Un Club sin memoria, es un Club sin futuro
El Matador no ha dejado de ser el excelente futbolista que fue, ni dejará de cautivar a jóvenes que querrán seguir sus pasos, pero algo se fracturó el domingo. Y así como las graderías del Estadio Nacional, los chunchos y los de izquierda no olvidaremos el lado que eligió Marcelo Salas. Porque un Club sin memoria, será un Club sin futuro.
Me encantaría decir que con dos días desde las presidenciales ya es tiempo suficiente para empezar a digerir ciertas cosas, pero honestamente creo que hay algunos asuntos que simplemente no podemos dejar pasar. Muchos rostros del mundo político, del espectáculo, de las artes o la academia decidieron hacer público su voto, a sabiendas de lo que ello significaría para el proceso eleccionario. Alcance más o alcance menos, cada llamado a votar por un candidato determinó cómo las personas -comunes y silvestres como una- perciben a sus ídolos.
Y yo, que soy chuncha y de izquierda, no puedo dejar de pensar en el ídolo del Club Universidad de Chile, José Marcelo Salas Melinao. Más conocido mundialmente como El Matador, Marcelo Salas se posicionó desde lo futbolístico como uno de los más grandes referentes del Club, junto con su compañero Leonel Sánchez. Y es que Salas, tan condecorado en el ámbito local y en el extranjero, logró cautivar a los hinchas, inspirar a otros futuros jugadores y alegrar a una nación con su desempeño excepcional en los procesos clasificatorios a Copas del Mundo, en los mismos certámenes, en Sudamericanas, Libertadores, entre tanto otro merecido reconocimiento.
Pero incluso en el fútbol, no todo es fútbol. La Universidad de Chile ejerce localía hace décadas en el Estadio Nacional, el cual fue un centro de tortura durante el primer año de la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet. Ese mismo estadio que nos ha visto conseguir y soñar por más campeonatos, es el que también alberga una profunda herida que se ha mantenido a punta de silencio y negacionismo.
Más de 40.000 personas fueron detenidas en el principal recinto deportivo de nuestro país y allí se torturó, violó, mató y desapareció a hombres y mujeres, chilenos y extranjeros, sin ninguna piedad. Ese mismo estadio que hoy en día contiene un museo que se encarga de rescatar la memoria nacional para que la gente conozca la realidad política que envuelve al Estadio Nacional.
Yo no sé Marcelo Salas en su retorno a la U se habrá tomado el tiempo para mirar de frente a la Galería Norte cerrada con un mensaje claro: “Un pueblo sin memoria, es un pueblo sin futuro”. Desconozco si en algún momento el solo hecho de pensar en las torturas y en los desaparecidos le habrá removido algo dentro. Pero lo que sí podemos saber, es que eso no fue suficiente para comprender lo que estaba en juego este domingo. El candidato apoyado por Marcelo Salas, José Antonio Kast, era la alternativa del Pinochetismo, del silencio y de la impunidad.
Y con esto no hago más que preguntarme a dónde fue a parar el rol social y político del fútbol. Cómo se logró desmantelar ese sentimiento de lealtad hacia el pueblo, hacia los barrios y hacia la gente. La lucha política del fútbol no solo se encuentra signado en las dirigencias deportivas, sino en sus afiliados y en sus jugadores. Un club de fútbol, sin importar cuál sea este, configura la identidad de miles de hinchas y sus familias, moldeando los contextos sociales en los que comparten con otros. Y así también nace la magia, el testimonio, los ídolos, los presidentes corruptos, el odio a las S.A y la lucha incansable por devolverle el fútbol a la gente.
Lo del domingo me ha tenido pensando en cuánto hincha azul fue ejecutado o cuanta bullanguera fue atacada sexualmente en dictadura. ¿Dónde está la consecuencia de quienes celebraron goles, ganaron millones y aseguraron su vida en un centro de tortura? ¿Cómo puede ser posible que la construcción de los ídolos en Chile solo esté mediada por su desempeño laboral y no se considere su tendencia política como un factor clave?
El Matador no ha dejado de ser el excelente futbolista que fue, ni dejará de cautivar a jóvenes que querrán seguir sus pasos, pero algo se fracturó el domingo. Y así como las graderías del Estadio Nacional, los chunchos y los de izquierda no olvidaremos el lado que eligió Marcelo Salas. Porque un Club sin memoria, será un Club sin futuro.
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