Opinión

La facticidad del capital ¿Piñera destituido o nuevamente Lázaro?

Hay una trayectoria del personaje Piñera, en su bicameralismo psicológico, mitad político y mitad especulador “full time”, que hace de él un sujeto fáctico especialmente elástico para destrabar problemas vinculados a la máquina de capitalización y liquidez que implica la acumulación infinita de capital. La élite murmura nuevamente, pero finalmente guardará silencio y el Senado saludará su propia monarquía neoliberal. Veamos si Piñera tendrá nuevamente los poderes que ayudaron a Lázaro a salir de su tumba.


No hay duda. Todos retratan a Sebastián Piñera como un estadista siniestrado, derogado. Un personaje que perdió el “don de gracia” bajo el deleite de los sustantivos tristes (“estamos en guerra”). Hoy se comenta a viva voz que hemos padecido un “tiempo bastardo” donde las prácticas de un Presidente,sin principio de reciprocidad, ni mínima empatía con las obscenas desigualdades, agravan los dolores del Chile desfondado. Las sátiras se escuchan en las esquinas, en hogares burgueses o populares, en universidades y eriazos, colegios o café, en cantinas donde Piñera ha sido motejado cotidianamente como un “cadáver político” desde el “golpe popular” (octubrismo, 18/0). Todo ello alevosamente agravado por su agenda represiva contra la protesta social, cuestión que no le daría ninguna posteridad, salvo terminar como “jefe de Estado” –cosa que está por verse- cumpliendo los procedimientos administrativos del caso.

No pocos analistas de la plaza han sostenido, presurosamente, que sería expulsado desde un helicóptero. Y no faltó el eslogan de nuestro “supermercado cognitivo”, ¡Piñera no pasa Agosto! Por fin las encuestas que están en su propia órbita de intereses abundan en ratificar su malograda aprobación ciudadana. ¡Piñera yace muerto! grita todo el coro, ¡grita hasta el hartazgo! Pese a toda la estridencia de la Cámara de Diputados, con un arsenal de pruebas en su contra por los efectos de compra y venta de Dominga, (“Pandera Papers”) es poco probable que Piñera sea destituido. Y es así, invocando el crudo realismo, porque el acuerdo del 15 de noviembre fue un “golpe congresal” encabezado por el FA (“Lawfare de baja intensidad”) que garantiza las condiciones de su envilecida perpetuación activando el cesarismo portaliano de nuestro institucionalismo. Otro escenario implicaría, de un lado, asumir la derogación de Piñera bajo la disposición elitaria –tres comunas del Rechazo- para abrir un nuevo ciclo político en la historia del País, exhumando a un Presidente enlutado y, de otro, admitir el triunfo del “movimiento octubrista” (18/0) ante un mandatario destituido por los “tumultos de calle”. Y ello cuando aún ni siquiera se ha legislado en favor del cuarto retiro, ni qué hablar del voto del ubicuo Pepe Auth o Ximena Rincón. Y no olvidar las felaciones programáticas que representa el mundo de Piñera en alianzas con la mayordomía post-concertacionista que son el núcleo ideológico del “partido neoliberal”

Hace algunos meses puso a prueba su despliegue empresarial, su capacidad de gestión en el campo de la especulación para contrarrestar el proyecto protagonizado por Pamela Jiles (perversión mediática de la tele-política). Allí activó sus cualidades de Brokers adiestrado (con las cuales por muchos años amagó a Ricardo Claro en las Notarías de Santiago) y supo leer en clave de especulación el coloso de acumulación infinita que representa el sistema de AFP y el cordón de intereses elitarios y complicidades políticas, especialmente nuestro Senado, esta vez algo más empático con el ejercicio de catarsis que está en desarrollo. Estas instituciones cuyo mentor es José Piñera, según los datos la Fundación SOL en el periodo de crisis han obtenido una utilidad diaria que ha sido calculada en un promedio de $880.000 millones. Piñera en tanto gestor descontrolado de los flujos de capital -también descontrolados- en su fase financiero y especulativa supo entender el “pool” de actores, ambiciones y dispositivos promoviendo el golpe de un “monarca presidencialista” que puso en jaque la interlocución (mediación) del parlamentarismo abriendo una contienda de poderes con inciertos resultados hacia el mes de marzo (2021).

Hay que admitir la facticidad prevalente del capital financiero. Piñera, resurrecto por algunos días u horas, interpreta como pocos la pornografía del turbo-capitalismo en tanto vanguardia especulativa y, aún sin liturgia, no puede devenir en un político articulador. Librado al peor de los mundos se debe negar, una vez más, a aquello que las “izquierdas” siempre le han reclamado: la iniciativa política. Muy por el contrario, en esta oportunidad la tumba de Piñera sería comportarse como político -cuestión no fácil antes, y mucho menos ahora- y abandonar la factualidad neoliberal.

