Opinión

Santiago, te amo: El pueblo en la Alameda nuevamente

«Santiago te amo» fue una muestra de que la cultura sigue siendo un terreno de disputa, pero también de esperanza.

El fin de semana, la Alameda fue testigo de un acto masivo que recordó la importancia del espacio público como un escenario legítimo para la cultura, el arte y la libertad. «Santiago te amo» no fue solo un evento, fue una demostración de que la ciudad sigue viva cuando su gente se apropia de sus calles, cuando el arte toma la palabra y cuando las voces que incomodan a los poderosos encuentran un eco inquebrantable en el pueblo.

Lo primero que este acto nos recordó es que la cultura debe ser accesible para todas y todos. En tiempos donde los espacios culturales se privatizan y la oferta artística se concentra en circuitos comerciales, la posibilidad de disfrutar de espectáculos de alto nivel sin costo es un acto de justicia y democratización. Anita Tijoux, MC Millaray y Pablito Chili-e no solo brindaron música; ofrecieron mensajes de lucha, memoria y resistencia que llegaron directamente al corazón de quienes los escucharon. El arte popular no es solo entretenimiento, es también un derecho y una herramienta de transformación social.

En segundo lugar, la Alameda volvió a llenarse de gente. Durante años nos han querido hacer creer que la movilización se agotó, que la calle ya no es un lugar de encuentro ni de expresión política. Pero una vez más, quedó demostrado que el pueblo sigue presente, que Santiago vibra cuando las personas se toman su ciudad y que la calle sigue siendo un espacio legítimo para exigir, celebrar y transformar.

«Santiago te amo» fue, en ese sentido, un recordatorio que las calles son del pueblo que solo espera el momento de volver a estallar en energía, en comunidad y en esperanza.

Y finalmente, no podemos ignorar el trasfondo político de este evento. Los ataques y censuras hacia artistas como Tijoux, MC Millaray y Pablito Chili-e por parte de sectores “libertarios” y republicanos tienen menos que ver con la libertad de expresión y más con un clasismo profundo que rechaza los discursos que vienen desde abajo, desde lo popular. Lo que incomoda no es la música ni el arte en sí, sino las ideas que representan: la resistencia de los pueblos originarios, la crítica al sistema, la voz de las periferias y la denuncia de las injusticias. Que estas y estos artistas hayan sido protagonistas del evento es, en sí mismo, un acto de reivindicación y de defensa de la cultura como espacio de resistencia.

«Santiago te amo» fue una muestra de que la cultura sigue siendo un terreno de disputa, pero también de esperanza. Mientras haya quienes sigan llenando las calles con música, con palabras y con convicciones, habrá un Santiago que late, que lucha y que no se rinde. Porque ocupar el espacio público es ejercer el derecho a la ciudad, porque la gente sigue llenando la Alameda y porque la cultura es nuestra y no de quienes buscan acallarla.

Santiago, te amamos.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

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