Opinión

¿Qué podríamos esperar de un gobierno de Boric?

La respuesta ofrecida por el FA, se trata de “hacer las cosas bien”, el asegurar la “eficiencia” y basar sus postulados en “buenos ejemplos de política comparada”, que en conjunto buscan darle un rostro más humano al mismo modelo, pero con una versión renovada, entusiasta y muy bien documentada.


Con el aplastante triunfo de Gabriel Boric Font, sobre el candidato de la extrema derecha, se viene un proceso de conformación de un gobierno que obviamente busque cumplir con las promesas de una campaña que, a pesar de declarar buenas intenciones por parte de la derecha, ésta la enlodó en la beligerancia de sus partidarios que no se cansaron de mostrar lo más rancio de su pensamiento y realidad.

Pero ya superada esa penosa etapa, el pensar las características del nuevo gobierno, a mi juicio, no puede ser realizado con las claves tradicionales de las ciencias sociales o políticas, ya que el electo presidente no apela a definiciones finas de un modelo político, buscando reproducir cierta coherencia en base a supuestos o principios como guía normativa de sus modos organizacionales, por más que ciertos columnistas o académicos le han buscado todo tipo de filiaciones, desde un delirante troskismo, a un “tierno” acto de remisión al Podemos de Errejón y Moufe. En realidad, se trata de un ejercicio de elección de propuestas de política pública, más o menos ordenado desde un fondo que les da sentido y que organiza al FA.

Así es muy relevante poner los pies en la tierra y orientarse a comprender que el FA, organiza sus propuestas en torno a dar sofisticadas respuestas técnicas como fuente de validación de su quehacer. Este modo que aglutina al FA surge, ante la ampliamente estudiada crisis de los sistemas políticos liberales que han estado en demasiada connivencia con el neoliberalismo.

Digamos esto de manera rápida, el consenso que existe sobre la crisis política mundial es la pérdida de certezas respecto de las condiciones de vida para la población en general por parte del modelo de Estado organizado por la lógica liberal, esto es, las garantías de la democracia representativa, los derechos meramente individuales y focalizados, el modelo de acumulación capitalista como “vía regía” para asegurar el acceso de las personas a una calidad de vida digna, servicios sociales generales restringidos por la capacidad de pago (vivienda, salud, educación, etc.), entre otras características que son fuente de precarización de gran parte de la población, generando desigualdades siderales entre ricos y pobres. Sin embargo, estas propuestas si bien están muy bien argumentadas, tienen el problema de hacer poco sentido en el sujeto de a pie, del que poco conocen en sus penurias, quedando sus medidas muy descolocadas frente al sentido general de la población (sobre todo en América Latina) que suele tener una opinión mucho más ajustada de la crisis y sus consecuencias a nivel local.

Así en la respuesta ofrecida por el FA, se trata de “hacer las cosas bien”, el asegurar la “eficiencia” y basar sus postulados en “buenos ejemplos de política comparada”, que en conjunto buscan darle un rostro más humano al mismo modelo, pero con una versión renovada, entusiasta y muy bien documentada. El diagnóstico está muy en sintonía con los centros de poder académico (del primer mundo dónde la mayoría se formó) que dictan los modos de comprensión de estos problemas, y también sus propuestas, las que suelen ser de muy corto alcance, ya que, a pesar de comprender que es el modelo, el que genera la crisis permanente, insisten en darle “arreglos” más o menos profundos, pero no una radical transformación en claves nuevas.

Aquí además no cabe extremismo alguno más allá de las caricaturas que se han hecho sobre el FA. Por lo que no sería posible esperar un amplio diálogo social, con las “masas movilizadas en la calle”, si no que más bien le hablarán a la misma elite a la que pertenecen. La misma elite a la que le habló la Concertación y la Nueva Mayoría al punto de mimetizarse.

Pero ¿es posible considerar al FA como una izquierda elitizada con poca calle?. Desde el primigenio y fallido experimento de “colaboración crítica” en el MINEDUC (antes del FA) en que más bien actuó como una pequeña casta con acceso al poder, hasta el poco celebre paso por la administración municipal de providencia, en que más bien su participación de manera paradojal fue muy restringida, y terminó por “beneficiar” a solo algunos de sus personeros, lo que tenemos es un cuerpo político que aspira al reclutamiento de “técnicos” más que a amplias masas de personas, y a un diálogo entre elites que han realizado recambios generacionales, no entre distintas “clases”.

Alguien podría argumentar que eso fue el pasado, pero lo presentado en los municipios que actualmente administra, sigue un fuerte modo gerencial instituido en una forma de entender la política como un sofisticado sistema de entregar soluciones a los vecinos, con harto “terreno” clientelar, sin proponer el cambio en la relación de poder entre comunidad y gobernantes (la vocación de la izquierda) asegurando un comportamiento político de gestión que, en su máximo entusiasmo, adoptaría un carácter reformista de su gobierno. En definitiva, el FA buscará “hacer funcionar” lo mismo que funcionó por años en los gobiernos liberales de Europa o Norteamérica, con logros que, para la realidad nacional, son muy necesarios y ampliamente esperados.

¿Y el rol del PC?, será más bien de complicidad acrítica ya que, el lugar ganado en los últimos años a pesar del anticomunismo aún presente en nuestra sociedad, lo han obtenido a punta de iniciativas de social democracia en una comuna con muchas necesidades. Han sido relativamente eficientes en dar respuesta técnica a necesidades como pretende hacer el FA, pero tampoco han establecido una relación de poder en que se amplifique en su base la participación en la toma de decisiones a nivel sustancial.

Así a pesar de la visión delirante de la extrema derecha que ve una clase de comunismo en todos lados, o de la exagerada reacción de los medios que le han querido dar una base popular al triunfo de Boric, lo que tendremos es una forma de entender la política de manera tecnocrática, sin excesos, elitizada, con buenas ideas, y que buscará sostener su gobierno ofreciendo indicadores de gestión de primer mundo, pero que en lo concreto necesitará a la “vieja política”, la misma que despreció en reiteradas oportunidades desde sus inicios, pero que le ayudó en todos sus logros electorales, para desmontar la realidad de un parlamento poco colaborador con el proyecto elegido por la amplia mayoría, o en guiar ministerios que deben validarse en la opinión pública antes que en sendos grados académicos. Ni más ni menos podemos esperar, sostenido no en lo que quisieran, si no en lo que ya han hecho.  

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

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