La catástrofe ininterrumpida

Uno espera que el gobierno actual tenga una política internacional clara y condene sin medias tintas la ocupación abusiva y la Nakba permanente que recae sobre los cada vez más acorralados territorios y habitantes de palestina.

El 14 de mayo se conmemora la Nakba o catástrofe (en árabe), concepto introducido por Yasser Arafat que conmemora el desplazamiento de más de 750.000 palestinos que fueron expulsados de sus tierras o que debieron huir ante el avance de las tropas israelíes luego de la creación del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948. Desde esa fecha hasta el día de hoy estamos sabiendo día a día, semana a semana, mes a mes, año a año de atropellos, abusos, desalojos, ejecuciones, segregación, censura, apartheid y racismo, de parte del Estado de Israel y sus fuerzas de ocupación militar sobre los territorios palestinos y sus habitantes, sin respetar ni siquiera a los niños. Pero no solo en los territorios de Palestina también persecuciones y abusos arbitrarios contra ciudadanos árabes o palestinos que habitan en Jerusalén.

Según el diccionario de la RAE el término “catástrofe” apunta a un “suceso infausto que altera gravemente el orden de las cosas”, viene del griego “abatir, liquidar”. Hace pocos días fue asesinada una destacada periodista de Aljazeera, a la que todo indica que se le disparo intencionalmente pues portaba un vistoso letrero (PRESS) que claramente indicaba que se trataba de un miembro de la prensa. En su entierro se produjo un momento dramático en que el féretro cayó al suelo por la violencia de la policía de Israel.

Son hechos que indican como ha señalado Rodrigo Karmy en una entrevista, que la Nakba o catástrofe no es sólo una conmemoración histórica de un hecho datado que ocurrió en el pasado, sino que se trata de un acontecimiento continuo, de un hecho infausto que no deja de ocurrir y que lamentablemente de modo creciente, de acuerdo a las noticias que hemos estado recibiendo en los últimos meses.

A los chilenos nos toca e incumbe particularmente lo ocurrido con Palestina, por varias razones, Durante 17 años vivimos una dictadura que cometió todo tipo de atropellos atroces de los que hay abundante evidencia, incluso vivimos situaciones de apartheid cuando un miembro de la Junta Militar semana a semana trataba por la televisión pública a más de la mitad de los habitantes del país de “humanoides”, o sea, según la RAE,  seres que tienen solo forma o alguna ínfima característica de humanos pero que no alcanzan a serlo. Muchos de nosotros vivimos y padecimos años y años con miedo, como deben experimentar palestinas y palestinas en su vida cotidiana, desde 1948 hasta la fecha. Otra razón importante es la inmigración palestina a Chile, sobre todo en el siglo pasado.

Una migración significativa no solo en número sino en aporte en diversos planos al país. Muchos de esos inmigrantes y sus descendientes tienen familia o vínculos con Palestina, incluso la periodista de Aljazeera recientemente asesinada tiene -según la prensa- algunos parientes en Chile. En este contexto uno espera que el gobierno actual tenga una política internacional clara y condene sin medias tintas la ocupación abusiva y la Nakba permanente que recae sobre los cada vez más acorralados territorios y habitantes de palestina.

Para un ciudadano de a pie, como es mi caso, que ha leído a Kafka y conoce su biografía y la persecución a los judíos que se experimentó en la Praga de su adolescencia, que también ha visitado el museo del Holocausto en Berlín y en Washington, resulta incomprensible que un grupo humano que tiene históricamente muchos valores se olvide (como Estado) y haga tabla rasa de lo que padeció, repitiendo de alguna manera los abusos y exterminio de los que fue víctima.

En esta perspectiva la causa de palestina es una causa de la humanidad, que incluso resuena y nos llama a un pacifismo radical,  a buscar soluciones diplomáticas y políticas frente a invasiones o guerras recientes que causan tanto sufrimiento en la población civil, como la de Arabia Saudita contra Yemen, la sobre Siria, Afganistán y Ucrania, situaciones que ponen de manifiesto el silencio y la parcialidad de los medios, que suelen ser tuertos o mirar con un solo ojo, dándole duro solo a una de ellas (el lector sabe a cuál)  y silenciando otras, entre las cuales está la ininterrumpida NAKBA o catástrofe sobre palestina.

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