Opinión

Una campaña de prevención en VIH/SIDA no sólo en deuda, sino una campaña nociva

La historia contada no dice relación con las escenas actuales de producción de ocio y deseo, de prácticas sexuales con “aditivos” que se promociona a través de las aplicaciones de citas, las fiestas temáticas, las escenas de fiestas tecnos y urbanas.

Al observar la primera entrega de la campaña comunicacional para la prevención del VIH/SIDA e ITS del Ministerio de Salud, comparto las observaciones críticas del activista Víctor Hugo Robles, publicadas el 16 de noviembre en “La Voz de los que Sobran”. Críticas que dicen relación con la obligación institucional de políticas públicas claras y oportunas en VIH/SIDA e ITS y que debieran desarrollarse sobre la base de una estrategia “bottom up”, es decir, de abajo hacia arriba, escuchando, considerando y validando con la población objetivo, como una práctica pertinente en la dinámica de políticas públicas o gestión de bienes públicos.

A la columna del periodista y activista conocido como “El Che de los Gays” le sumaría que esta primera entrega de miniserie de 8 minutos, su puesta en escena, el guion, y la actitud actoral, es absolutamente de nicho ‘demodé`. Basta observar la locación y el estilo “los ‘80” que le quisieron dar al capítulo para fortalecer entre difuminados de una tarde otoñal la escena idílica del «amor romántico», bien saben las compañeras feministas y el activismo en género y masculinidades lo que cuesta desentramar esa lógica patriarcal del amor romántico que ordena, mandata y violenta muchas veces, que manipula otras tantas y que fomenta la idea de posesión y obligación social tanto por y para la producción y la reproducción de la vida sujeta a mandatos y roles de género, tanto para cis heteros o gays , lesbianas y trans, en sus distintas denominaciones y nomenclaturas.

De esta manera, la miniserie o campaña oficial, nos muestra una pareja de profesores (escuela, educación, transmisión de saberes con base científica) en la cual dialogan una mujer adulta que viene de una furtiva noche de pisco sour y disfrute sexual por lo que se deja entrever, y, un hombre gay que busca fallidamente el amor romántico mientras corrige pruebas estudiantiles, bebiendo café, interactuando en plataformas virtuales de citas. 

El personaje vive con VIH y esto le resulta una barrera que no le permite completar su ciclo vital con la pareja idealizada, y cuando piensa que la encontró en un profesional de la veterinaria este le envía un mensaje ladrido “me hiciste perder el tiempo sidoso asqueroso”, el personaje atribulado acusa el golpe y se expresa “soy un virus con patas”. ¿De qué desestigmatización está hablando esta campaña?

Llama la atención que años de aplicación de metodologías bien fundamentadas, nacional e internacionalmente, no fomente la “comunicación entre pares” o “peer support”, que avanza significativamente en la comunicación de riesgo, la escucha activa, y el apoyo mutuo.

Si bien una amiga (biomujer) es parte de nuestras vidas y de los buenos consejos y apoyo, no me calza, que ella le enseñe a un gay a usar una plataforma de citas, donde la pericia para su utilización prácticamente fue creada desde el cruising callejero gay, post disque amistad 7001010 como arqueología del ligue homosexual que viene integrada en el chip, que busca, a decir de Lemebel “evacuar la calentura en el fragor de la noche”.  Como dispositivo grindr, de mascarita (anonimato) y característico sonido de notificación o “gruñido”, con geolocalización integrada: califica, clasifica y estratifica la búsqueda del ligue sexual (ábrelo en calles Mosqueto con Monjitas, en Plaza de Armas, en Providencia o en la Legua de Emergencia, El Cortijo o la San Gregorio, depende del gusto, todo a la carta) pero sin duda en todas las zonas más o menos encontraras la dinámica sexo y drogas el emprendimiento de la venta de drogas oferta sus “certeros” desde la weed, al tussi, de la coca a las pilas, junto con el buffet sexual a gusto de consumidor neoliberal, escasea la búsqueda de relación seria y conocer gente para posible relación, la gran masa busca sexo casual, con “PREP” y “aditivos” (drogas principalmente sintéticas) por tanto, nuestro personaje profesor busca una aguja en un pajar y seguirá en una eterna desilusión.

Es importante destacar que para la mayoría de gays y trans que conocen estas aplicaciones, el VIH no es tema -y menos el SIDA-, no hay que subir archivo pdf con el último test serológico, sino más bien, expresar en mayúscula que usa PREP o informar su última fecha de examen con resultado negativo ‘que anda tu a saber su veracidad’. En esa y otras plataformas importa el físico, la extrema materialización de masculinidades hegemónicas y homonormativa, que reifican la blanquitud, la juventud, musculatura tatuada y la lozanía del skincare, y sobre todo el rol activo univoco y que se anticipa con gran pene como valor de uso y cambio y no esta idealización donde “las redes están de moda” o “las aplicaciones son lo último” en búsqueda del amor esquivo.

