Opinión

«Una mala noche»: La reflexión de un chileno- venezolano

Fue una mala noche para la relación entre ambos países y la responsabilidad central fue de la producción. Para quienes llevamos a ambos países en nuestro corazón, una noche triste.

Nací en Chile en 1976. Por razones del trabajo de mi madre, viajamos a Venezuela en 1987, donde viví seis años, del 87 al 93, o sea, de los 10 a los 16 años. Allá obtuve mi doble nacionalidad, esto debido a que mis padres ( ambos chilenos de nacimiento), ya habían vivido allá en los 50 y 60, mi papá de hecho se nacionalizó venezolano en los 50 y por eso él me pudo nacionalizar a mi también en los 80. 

Haber vivido toda mi adolescencia allá, me permitió comprender la cultura y la idiosincracia de un país y de un pueblo que conocí a la perfección. Yo viví en Venezuela, viajé por el país, conocí de sus problemas y sus conflictos (viví el Caracazo, el famoso estallido social de 1989 y el intento de toma de poder de Hugo Chávez del año 92). Conozco el país bien, su esplendor, su geografía, su comida, su cultura y su música pero también se sus problemas y complejidades. 

Como chileno-venezolano entiendo las problemáticas que han empujado a más de ocho millones de venezolanos a abandonar Venezuela. Y también estoy consciente de los problemas que han vivido ellos al tener que instalarse en otros lugares. Los venezolanos ( a diferencia de los chilenos) no habían tenido la necesidad de irse masivamente a otros países, no eran un país con una gran experiencia en migración. La migración implica ( sin dejar tus raíces culturales) adaptarte un poco al lugar donde llegas y esta es una idea que ellos lamentablemente, no tenían tan incorporada.

Los venezolanos, independiente de su origen y posición política, son en general, muy seguros de si mismos, son gente de alta autoestima y carácter fuerte. Lo cual resulta, sin duda, complejo, fuera de sus fronteras.

Los primeros choques culturales fuertes de las olas migratorias venezolanas ocurrieron en Panamá. Tanto así fue, que el que salsero Rubén Blades escribió una carta pidiéndoles a los venezolanos que llegaban a su país, mayor humildad, el 2015.

Cito a Rubén: “Algunos venezolanos, especialmente los de alto poder adquisitivo, llegan con una actitud de superioridad y de soberbia como la que contribuyó a producir la reacción popular que llevo a Chávez al poder y que en parte ayuda a explicar la caótica situación, enredada y dividida, que hoy se vive en esa hermana nación. Compran dos casas en un barrio de lujo y de pronto se creen dueños del país, y con una condescendencia que ofende, tratan a sus anfitriones como si fuesen siervos”.

Yo sabía que posiblemente con su llegada masiva a Chile iban a darse ciertos choques culturales . Por un lado, los venezolanos vienen de una experiencia de izquierda negativa, y por lo mismo, hasta hace poco era muy común oírlos hablar contra la izquierda mundial sin ponderar que la historia de cada país es diferente.

Esas frases que el comediante George Harris escribió en su Twitter sobre Salvador Allende, llevo años oyéndoselas a venezolanos, en muchos lugares, generando desde luego malestar en muchos ambientes.

Además de esta poca ponderación inicial que mostraron algunos de ellos para hablar de nuestra historia y los momentos mas dolorosos de esta, apareció luego la costumbre venezolana de celebrar, siempre, a cada momento y con música fuerte; eso es parte de su ADN y choca contra nuestra cultura que circunscribe  la fiesta a momentos muy puntuales de la vida.

En mi adolescencia una vez estuve en una autopista venezolana con mis padres parado 15 horas en medio de un tráfico gigante entre una ciudad y otra, estuvimos 5 horas detenidos en una calurosa carretera en medio de la selva. La gente jugaba dominó, tomaba ron y bailaba merengue. Como diría el grupo venezolano Desorden Público, allá «se sufre gozando». 

Finalmente en años recientes ocurrió lo mas complejo, la llegada del crimen organizado a Chile, ese mismo sobre el que Desorden Público viene cantando desde 1997 en su disco «Plomo revienta». Esto generó una indisposición aún mayor, ya que Chile no está acostumbrado a ese tipo de delincuencia que allá se hizo paisaje natural hace mucho, antes del Chavismo incluso. De allí que a Sebastián Piñera se le haya cobrado y se le siga cobrando esta invitación excesivamente abierta que hizo en Cúcuta sin medir consecuencias.

Creo que la organización del festival cometió un error al apostar por un comediante muy querido por los venezolanos, pero desconocido por los chilenos y sin un gran vínculo con nuestra cultura. Nuestros humores son distintos y no siempre son compatibles. 

Pienso que quizás haber subido a comediantes venezolanos que viven en Chile y que por ende están mas integrados e incorporan en sus rutinas, temáticas relacionadas a la experiencia chileno-venezolana habría sido tal vez mejor; se habría podido lograr un mejor clima. Esteban Duch era sin duda mejor opción

En este momento (con la tensión que hay entre ambos países), haber apostado por un comediante no conocido en Chile, cuyo estilo no pega tanto en nuestro país, que había tenido frases poco felices sobre nuestra historia y nuestro presidente, era objetivamente, arriesgado, tanto para el comediante como para el evento.  

Anoche no solo falló un comediante, más bien quedó en evidencia las deficiencias de este proceso migratorio carente de mediación. A los venezolanos no se les ha explicado nuestra historia, las diferencias que existen entre ambos países, no se les ha invitado a adaptarse; los chilenos tampoco estaban o están aún 100% preparados para una migración masiva de una cultura diferente como la venezolana, procesos así requieren mediación, si no, los choques siempre serán inevitables.

En este difícil momento, cuando aún la resolución del caso de Ronald Ojeda sigue en desarrollo, no existiendo relaciones diplomáticas entre ambos países y en medio de un complejo clima de convivencia, el festival era una oportunidad para ayudar a generar una mejor integración, pero al apostar por un comediante cuya rutina y trabajo no integra los elementos que han unido o que unen a los dos países actualmente, y que además actuó con soberbia, mandando al público a callarse, solo se produjo más división.  

Fue una mala noche para la relación entre ambos países y la responsabilidad central fue de la producción. Para quienes llevamos a ambos países en nuestro corazón, una noche triste.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

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