La gran jugada de Boric
El “Presidente en práctica” como han llamado algunos a Boric, nos guste o no, dio una clase magistral de política a los “maestros” que hacen cartas papales y comunicados escuetos para tratar de demostrar que siguen siendo estadistas. La encíclica de Ricardo Lagos- que no demostró otra cosa que hay gente muy necesitada de que haya un padre simbólico que los reprenda y les tome exámenes constantemente- quedó como un lindo recuerdo de la política del siglo XX, aquella en que los políticos se miraban como estatuas vivientes.
En su segundo gobierno, en medio de varias crisis a la vez, en una entrevista concedida a Don Francisco la entonces Presidenta Michelle Bachelet anunció como si nada que le había pedido a todos los integrantes de su gabinete que pusieran sus cargos a disposición. La cara de sorpresa de Mario Kreutzberger quedó para la posteridad dando vueltas en las redes sociales y es usada para todo acontecimiento sorprendente.
En ese momento Bachelet demostró que entendía que la política no se hace en programas estrictamente políticos, principalmente porque estos los ve sólo gente medianamente interesada en el tema.
Lo mismo se podría decir del Presidente Gabriel Boric, quien este viernes dio una larga entrevista al principal programa de actualidad de estos días, el matinal de Chilevisión Contigo en La Mañana, en la que paseó por La Moneda, bromeó con sus conductores, Julio Cesar Rodríguez y Monserrat Álvarez, y luego, ya sentado en su oficina, señaló, también como si nada, que si ganaba el rechazo al nuevo texto constitucional el proceso continuaría convocando a una nueva convención. Es decir, lo que la derecha promocionaba como la gran válvula de escape a la pesadilla en la que dicen que está el país, finalmente se convertía en un camino a seguir alargando esa pesadilla.
Sorprendidos, desde el mencionado sector alegaron que el mandatario era poco democrático, que no podía hacer eso, mientras otros le bajaron el perfil diciendo que no tendría los votos para aprobar tal medida en el Congreso. Sin embargo, la jugada estaba ahí, intacta, impenetrable, con la escena política descolocada y no sabiendo qué responder frente a esto. De un momento a otro las alternativas significaban cosas distintas, y un proyecto como la disminución de los quórums para reformar la actual Constitución, presentado por Ximena Rincón, ya no le hacía sentido a nadie.
El “Presidente en práctica” como han llamado algunos a Boric, nos guste o no, dio una clase magistral de política a los “maestros” que hacen cartas papales y comunicados escuetos para tratar de demostrar que siguen siendo estadistas. La encíclica de Ricardo Lagos- que no demostró otra cosa que hay gente muy necesitada de que haya un padre simbólico que los reprenda y les tome exámenes constantemente- quedó como un lindo recuerdo de la política del siglo XX, aquella en que los políticos se miraban como estatuas vivientes.
Boric, en cambio, con un matinal metido en su oficina en La Moneda cambió el curso de la política hasta el plebiscito de salida del proceso constituyente del 4 de septiembre próximo. Sin una pomposidad mal aprendida de quienes quieren seguir viviendo del pasado en el que fueron protagonistas, la primera autoridad del país, independientemente de si efectivamente continúa o no el debate constituyente luego del resultado final, hizo lo que hay que saber hacer en política: puso a sus adversarios a bailar el ritmo de su canción. Algunos le llaman autoritarismo, pero lo cierto es que no es más que entender que el buen ejercicio de lo público radica en saber cómo mover y transformar los distintos contextos. Y eso sucedió una mañana de invierno, como si nada.
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