De esta manera la pieza de la campaña, sostiene extrañamente un status quo con una temática que pudo haber sido tratada de una manera más directa, con sentido actual de las fluidez de las comunicaciones en redes sociales con un target más apropiado en concordancia con la evidencia sociocientífica, así como considerar los cambios paradigmáticos de pensarnos sujetas y sujetos posthumanos (postTAR), los avances en la profilaxis (Prep y PP), avances de los derechos de gays, lesbianas y trans, las nuevas lógicas posidentitarias que rompen los esquemas binarios del género, los estudios sobre masculinidades, los cambios conductuales en la forma de comprensión y prácticas sexuales, la constante variación y masificación de consumo de drogas asociadas a prácticas sexuales  (tusi, mdma, lsd, cocaína, mariguana, etc.) .

Ni una sola de estas menciones de cambio cultural es considerada en la estrategia de información, educación y comunicación, que suponemos, enmarca esta campaña 2024 en su primera e inaugural entrega telecomediada.

En una reciente investigación no nata sobre «Chemsex» (sexo químico), pionera en Latinoamérica que el Ministerio de Salud «abortó» a tan solo cuatro  meses de su inicio, luego que los titulares en portada del diario La Tercera escandalizaban sobre “dineros públicos para investigar sexo y droga», un grupo de profesionales de las ciencias sociales, estaba desplegando metodologías para ahondar en los cientos  de jóvenes y adultos que «consumen» plataformas virtuales de citas para sexo, y que participan de fiestas populares de encuentros sexuales anónimos «cruising protegido» para prácticas sexuales potenciadas por el uso de sustancias (drogas de síntesis principalmente) que redefinan las intimidades sexoafectivas y suman un alto riesgo de adquisición del VIH e ITS al bajar la gestión de riesgo y el no uso de preservativo o condón, por falta de información y campañas específicas para estas poblaciones.

Es decir, la historia contada no dice relación con las escenas actuales de producción de ocio y deseo, de prácticas sexuales con “aditivos” que se promociona a través de las aplicaciones de citas, las fiestas temáticas, las escenas de fiestas tecnos y urbanas.

La serie y su trama son intimistas y si bien podría ser útil para dialogar y profundizar frente a la serología y sus vicisitudes, a nivel pedagógico en talleres formativos dictado por el relator de turno, dista mucho de ser una campaña masiva de concientización y cambio de conductas para la reducción de riesgos ante el VIH e ITS.

Este desconocimiento para organizar una pieza comunicativa para la prevención del VIH/SIDA e ITS que aumentan diariamente en nuestro país, los cambios en las prácticas sexuales, la necesidad de reinstalar el uso del preservativo pene/vagina, la comunicación de riesgo tanto sexual como de consumo de sustancias, solo nos deja pensar que el área de VIH/SIDA del Ministerio de Salud carece de asesoría experta, no escucha a las organizaciones, no dialoga con nuevos saberes y retrocede sorprendentemente a estado cavernario.

Esta campaña, revictimiza, informa confusamente, “soy indetectable”, le dice el gay treintón a un hombre de sobre 60 años que replica “yo me puse la COVID”. Nadie entiende nada, y que decir de estigma y discriminación ya vimos que de eso lo contrario; todo esto apañado en la soledad de un café otoñal, con la mano de la amiga acurrucando una idea de ‘tate tranquilo’, para luego enseñarle a buscar “gente digna”, alguien para ti, cual bruja de cuento pasando la manzana envenenada, al fondo sentado de pierna cruzada y sonrisa fresca en el taburete de la barra un chico solitario mira su teléfono y sonríe… Tal vez el profesor encontró el amor y ese alumno aventajado, supere al profe derrotando el amor idealizado para terminar juntos y revueltos en una orgía de cuarto oscuro inhalando Popper y jalando tussi al ritmo incansable del electroregeton sin condón.

Como corolario, cero mensajes finales que fomente uso del preservativo, prácticas no penetrativas, ni mucho menos, advierte informando sobre la reducción de daños y riesgos en la asociación drogas y sexo.

Esta campaña no sólo está en deuda, sino que además resulta ser, si me apuran un poco, nociva.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Extor Guillermo Núñez
Sobre la autora / el autor
Extor Guillermo Núñez
Etnógrafo sociocultural chileno. Residente en El Salvador.
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