La igualdad sigue siendo un espejismo
Históricamente, las mujeres hemos sido una fuerza y, al mismo tiempo, hemos sido oprimidas siempre desde todos los lugares que habitamos en este mundo. Algunos nos dicen que exageramos o que no es para tanto, pero la realidad es que la fortaleza que tenemos las mujeres ha venido de la misma resignación que nos ha impuesto un mundo de hombres.
Hemos tenido que responder a esa realidad con fuerza y, muchas veces, con silencio. Esta estructura nos ha hecho vivir en una sociedad desigual y violenta, donde quedamos inmersas en la represión. Esto no es casual, es un rechazo deliberado de un sistema. Y ahí estamos, en la resistencia, toda nuestra vida.
Nos hacen creer que somos iguales ante la ley, pero la realidad es que la sociedad está hecha desde una mirada masculina, llena de diferencias y dificultades. Y no es normal. Desde niñas, vamos adquiriendo este rol desde un segundo plano, lo que nos genera inseguridades producidas por la misma cultura.
En conclusión, la sumisión ha sido la norma. Desgraciadamente, avanzamos muy poco. Aún somos víctimas de mucha violencia: psicológica, económica, cultural, judicial, doméstica y sexual. No podemos pretender una igualdad si no reconocemos el mundo y la sociedad que vivimos.
La realidad es desalentadora y cruel. Todo está al alcance de ellos, mientras que el trabajo doméstico, de la crianza y del futuro de la humanidad sigue siendo la base de la sociedad, pero no es reconocido ni valorado. A pesar de nuestros esfuerzos y aportes, la igualdad sigue siendo un lujo que no podemos permitirnos. La cruda realidad es que somos las que sostienen el mundo, pero no somos vistas como iguales.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



Todo lo dicho,es una verdad, tan grande como una catedral, cómo decimos en Chile, una verdad verdadera……