La Nakba del mundo
Nakba, tal como originalmente escribió Zureik, designa una catástrofe moral de un mundo, en este caso los árabes, que ha dejado a Palestina abandonada y se ha vuelto cómplice del sionismo.
Una de las palabras en árabe que se ha popularizado en Occidente, a propósito del genocidio sionista sobre los palestinos en Gaza, es Nakba, que puede ser traducida como «catástrofe». En los medios suele nombrarse la Nakba como un concepto propiamente palestino que hace referencia a la creación del Estado de Israel el 15 de mayo de 1948, en un proceso que lleva consigo la limpieza étnica de Palestina con la expulsión de más de setecientos mil palestinos de sus hogares, el asesinato de más de veinte mil y la consiguiente destrucción de una sociedad que aspiraba, tras la caída del imperio otomano, a crear un Estado-nación en esos límites que hoy llamamos «la Palestina histórica». Esto es correcto si pensamos en la Nakba como un evento singular, pero también limita las posibilidades de entender la cuestión palestina y lo que podríamos llamar un significado más extendido de la Nakba que nos podría abrir puertas para entender nuestra época como tal.
El primer asunto que deberíamos tener en cuenta al hablar de la Nakba es que dicho concepto fue utilizado por primera vez por el intelectual sirio Constantin Zureik ese mismo año de 1948, en su libro El significado de la catástrofe [Ma’na an-nakba] para hablar en primer lugar de una catástrofe moral que concernía a los Estados árabes, incapaces de luchar debidamente contra la amenaza que constituía el sionismo para la región. Esto es importante hoy, puesto que la persistencia de la violencia hacia los palestinos bajo sus diferentes formas (genocidio, Apartheid, limpieza étnica) no sería posible sin un mundo árabe que primero abandonó a los palestinos a la suerte de una ideología criminal como el sionismo y luego, como hemos presenciado desde entonces, gran parte de él se ha vuelto abiertamente cómplice.
La Nakba, en el sentido que le da Zureik está presente hoy en el Egipto que colabora con Israel encerrando a los gazatíes, en Jordania que ha traicionado una y otra vez a los palestinos, en Marruecos que ha normalizado relaciones con Israel al punto de aceptar una base militar sionista en el país, en Emiratos Árabes Unidos que junto con ser activo colaborador de Israel en el genocidio en Gaza, lleva a cabo su propio exterminio en Sudán, y ahora en Siria, que ha entrado en una fase de caástrofe propia liderada por islamistas a sueldo de la CIA y el Mossad.
Nakba, tal como originalmente escribió Zureik, designa una catástrofe moral de un mundo, en este caso los árabes, que ha dejado a Palestina abandonada y se ha vuelto cómplice del sionismo. Ahora bien, esta misma cuestión es perfectamente aplicable –y no sólo hoy, sino desde el inicio de la colonización de Palestina– tanto a los Estados árabes como al mundo en su conjunto.
La Nakba, vista desde un ángulo más abierto, es el resultado del orden internacional formado con el fin de la Segunda Guerra Mundial y la creación de Naciones Unidas, organismo que sin representación directa de los palestinos en la decisión, votó la partición del país en 1947, entregándole al sionismo el 56 por ciento de la Palestina histórica, cuando en ese momento la colonización judía había alcanzado a poseer apenas el 7 por ciento de la tierra y la población, tras importantes migraciones permitidas por el colonialismo británico, había llegado al 30 por ciento del total del país.
El orden internacional que da pié a la Nakba es el mismo que mantuvo y normalizó al Estado de Israel desde entonces, integrando literalmente a un régimen de Apartheid en el comercio, las competiciones deportivas y las relaciones culturales. Por eso, cuando el genocidio en Gaza comenzó el 8 de octubre de 2023 y se hicieron públicas las muestras de apoyo entre los líderes europeos y estadounidenses hacia Israel, lo que se volvió evidente es que la Nakba, como tal, no sólo es una catástrofe de los árabes, sino del mundo. Catástrofe moral de una época –que hay que decir que se cae a pedazos– que permitió la pervivencia del fascismo emblemáticamente en Israel y en Sudáfrica.
Ahora bien, podemos entender por otro lado, la Nakba como una manera de comprensión de los propios palestinos a su catástrofe. Incluso así, la Nakba no puede referirse meramente a los eventos de 1948, sino que debe pensarse como un proceso que continúa hasta nuestros días y del cual el genocidio es la expresión más brutal. Desde esta perspectiva, pero en relación a lo ya expuesto, es posible pensar a los palestinos como un paradigma a partir del cual leer la Nakba del mundo. Sólo pensemos en los dispositivos de control que rigen en nuestras sociedades: cámaras de seguridad, drones de vigilancia, carreteras segregadas, muros divisorios.
Estos se presentan de manera cotidiana en la experiencia de millones de personas, pero en Palestina estas mismas políticas se intensifican hasta convertirse en necropolíticas. Los drones allí no sólo vigilan, sino que pueden dar muerte en cualquier momento. A pesar de tal intensidad de la criminalidad sionista, las formas de dominación en Palestina son posibles porque Israel forma parte de un sistema que abastece de aparatos de seguridad a buena parte de los países del mundo, incluso de muchos que argumentan retóricamente a favor de los derechos de los palestinos.
Nakba, en este sentido, designa un devenir del mundo en Palestina o la palestinización del mundo. Esto implica que podemos leer el destino de los palestinos en nuestras propias sociedades, toda vez que no sólo las tecnologías de poder se despliegan sobre nuestras vidas, sino también el ojo de las políticas imperiales comienza a mirar recursos naturales y poblaciones útiles para hacer funcionar la máquina del capital, mismo mundo en el que ha sido posible la destrucción del planeta en su conjunto sin que la máquina haya parado de funcionar un sólo día.
Por eso, si el concepto Nakba nos resulta útil para comprender nuestra época, la catástrofe del mundo, también debemos saber que frente a la Nakba los palestinos nunca se han quedado esperando tranquilamente la muerte. Hay otro concepto que los palestinos han hecho famoso en Occidente. Se trata de la Intifada, que puede ser traducida como revuelta o levantamiento. Allí donde el poder se ha vuelto brutal hasta formas inconcebibles, los palestinos han forjado múltiples estrategias de resistencia para recordarnos que todo poder, por omnipresente que parezca, tiene sus límites, sus alcances. Nuestra tarea es descubrirlos, pensarlos y actuar en ellos para crear mundos alternativos donde la Nakba del mundo de paso a la Intifada global.
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