Opinión

La Tarea

Frustración del progresismo porque, al parecer, recién advirtió que la derecha sigue siendo pinochetista, que sigue anclada en 1973. Que no han pedido perdón, que no se han renovado, que el liberalismo o el republicanismo popular, fueron solo señuelos de cartón; que, como en una pesadilla, les irrumpe la pregunta ¿cuándo tendremos una «derecha democrática»? -una pregunta tan europea, si se quiere.


 Cierta desazón inunda al progresismo. Curioso ánimo que vuelve a surgir con relativa fuerza después de la segunda vuelta presidencial: se trata del hecho de que, en medio del proceso eleccionario y en contra de todos los proyectos de derechas en disputa, la derecha en pleno -al menos de modo oficial- se sumó rápidamente a la candidatura de Kast.

Frustración del progresismo porque, al parecer, recién advirtió que la derecha sigue siendo pinochetista, que sigue anclada en 1973. Que no han pedido perdón, que no se han renovado, que el liberalismo o el republicanismo popular, fueron solo señuelos de cartón; que, como en una pesadilla, les irrumpe la pregunta ¿cuándo tendremos una «derecha democrática»? -una pregunta tan europea, si se quiere. Tan poco digna de estas tierras salvajes, tan ajena respecto de la historia de Chile y de los países vecinos, tan pequeño burguesa, a fin de cuentas.

Al contrario, habría que preguntarse porqué no tenemos esa derecha soñada por el «progresismo» (justamente, es el progresismo el que ha soñado esa derecha, no tanto la derecha misma). Y la respuesta es simple y materialmente brutal: la derecha política es la fuerza de una oligarquía hacendal que, con el apoyo de los EEUU, se tomó al Estado de Chile por asalto en 1973. En este sentido fue la vencedora. Entonces, ¿por qué debería pedir perdón? ¿por qué tendría que ajustarse a la «democracia» (esa noción liberal de régimen político que hoy experimenta su reverso tanático por todo el mundo) si la Constitución era SU Constitución, si el sistema económico era SU, sistema económico, si el sistema político era SU sistema político, impuesto gracias al asalto de 1973? ¿por qué debería responder ante la justicia si ella venció, es decir, si ella estableció los criterios mismos de lo que debía considerarse justo? Todo su régimen ha sido el de la impunidad institucionalizada, la injusticia como proyecto total, la devastación de los pueblos como premisa para el futuro.

Así, pues, ¿qué derecha liberal? ¿qué derecha democrática o liberal puede haber, cuando la elección del pasado domingo 19 no fue otra cosa que la desactivación pasajera, pero desactivación al fin, de la renovación de tal proyecto, de la restitución oligárquica y la profundización del pinochetismo como vanguardia política orientada a aplastar la lucha de clases y su imaginación popular? Solo habrá derecha «liberal» cuando el proyecto total de la hacienda sea destruido, cuando 1973 sea un amargo recuerdo que ya no salpica sangre al presente, cuando sea una pieza absurda en la historia de la infamia.

Pero para eso, no necesitamos de los sueños moralistas del progresismo que imagina una «derecha liberal» o un “centro político” como motor inexistente del triunfo presidencial, sino la intensidad de la imaginación popular, su movilización que para la segunda vuelta advirtió la amenaza del fascismo abrazando al presente y alcanzando al triunfo necesario. Lanzarnos a la stasis en curso -no neutralizarla- y hacer retroceder sin vacilaciones –aunque con inteligencia- al proyecto hacendal impuesto en 1973, constituye la tarea política más decisiva que nos exige la revuelta. Lejos de ser el pasado, ella es la incandescencia de lo porvenir.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Rodrigo Karmy
Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.

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