La soledad de Izkia

Hay una soledad que parece más fuerte que las ganas que Izkia tenga o no de llevar a cabo la tarea encomendada desde el 11 de marzo; hay una incomodidad más fuerte que cualquier intención de hacer como si no existiera. Y eso, en política, se soluciona con más política, articulando nuevamente las relaciones al interior de La Moneda.
Foto. Agencia Uno

                                           

Izkia Siches ha estado en el ojo público estas últimas semanas, primero por la fallida visita a Temucuicui, luego por la polémica con algunos parlamentarios de la oposición en Argentina por ocupar el término Wallmapu, debido a que ese terreno incluiría territorio trasandino, y en estas horas particularmente por una acusación que hizo en contra del gobierno de Sebastián Piñera y una supuesta expulsión de venezolanos que, según antecedentes que ella decía manejar, había sido falsa porque las personas que estaban en el interior del vuelo habrían vuelto a tierra nacional.

Luego del desmentido de su antecesor, Rodrigo Delgado, por redes sociales, Siches rectificó la información y aprovechó de pedirle perdón a los involucrados. En los días que corren se agradece que haya gente que se haga cargo de algo, luego de cuatro años en que se declararon guerras, se acusaron ataques castrochavistas sin comprobar, y nunca se reconoció haber mentido y profundizado más la crisis en la que vive el país. Sin embargo, eso no exculpa lo visto y escuchado, ni menos la poca prolijidad en que se está actuando en varios frentes.

A Izkia se la ve incómoda hace bastante rato y vale la pena preguntarse por qué. ¿Será la poca experiencia en un cargo de estas magnitudes o hay algo más? Todo parece señalar que esto es más de fondo que la adecuación o no a un cargo; tiene que ver con su posición de poder en un comité político en el que la mayoría, salvo ella y Mario Marcel, tiene una complicidad en luchas estudiantiles, pero sobre todo en lo que podemos llamar la realpolitik.

Quiero decir con esto que Siches no parece estar en la misma sintonía que su generación, porque su liderazgo es más bien autónomo y no está empapado de cierto espíritu colectivo que ha marcado a toda la camada de nuevos gobernantes.

Se podrá decir que Boric ha dejado que sus ministros se desplieguen libremente, y así ha sido, pero pareciera que, a excepción de Marcel, quien tiene una autonomía sustentada en su experiencia profesional y en lo que representa, la ministra no ha podido desplegarse tranquilamente por no tener la complicidad señalada.

¿Es esto catastrófico o el final de su carrera? Claramente hay algo de catástrofe en haber hecho imputaciones de ese calibre con información falsa, más aún en un momento en que hay medios ansiosos de ver sangre en una especie de venganza contra quienes en el pasado dijeron representar una nueva política más pura y carente del pecado de origen de la democracia posdictatorial; pero ciertamente no es el fin de su vida pública.

¿Qué se puede hacer? Una alternativa es dar un paso al costado, cuestión que, según se cuenta, hizo, pero el Presidente no aceptó. Sería lo más responsable como autoridad del Estado, más aún en tiempos en que, como dijimos, la responsabilidad pública está subvalorada. Pero no puedo dejar de manifestar mi tristeza por sentir que hay algo que se perdería, si es que ya no se perdió: la oportunidad única para que una de las políticas más interesantes de los últimos años pueda dar vuelta una situación adversa, aunque la adversidad es muchas veces una constante en el ejercicio de la gobernabilidad y hay quienes, aunque sean los mejores, jamás podrán sortearla.

Hay una soledad que parece más fuerte que las ganas que Izkia tenga o no de llevar a cabo la tarea encomendada desde el 11 de marzo; hay una incomodidad más fuerte que cualquier intención de hacer como si no existiera. Y eso, en política, se soluciona con más política, articulando nuevamente las relaciones al interior de La Moneda.

Se ha repetido mucho que su tono cuestionador de la justicia o la forma en que se refirió a la forma en que La Segunda aborda temas relacionados con el gobierno no es la apropiada para una autoridad. Y ahí disiento profundamente: cualquier cosa se puede hacer cuando hay comodidad y camaradería con quienes se trabaja. Y la ausencia de eso es lo que parece pesar sobre su trabajo.

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