración, y el feminismo nace desde la desigualdad para que exista la igualdad. Y el sentido último de la justicia es igualar”, enfatiza.

Respecto a quienes se han opuesto a los avances en paridad o en equidad de género al interior de la Convención Constitucional, la médico psiquiatra sostiene que esto pasa porque “los patriarcas viven las tareas como poderes, no como una responsabilidad en quienes están encarando un deber, del Estado en este caso. Lo ven como un espacio de poder. Y eso también les dificulta el cambio, porque son de mentalidad conservadora, y quieren mantener las cosas porque su sentido de posesión es demasiado fuerte”.

Fue en 1983 que junto a la periodista, académica e investigadora vinculada a la Democracia Cristiana (DC), María Olivia Mönckeberg, Fanny Pollarolo fundó el histórico movimiento Mujeres por la vida. Lo que las decidió a tomar la iniciativa fue la inmolación de Sebastián Acevedo el 11 de noviembre de ese año en la Plaza de Armas de Concepción. Una protesta desesperada para exigir que la Central Nacional de Informaciones (CNI) le devolviera a sus dos hijos detenidos. 

“Se levantó desde el sentimiento de que no era posible quedarse pasivos frente al horror de la muerte, de la arbitrariedad en que nos encontrábamos”, recuerda la ex diputada PS sobre el nacimiento de la recordada organización. 

Fanny Pollarolo junto a Carmen Frei / Foto: Memoria Chilena

Y añade el siguiente antecedente:

“Los partidos políticos no lograron crear un frente antifascista, que fue lo que propuso el Partido Comunista en la década del ‘70. No se logró la unidad de las fuerzas opositoras. Entonces, las mujeres reaccionamos a eso, a que no era posible que continuara esta barbarie, esta brutalidad de la que todos estábamos conscientes; que los hombres fueran incapaces de unirse. Entonces, las mujeres nos unimos”. 

Por entonces Fanny Pollarolo militaba en el Partido Comunista, que estaba en la clandestinidad. El llamado fue a salir a la calle. “Para mostrar nuestra indignación, pero también clamándole a los hombres que también se unieran y que la ciudadanía se levantara”, enfatiza. Dicho proceso se tradujo en dos fenómenos que hoy la psiquiatra destaca: la unidad amplia de mujeres políticas y del mundo popular, independiente de los Partidos a los que pertenecían; y la maduración de una “doctrina feminista” que exigía -como hoy recuerda- “democracia en el país y en la casa”.   

En ese contexto, el 29 de diciembre de 1983, por ejemplo, fue un día clave para el movimiento de mujeres, cuando protagonizaron un masivo “Caupolicanazo” en el Teatro Caupolicán de Santiago. Posteriormente, en octubre de 1985, las Mujeres por la vida llevaron la consigna de Somos +, impulsada por la artista visual Lotty Rosenfeld, hasta una masiva concentración en el sector de Pedro de Valdivia, resistiendo la represión de Carabineros, quienes intentaron sin mucho éxito disolver la concentración con violencia y gases lacrimógenos.

Captura documental Hoy y no mañana

“Esa era la idea: emplazamos al dictador diciéndole ‘Somos Más’, porque esos grandes eventos eran organizados por todas las organizaciones de mujeres: las pobladoras, las sindicalistas. Nosotros proponíamos, pero era el conjunto el que convocaba a todas las mujeres para que en la calle dijéramos No + y Somos +. Esas eran nuestras dos grandes consignas”, rememora Pollarolo.

Captura documental Hoy y no mañana

El 8 de marzo del siguiente año, en 1986, sería igualmente emblemático en términos del logro de unir a distintas agrupaciones de mujeres en una recordada concentración por el Día Internacional de la Mujer en el sector del Parque Forestal, donde Fanny Pollarolo quedó inmortalizada al decidir encaramarse en el techo de un automóvil ante el resto de las manifestantes y dirigirse efusivamente a ellas. 

“Eran necesarias algunas palabras en que nos sintiéramos juntas. Lo estábamos, pero había que darle más fuerza a ese estar juntas. Yo sentía que alguien tenía que pararse. Era tan importante. Estábamos allá, veníamos acá y no nos encontrábamos. Sentí que había que buscar un lugar para pararse y hablarnos, y ahí se me ocurrió: tomar una bandera y llamar a la unidad política”, recuerda la ex parlamentaria en el documental Hoy y no mañana.  

Captura documental Hoy y no mañana
Captura documental Hoy y no mañana

En agosto de 1988 vendría igualmente la recordada intervención No me olvides, con la que recorrieron el centro de Santiago portando imágenes negras de tamaño real de desaparecidos hechas de plumavit; y en marzo de 1989 otra masiva concentración en el Estadio Santa Laura donde participaría igualmente Mujeres por la vida. Todas, connotadas intervenciones de mujeres en el espacio público como parte de la resistencia a la dictadura. 

