Opinión

La fiesta del tiempo

Kast articuló un discurso preciso para capitalizar a los “huachos”: la fractura del cuerpo nacional debía ser sanada. Y eso se cristalizó en su fórmula: “recuperar Chile”.

La revuelta de Octubre de 2019 se podría definir como el “tiempo de la fiesta”. En ella, tuvo lugar la “suspensión del tiempo histórico” –diría Furio Jesi- donde una nueva sensibilidad se abrió paso y enterró a los 30 años de transición (la destitución del pacto oligárquico de 1980). Pero a poco andar, las fuerzas reaccionarias y las progresistas ahogaron dicho hiato y el “tiempo de la fiesta” comenzó a declinar.

El triunfo del rechazo el 4 de septiembre de 2022 y de José Antonio Kast el 14 de diciembre de 2025 como presidente electo, consuman el proceso en una verdadera Restauración Conservadora.

Así, el “tiempo de la fiesta” se invierte en lo que podríamos llamar la “fiesta del tiempo”: a diferencia de la revuelta que implicó una “suspensión del tiempo histórico”, el triunfo del proceso restaurador simplemente restituye la experiencia de dicho tiempo en gloria y majestad.

Como la revuelta quedó trunca y tanto la Convención como el gobierno progresista no lograron abrir paso a su erótica, ésta permaneció en suspenso indefinido transformando el deseo de la revuelta en pánico. No es el miedo, sino el pánico la pasión de nuestra época. Porque no se trata de un Leviatán que orienta sus esfuerzos en neutralizar el conflicto como en una máquina (la seguridad) que incesantemente los produce. Al hacerlo, despoja a la población de la ilusión de una protección.

No hay líder que proteja, no hay sistema seguro, no hay más que cuerpos quebrados, arrojados a un país desmembrado. En el imaginario nacional: los chilenos volvieron a experimentar su carácter de “huachos”. Sin un padre que les reconociera, protegiera y acogiera, sin un gobierno que se hiciera cargo de las almas perdidas, la derecha entró de suyo con la fórmula que sabe: la autoritaria.

Kast articuló un discurso preciso para capitalizar a los “huachos”: la fractura del cuerpo nacional debía ser sanada. Y eso se cristalizó en su fórmula: “recuperar Chile”. Es, en efecto, la oligarquía la que se vio desplazada de conducir los destinos del país con la irrupción de la multitud en las calles durante la revuelta de 2019 y, a la vez, con el triunfo de las izquierdas en la primera Convención Constitucional.

Eso fue el pánico oligárquico que, una vez que el mundo popular fue desplazado de la Convención y no acogidos en el discurso del gobierno, dicho mundo asumió su desolación y se alió con la oligarquía en la búsqueda por restituir al padre perdido, a ese fantasma que asedia nuestro inconsciente chileno: Diego Portales.

De esta forma, el “tiempo de la fiesta” se volvió la “fiesta del tiempo”: la celebración del orden fue el retorno de la autoridad, el fin del “huacherío”, su definitiva –pero por cierto ilusoria- protección bajo la sombra del nuevo, pero viejo, padre sádico: Diego Portales reencarnado en Jaime Guzmán y éste en José Antonio Kast.

Para decirlo en lenguaje tomista –ese que gustaba al cura Osvaldo Lira- si la situación que experimentamos fue la de un dualismo ontológico en el que, por un lado, teníamos almas huachas capitalizadas cada vez con mayor profundidad por la derecha y un cuerpo frío y exento de vida conducido por el gobierno, hoy la celebración consiste, precisamente en la ilusión de que el alma vuelve a unirse con el cuerpo, precisamente, con aquella instancia de la que jamás debería haberse separado.

Así, el “tiempo de la fiesta” que definía a la revuelta se transforma en la “fiesta del tiempo” del triunfo de Kast. Las almas que desafiaron al cuerpo (el Estado subsidiario y su máquina fría) separándose de él, vuelven a él, tal como la metafísica guzmaniana les había reservado.

Los “huachos” parecen estar a salvo. Y celebran. El pánico se ha diluido en una fiesta que no viene a destruir al mito sino a consolidarlo.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Rodrigo Karmy
Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.

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