Las brutalidades de Checho Hirane y el oportunismo de La Red

Gutiérrez y su gente construyeron una contraprogramación, luego del estallido social, que si bien ha estado marcada con lo que podríamos llamar ideas progresistas, más que nada insistió en alojar todo tipo de reclamo, grito estridente, incluso de esa derecha que se sentía al margen de la “oficial” (aunque ambas, en el fondo, comparten básicamente la misma premisa ideológica), representada por Hirane y todo personaje que desde un comienzo apostó por la figura de José Antonio Kast para presidente de la República.

Debido a unas declaraciones en las que Checho Hirane, humorista y comunicador, en su programa de Radio Agricultura llamó al empresariado a obstruir las acciones del futuro gobierno que él considera “malas para el país”, es que el otro medio en el que trabajaba hasta la semana pasada, La Red, decidió terminar su contrato antes de tiempo.

Como siempre sucede con hechos como estos, hubo quienes felicitaron al canal por tomar una decisión política en contra de lo que algunos vieron como un llamado a la sedición, y también personas que acusaron censura de parte del canal privado, llevando, obviamente,  más allá el argumento al extremo de vaticinar, con esto, un futuro oscuro para la libertad de expresión en los próximos años de la administración de Gabriel Boric. Estos últimos sujetos, lógicamente, pertenecen a ese grupo que se autodenomina patriota.

Si uno se detiene en las palabras de Hirane, claramente son antidemocráticas por llamar a un poder de facto, de empresarios que se eligen entre ellos, a poner trabas a un gobierno electo bajo todas las instancias legítimas que un estado de derecho establece. Según este personaje de la ultraderecha, un gremio, sin más validez que la de tener integrantes dueños de grandes empresas, puede establecer qué es bueno o no para Chile, pensando primero en lo que cree que es bueno para una elite económica; idea que determinó el raciocinio político chileno por años, pero que no por eso resulta más aceptable. Menos en días como los que vivimos.

Sin embargo, parece un poco cínico extrañarse de esto cuando contrataste a una persona casi por las mismas razones. Es raro, o al menos un poco oportunista, por decirlo de alguna manera, jugar al héroe cuando sabes que hay un terreno propicio para hacerlo sin obtener más que halagos.

Es cierto, es televisión, y en momentos como estos debes jugar para ser aceptado por el clima  tajante y líquido que mueve la opinión de las redes sociales, lo que Víctor Gutiérrez, con la nueva programación del canal que dirige, ha hecho a la perfección. Pero a veces hay que detener los sueños épicos cuando estos tienen el peligro de transformarse en pesadillas.

Gutiérrez y su gente construyeron una contraprogramación, luego del estallido social, que si bien ha estado marcada con lo que podríamos llamar ideas progresistas, más que nada insistió en alojar todo tipo de reclamo, grito estridente, incluso de esa derecha que se sentía al margen de la “oficial” (aunque ambas, en el fondo, comparten básicamente la misma premisa ideológica), representada por Hirane y todo personaje que desde un comienzo apostó por la figura de José Antonio Kast para presidente de la República. Y una de las particularidades de esa derecha es precisamente decir todo tipo de brutalidades como si fueran el sentido común.

Por lo que, antes de levantar todo tipo de héroes o luchadores por la democracia, a veces hay que aterrizar un poco los argumentos y ver que muchas acciones están más cerca del simple aprovechamiento de la ocasión, que de algún interés superior. Porque eso a veces no es más que una excusa para quedar en el lado correcto de la historia

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