Si bien, la revuelta derogante (18/0) fue el corolario que terminó de consumar el imaginario de la desigualdad y destapar íntegramente la racionalidad abusiva de tales instituciones, todo indica que el “tiro final” de las AFP responderá a nuestros únicos Dioses realmente existentes: “elites carenciadas que han devenido en gente con dinero”, pero con un innegable poderío fáctico. Y sin duda, la movilización ciudadana instaló el verosímil que marca la decadencia del modelo de AFP. Pero su desmantelamiento, destitución legal o cualquier otra figura responderá a dispositivos de poder situados en el ámbito discrecional de redes elitarias y corporaciones. Misma hebra corría, hasta hace meses, a propósito de la eventual destitución de Piñera por la vía de adelantar las elecciones. Hoy ello parece ser parte del breve horizonte, más allá de las fundadas iniciativas para tal empresa.

Aquí existe una compleja articulación para mantener a un Jefe de Estado colgando de las cornisas, evitando los costos políticos que tendría una fractura institucional a dos meses de su final. De un lado, se encuentran las condiciones fácticas para sostenerlo so pena de tanto agravio y, de otro, los alcances y consecuencias de prolongar su estadía en el cargo. Pero todo se juega en el orden de lo fáctico. A esta épica se sumaron antes viejos socialistas, la cantinela del PPD, todos militantes del “Partido Neoliberal” que ante la arremetida de Alejandro Guillier, lo emplazaron, y abrieron la memoria fugitiva con sus archivos bizarros, a saber, “la salida de un Presidente implica romper las tradiciones político-institucionales”. ¡Y vaya misterio! El golpe de Estado de 1973 apareció como una “pantalla moral” donde la mayordomía transicional recordó viejos domicilios ideológicos desestimando la viabilidad real de sacar al Presidente mediante un mecanismo legal -al menos así quedo estampado.

Sucede que Piñera no intentó transgredir el estado de derecho como una cuestión excepcional. Lo que está en juego es su concepción del modelo chileno (excepcionalista) reducido a “economía mediática” –letra chica- y “pacto económico” explica la eficiencia de su despliegue fáctico, y tampoco podemos descartar que esa condición ladina del apostador full time se haga presente nuevamente. Insistir en que sus acciones son inviables porque no se ajustan a las alicaídas liturgias republicanas, ethos mesocrático, paraísos fiscales, o estructuras burocráticas, es no entender la osadía del personaje en materias de des-regulación. Nada nuevo: lo que hizo el fundador de Bancard fue defender la violencia originaria y constitutiva del capital desde donde se edificó su imperio repartiendo algunos negocios con Viera-Gallo y la dinastía de los Rincón en diversas juntas de accionistas. Todo muy cloacal.

Piñera, lector avezado del capital de servicios, fue capaz de entender con creatividad, olfato mamífero y arrojo las dinámicas de la “renta infinita”, “factualidad prevalente del capital” y “empleos ficticios” –ultima metafísica del capital- y captar las correlaciones políticas desde el alineamiento tácito de los actores del progresismo. Todos, cuál más cuál menos, leyeron de entrada el guión de Piñera y gradualmente fueron haciendo gestos de sumisión a la pirámide del poder (encarnado en las AFP) invocando su incidencia en el PIB, su relevancia en el mercado externo, la posible inconstitucionalidad en el Tribunal Constitucional y las secuelas sobre el “clan de la plebe”. Y así, todo el elenco de progresistas (PPD y Socialistas) que en algún momento de sus carreras forjó   fortunas galácticas en gerencias, altos cargos directivos, inclusive participando en la composición societaria de alguna AFP, moverán posiciones en cuestión de horas.

Y es muy poco probable que haya enviado mensajes a publicistas del orden como Harboe, Lagos Weber, o el mismo Superintendente. De la incidencia fáctica del FA o el PC en estos oceánicos juegos de poder es mejor ni hablar. Esta vez ni siquiera sonaran los teléfonos en las sedes del Partido Neoliberal que encarna la Concertación: el Senado reducido a un resumidero de complicidades pandilleras se ajustará a las acciones especulativas de un empresario que hizo sus primeras armas doblegando los intereses de Ricardo Claro a la entrada de los años 80’.

Hay una trayectoria del personaje Piñera, en su bicameralismo psicológico, mitad político y mitad especulador “full time”, que hace de él un sujeto fáctico especialmente elástico para destrabar problemas vinculados a la máquina de capitalización y liquidez que implica la acumulación infinita de capital. La élite murmura nuevamente, pero finalmente guardará silencio y el Senado saludará su propia monarquía neoliberal. Veamos si Piñera tendrá nuevamente los poderes que ayudaron a Lázaro a salir de su tumba.

Calle Trizano. Temuco.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Dr.Mauro Salazar J.
Sobre la autora / el autor
Dr.Mauro Salazar J.
Investigador del Centro internacional de Estudios Frontera y Doctorado en Comunicación, UFRO/UACH.
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