Opinión

Kast, el gran mentiroso

El candidato derechista puede sostener cualquier mentira, con más audacia que el radicalismo explícito que se ha tomado gran parte de la política mundial, y erigirse como el garante de una estabilidad que es imposible que pueda mantener. Su razonamiento, como todo personaje que dice querer asegurar el aquí y el ahora, es corto y frágil. No así su insistencia en imponer ciertas mentiras como un terreno nebuloso que debe ser aclarado.


                                     

En medio de un debate presidencial organizado por ARCHI, los ánimos se encendieron y la pelea personal tomó el protagonismo. Un tú a tú entre Gabriel Boric y José Antonio Kast dio como resultado acusaciones entre ellos. Mientras Boric interpelaba a Kast por su defensa de la dictadura, éste comenzaba a desplegar la única acción que le sale natural, y que lo ha llevado hasta su posición actual: acusar, aseverar cuestiones no comprobadas, y a veces incomprobables, e insistir en ellas.

Es cierto, para vivir en una sociedad hay que convivir con ciertas mentiras que hacen llevables algunas relaciones. Hay ciertos ritos, creencias y certezas del pasado que han estado plagadas de verdades a medias, lo que no las hace necesariamente malas, porque la humanidad necesita buscar algún tipo de claridad en la soledad de la existencia. Creer que la transparencia en todo ámbito es algo virtuoso, ha sido el puntapié inicial precisamente para hacer crecer lo opuesto. Y Kast, como también Franco Parisi, en distinta medida, han aprovechado este fenómeno.

Una demostración de ello, claramente, es la campaña del abanderado de la derecha. Su relato consiste en que es un valiente, un luchador en contra de las mentiras de la democracia liberal y el progresismo que, a su entender, la ha encabezado. Y para lograr demoler todo ese entramado de mentiras, lo importante sería impulsar una campaña con afirmaciones que no son tales. Es algo así como un autoconvencimiento de que lo que se repite, en algún momento, se convertirá en verdad, aunque no se tenga las pruebas suficientes.

Kast no es Trump, ni tiene esa impudicia a flor de piel que el expresidente norteamericano exhibía; su personalidad, su tono calmado, y muchas veces somnoliente, es la estrategia más convincente para poder decir y repetir aquella supuesta verdad. Esa tranquilidad, que parece imperturbable, no es la apuesta transitoria de Donald, o de Parisi, para escapar de situaciones puntuales, sino una manera de reafirmarse como el defensor de cierto neoconservadurismo, cuestión que a los otros dos exponentes nunca les importó.

Con este tono, el candidato derechista puede sostener cualquier mentira, con más audacia que el radicalismo explícito que se ha tomado gran parte de la política mundial, y erigirse como el garante de una estabilidad que es imposible que pueda mantener. Su razonamiento, como todo personaje que dice querer asegurar el aquí y el ahora, es corto y frágil. No así su insistencia en imponer ciertas mentiras como un terreno nebuloso que debe ser aclarado. En el caso de supuesta acusación de acoso contra Gabriel Boric, la nula articulación del Frente Amplio respecto a este tema, también ha colaborado.

Pero si nos detuviéramos solamente en el carácter de Kast para evaluar lo que ha sucedido este año, nos quedaremos cortos de argumentos. Como dijimos anteriormente, este abanderado no es Trump por su tono recatado; pero tampoco lo es porque no rompe realmente ninguna manera de entender el poder económico y político de Chile. No es una novedad, como sí lo fue Trump en la política del gigante del norte, aunque no fuera más que el hijo político del gobierno de Reagan. Es parte del sector más integrista de un partido ya lo suficientemente integrista como es la UDI. Sus diferencias con esa colectividad fueron solamente énfasis, por lo que podríamos afirmar que él sí es el gran mentiroso. El gran impostor, ya que su sinceridad, su postura de “decir las cosas como son”, entraña la idea de que puede haber un cambio profundizando en lo mismo, pero haciendo como si fuera otra cosa. Es la reivindicación de lo que hizo explotar al país hace dos años, pero se viste de su salvador.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Francisco Méndez
Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.
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