Opinión

La campaña del terror: espanto sin encanto

Repiten la misma semántica que los tiene arrinconados. Intentan engatusar desde sus medios, desde sus centros de pensamiento, desde sus diarios del siglo XIX. Son reactivos (no proponen, sólo se oponen).


Son tiempos de demolición, y los conservadores no pueden creer que su viejo palacio se estremezca con los mismos temblores que remecen al país. Entonces deciden usar su cabeza para comprender qué pasa y qué pasará. El problema es que lo que hacen es pegarse cabezazos contra la dura realidad. Lo hacen, claro, con la sonrisa bobalicona y aria con que llenan sus tandas comerciales. Con la mirada rubia teñida que usan para vender hediondas pescadas a crédito.

En el proceso se creen sus propias mentiras. Y la mentira se llama “columna de opinión”, donde algún sabio a sueldo hace como que comprende pero no comprende nada. La mentira se llama “encuesta”. Por su apariencia de seriedad (tiene “numeritos”), cuesta no creerle a sus sondeos. Cuesta aunque la cuenta hacia atrás muestre sólo un hilo de fracasos: la candidata del 8% en sus estudios, casi pasó a segunda vuelta en 2017. El “empate técnico” del plebiscito de 2020, mutó en un sólido 80/20 a favor de cambios profundos. Los candidatos punteros en sus predicciones de Primarias de 2021, quedaron ambos fuera de carrera. El que perdió desde la izquierda, sacó más votos que el supuesto triunfador por las derechas. Y así suman cabezazos contra la sólida roca de la realidad.

Ahora, con elecciones a la vuelta de la esquina, perseveran en lo mismo. Repiten la misma semántica que los tiene arrinconados. Intentan engatusar desde sus medios, desde sus centros de pensamiento, desde sus diarios del siglo XIX. Son reactivos (no proponen, sólo se oponen). Son negativos, especialmente con lo que les resta un milímetro de poder. Son ideológicos desde su pureza apolítica llena de polillas. Puro ruido, pura palabra mal usada. Puro espanto sin encanto.

No: no les puede resultar otra vez. Si hacen lo mismo de siempre, si reparten pavor y odio, no esperen resultados diferentes. Vienen perdiendo la gracia y las elecciones. Está vez, pese a sus embustes, no debería ser de otra forma. ¿Falta mucho? ¡Por supuesto! Este camino está en sus inicios. De la nueva Constitución hay recién redactadas dos o tres palabras. Pero esas dos o tres palabras son palabras de promesa y esperanza. En esas dos o tres palabras afirmo mi optimismo de hoy. En la suma, esta historia que se mueve con paso de tortuga, pero avanza poco a poco. Después de décadas de detención y retroceso, eso debe dar pie para mirar lo bueno del proceso en que vivimos.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Pablo Padilla Rubio
Escritor.

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