Opinión

La política no aprendió nada

Toda esta discusión pareciera más un traje a la medida de la elite política. Con un  Socialismo Democrático con clara capacidad estratégica avanzando directo a tomar control del “segundo piso” de La Moneda y de las negociaciones electorales, y una derecha hambrienta que también se prepara para gobernar, el tema es ponerle candado al Congreso para impedir que fuerzas críticas, algunas con perfume octubrista, puedan instalarse y “desordenar” la tan anhelada recuperación de la democracia de los acuerdos por parte de la política tradicional.

Sin triunfadores ni ganadores terminó la noche del 17 de diciembre. Ese era el relato casi acordado entre fuerzas gobernantes y opositoras. Los llamados a cerrar cualquier aventura de un cambio constitucional y poner la discusión de la política en las prioridades de la gente a través de grandes acuerdos, fue un denominador común en vocerías y notas de prensa.

Sin embargo, las buenas intenciones duraron lo que demoró el Gobierno en informar las modificaciones a la Reforma Previsional y lo que la oposición tardó en presentar la acusación constitucional contra el ministro de vivienda, Carlos Montes.

Y por si fuera poco, avivados por medios de comunicación y columnistas, aparecieron voces buscando reabrir el debate constituyente, el mismo que habían cerrado 24 horas antes, con la necesidad de impulsar, como diría la editorial de El Mercurio, una “reforma impostergable”[1] al sistema político chileno. Es decir, en un cerrar de ojos pasamos del cierre constituyente y los problemas de la gente a la necesaria y urgente reforma al sistema político.

No pasó ni un día del llamado mercurial y la bancada UDI anunció el ingreso de un proyecto de ley para exigir el umbral del 5% para fuerzas políticas que aspiren a ser parte del Congreso Nacional. En el mismo El Mercurio, como si se tratara de una campaña, el diputado Coloma[2] (hijo del senador Juan Antonio Coloma), explicaba: “el sistema representativo demostró su más absoluto fracaso, en donde los gobiernos tienen que buscar los votos de uno o dos diputados para obtener la aprobación de algunos proyectos”. Con algo de vergüenza, sospecho, el editor del diario arriba del titular precisó “Regla estaba incluida en texto constitucional rechazado”.

En la vereda gobernante recogieron el guante, sobre todo, algunas figuras vinculadas al cada vez más hegemónico “Socialismo Democrático”. El mismo ministro Elizalde previo a Navidad reconoció que no descartaba una reforma al sistema político, pero precisó que la prioridad del gobierno “son las reformas sociales”. Clara la fórmula, el Gobierno acababa de poner sobre la mesa de negociación el “cambalache” de la agenda social por concesiones en el sistema político.

Pero vamos a los datos. Según la página web de la Cámara de Diputados[3] hoy existen 22 fuerzas políticas presentes además de un grupo de 38 diputados independientes. En el papel, una Cámara difícil de domesticar para cualquiera que quiera llevar adelante una agenda política con iniciativa, sea gobierno u oposición. Sin embargo, al analizar la composición de esas fuerzas y la cantidad de diputados/as que las componen es posible concluir que el argumento promovido para justificar una reforma al sistema político a partir del 5% como umbral, es falso.

Los parlamentarios de partidos tradicionales, de gobierno y de oposición, hoy suman más de 110 diputados lo que equivale al 72% de la Cámara de Diputados[4], es decir, si la clase política quisiera legislar de forma urgente una serie de proyectos de ley en beneficio de la población, es cuestión que se pongan de acuerdo. No hay fuerza minoritaria, por más rupturista y crítica que sea, capaz de romper esa mayoría.

Por lo tanto, la solución a la crisis del sistema político y sus problemas no pasa por impedir que nuevas fuerzas o liderazgos asuman un lugar en el Congreso sino pareciera estar más relacionada a la incapacidad del propio sistema de procesar dinámicas sociales, muchas de ellas conflictivas, que están afectando directamente cómo está viviendo hoy la gente.

Toda esta discusión pareciera más un traje a la medida de la elite política. Con un  Socialismo Democrático con clara capacidad estratégica avanzando directo a tomar control del “segundo piso” de La Moneda y de las negociaciones electorales, y una derecha hambrienta que también se prepara para gobernar, el tema es ponerle candado al Congreso para impedir que fuerzas críticas, algunas con perfume octubrista, puedan instalarse y “desordenar” la tan anhelada recuperación de la democracia de los acuerdos por parte de la política tradicional.

La discusión sobre una reforma al sistema político es necesaria, toda sociedad tiene el derecho y el deber de analizar y debatir si el marco político existente le permite avanzar en los desafíos que la realidad y el futuro le imponen. Pero no hay que hacerlo con trampas, reducir la discusión a un porcentaje de votos obtenidos en una elección donde la cancha es dispareja, es vaciar de contenido democrático un debate de mayor profundidad.

Nadie niega que las fórmulas electorales pueden ser discutidas, pero es clave hacerlo en un proceso más amplio y democrático, donde el sistema político proponga como cuestión central integrar a millones de personas a ser parte de procesos cuyo abordaje y solución resultan fundamentales para alcanzar mejores niveles de vida de la población. Si eso no se asume, es que la política no aprendió absolutamente nada.


[1] Editorial del domingo 24 de diciembre de 2023.

[2] Edición del lunes 26 de diciembre de 2023.

[3] https://www.camara.cl/diputados/partidos_politicos.aspx.

[4] La sumatoria de parlamentarios de la Democracia Cristiana, Partido Socialista, Partido por la Democracia, Partido Radical, Unión Demócrata Independiente, Renovación Nacional, Evópoli, Convergencia Social, Revolución Democrática, Partido Comunes, Partido Liberal, Partido Comunista, Partido Humanista y Acción Humanista, Republicanos, Amarillos, Partido Demócrata y Partido de la Gente alcanza 111 diputados y diputadas lo que equivale al 72% de la Cámara de Diputados.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Paulo Gómez Palma
Trabajador social, Militante Movimiento Transformar.

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