Y probablemente sea toda esta icónica historia de resistencia la que ha hecho trascender en el tiempo el nombre de Fanny Pollarolo, convirtiéndola en un referente de las nuevas generaciones, sobre todo de las mujeres que hoy -como hiciera ella en medio del horror de la dictadura- reivindican el feminismo como su lucha.

Como ella misma cuenta, Fanny proviene de una familia de Linares, en la Región de Maule, de mujeres «muy tradicionales». Se crió con su madre, su abuela y una nana a la que recuerda como una persona «maravillosa». «Era una mujer que no sabía leer ni escribir, pero era una maravilla. De las cosas buenas que tengo, yo creo que son en gran medida las que ella me dio», enfatiza.

Sin embargo, sin perjuicio de ello, Pollarolo sintió la necesidad de ser distinta, de encaminar su vida hacia otros rumbos. «Yo de adolescente sentí que no iba a ser como ellas», recuerda.

«Fue un sentimiento; eso yo no llamé feminismo, porque no tenía idea. Y como a los 10, 12 años, comencé a sentir que yo francamente no me iba a quedar solo de dueña de casa y que me gustaban otras cosas, era buena alumna, me gustaba estudiar, leer. Y eso fue muy natural; tampoco me sentí una rebelde, para nada», profundiza.

«Siempre me sentí como independiente para decidir, pero de todas formas me casé y fui mamá muy joven, cuando estaba en segundo año de Medicina. Entonces, de alguna manera, yo creo que me quedé con las cosas de mi madre, pero siendo distinta, porque estudiaba Medicina, me interesaba la política, colaboraba con las Juventudes Comunistas, me casé con un hombre de izquierda, comunista; entonces me sentí contenta en ese mundo», añade la hoy médico psiquiatra.

Foto: Museo de la Memoria

“Yo creo que fui feminista, sin saberlo, desde adolescente. Pero ahí, en la calle, luchando contra la dictadura, cuando vuelven las mujeres feministas que habían salido al exilio, cuando comenzamos a conocer todas a Julieta Kirkwood -y bueno, nosotros tuvimos la enseñanza de la señora Elena Caffarena, yo estuve en su casa antes que muriera-, ahí uno se fue empapando de todo el sentido de esta doctrina humanista, de lo que hoy aprendemos también de nuestros pueblos originarios, del buen vivir, que es lo que levantamos hoy como una nueva forma de relacionarnos en la sociedad”, recuerda Pollarolo respecto a su acercamiento al feminismo.

Fue clave en ello la profesora Olga Poblete, destacada feminista y luchadora por la igualdad de las mujeres y los Derechos Humanos, con quien Fanny tuvo el privilegio de compartir. «Fue la primera que conocí (…) en un momento en donde en la izquierda había una postergación del tema de las mujeres. El cuento era que las demandas de las mujeres iban a ser solucionadas una vez que ya se instalara la democracia socialista, y por lo tanto por ahora debíamos seguir trabajando junto a los varones, con tareas políticas en común. Y si tú lo piensas, así fue: hasta después de la dictadura, en el Partido Comunista, en la Democracia Cristiana, y menos en la derecha por supuesto, si bien habían dirigentas y ministras -como en la Unidad Popular- no estaba el feminismo como en Europa, donde la ‘segunda ola’ ya era muy importante», explica.

A raíz de lo anterior es que Pollarolo sostiene que «yo no estoy entonces bien formada como feminista, me fueron educando después, me fui instruyendo, leí por supuesto a Julieta Kirkwood, pero fue sobre todo Mujeres por la vida las que más me han educado». Y agrega:

«Yo me siento como una activa participante, pero no una conocedora, una sabia. Ahora las chiquillas saben tanto, es increíble, yo aprendo mucho de ellas. Han incorporado mucho la doctrina feminista en su quehacer. Son muy sabias, muy sabias».

En ese sentido, esa es definitivamente una de las tantas características y búsquedas que a sus 87 años unen a Fanny con las nuevas generaciones de mujeres feministas, por quienes evidencia una profunda admiración y cariño.

“Yo las quiero mucho. De repente son muy puntudas, jajaja, pero las quiero mucho”, dice en tono festivo. Y continúa: “Soy muy cercana a las de la Coordinadora 8M. Están expresando luchas tan importantes contra toda forma de violencia. Son muchas organizaciones, y eso es como una red tan linda donde cada una tiene su propia identidad, su propia pelea, pero todas se coordinan, y en un momento dado van todas juntas, y discuten y se ponen de acuerdo. Yo creo en esa democracia donde lo particular, lo propio, lo específico, se une cuando es necesario para lo colectivo”. 

Leonardo Rubilar / Agencia Uno

“Esa cultura que nos impusieron del individualismo, de la competencia, de que el colectivo no existía; eso lo estamos superando. Hoy hay una pugna muy fuerte y vamos superando esa barbarie. Y ahí todas estas redes de mujeres lo demuestran, las que a su vez son también particulares. Nosotros somos individuos y al mismo tiempo somos también colectivo. Y las mujeres eso lo sentimos así, mucho más claramente que los hombres; a lo mejor porque podemos ser madres”, concluye al respecto.

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