Opinión

 Palestina y la luna

La Flotilla Global Sumud ha producido un efecto decisivo: recordarle al mundo que Palestina sigue bajo asedio. Junto a ello, otro asunto ha tenido lugar que, aparentemente, nada tendría que ver: la misión Artemis 2 y su tripulación, sobrevoló por el lado oscuro de la Luna. ¿Qué relación pueden tener ambas situaciones? Ante todo, que tanto la Flotilla como Artemis visibilizan un “lado oscuro” que por distintas razones no podía ser visto: Palestina porque los medios desplazaron su centralidad por la guerra con Irán y el lado oscuro de la Luna por el simple fenómeno astronómico de que el satélite natural carece de rotación.

Tanto la Flotilla como Artemis muestran lo oculto (Palestina en un caso, el lado oscuro de la Luna en otro), sea por las razones que imponen las fuerzas políticas o la física de las fuerzas astronómicas, ambos han dejado expuesto lo que permanecía oculto. Dos lados oscuros: uno que políticamente no debía mostrarse (Palestina) y otro que había permanecido astronómicamente oculto (Luna). Ambos, son espacios donde “fallan las comunicaciones” (en diverso sentido) y parecen estar en completo silencio (Gaza silenciada, la Luna en silencio).

Sin embargo, a pesar de esta inicial convergencia, persiste una contraposición entre los dos proyectos: la colonización. La Flotilla Global Sumud arranca para romper el cerco impuesto por Israel sobre la Franja de Gaza con el simple objetivo -que suele olvidarse- de que pueda ingresar ayuda humanitaria a dicha zona.

De esta forma la Flotilla está directamente involucrada en impugnar el régimen colonial israelí y su proceso forma parte del conjunto de resistencias que han tenido lugar desde 1948 contra la nakba. Artemis 2, en cambio, también está involucrada al interior de la cuestión colonial.

Pero a diferencia de la Flotilla, Artemis es un proyecto orientado a colonizar el espacio exterior, construyendo bases espaciales alrededor de la tierra otra en la Luna como escala para llegar a Marte. Todas las corporaciones privadas involucradas en la NASA -incluida esta misma Agencia- tienen el objetivo de colonizar la Luna y extraer de ella recursos fundamentales para la industria. En el caso de Artemis se trata, por tanto, de un proyecto de colonización para el cual aún no existe una “Flotilla” que pretenda impugnar el capitalismo espacial impulsado por la NASA. En otros términos, Artemis 2 es el Israel del espacio exterior.

Atendamos a la cuestión de los nombres: la Flotilla recibe el nombre palestino de “sumud” que, intraducible literalmente al castellano, se puede expresar en los términos en los que existir coincide sin fisuras con resistir. La resistencia no sería una excepción a la vida cotidiana sino que, precisamente porque la colonización sionista sobre Palestina es totalitaria puesto que envuelve todos los aspectos de la vida nativa -incluso los más mínimos- ésta se traduciría en un modo de existencia permanente. Existir, para los palestinos es resistir y viceversa. La Flotilla intenta romper el cerco sionista y entregar ayuda humanitaria a los miles de palestinos encerrados en Gaza, convertida en un campo de exterminio.

Por otro lado, el proyecto de la NASA fue bautizado como Artemis 2, nombre de una diosa griega, hija de Zeus, cazadora y virgen, que resguarda a los animales y la naturaleza que, a diferencia de su hermano Apolo que era simbolizado bajo la figura destellante del sol, ella lo fue bajo la de la Luna. Artemis es la diosa de la Luna, diosa protectora de la naturaleza como si, a diferencia de toda misión colonial terrestre propia del siglo XIX, orientada a destruir a la naturaleza, ésta misión tuviera el objetivo “femenino” de protegerla, mantenerla “virgen”. Sin embargo, “protegerla” es aquí una forma de capturarla. Transformar un espacio lunar en “sagrado”, es decir, privarlo del uso para mantenerlo disponible para su futura explotación.

Toda narrativa colonial siempre ha sido la de la superioridad y el “bien”. Artemis 2 vendría a proteger, o si se quiere, salvar al espacio lunar. Pero en este sentido, no podemos no recordar cómo el proyecto colonial británico en Palestina, instalado previo al israelí, justamente planteó el territorio palestino bajo la figura jurídica del “protectorado” cuya fórmula se resume a que un Estado más fuerte (Gran Bretaña) asumía la defensa del más débil (Palestina). Punto crucial: Artemis es el nombre de la protección, si se quiere, de la seguridad, el momento de apropiación de tierras espaciales en que las grandes corporaciones planetarias desencadenan una empresa colonial para asegurar su capital. Frente al “sumud” del lado oscuro del mundo (Palestina), Artemis 2 impulsa la “colonización” del lado oscuro de la Luna.

La Flotilla Global Sumud usa un nombre árabe para designar su tarea. Artemis 2 lo hace con un nombre griego. Históricamente toda la construcción del imaginario europeo (blanco) que hoy se expresa en los Estados Unidos, tenía su referencia en “Grecia” como la supuesta cuna de la civilización occidental en explícita diferencia con los árabes y judíos que, los propios europeos, en función de una lectura geopolítica y racial del Génesis bíblico, calificaron con el inventado término “semita”.

“Semita” (tomado del hijo de Noé “Sem”) es un sujeto racial construido en el siglo XIX en explícita contraposición a la noción de ”ario” que también definía al sujeto racial europeo que hoy se expresa en la diferencia nominativa entre “Sumud”, la resistencia palestina como forma de vida y “Artemis”, la colonización “blanca” y griega del espacio exterior.

En la contraposición entre la Flotilla y Artemis se juega una máquina mitológica, aquella que el siglo XIX ya constituyó al dividir arbitrariamente el mundo entre arios y semitas, entre los que mandan y son investidos de luz y los que solo deberían obedecer siendo el lado oscuro del planeta. 

Sea para desmantelar la colonización en la tierra, sea para desplegarla en el cielo, la Flotilla Global Sumud se entronca con la misión Artemis 2 por motivos exactamente opuestos, pero remitidos al mismo problema: la colonización del lado oscuro. Sea Palestina, el lado oscuro del mundo, sea en el espacio exterior, el lado oscuro de la Luna.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Rodrigo Karmy
Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medios de comunicación hegemónicos.