Opinión

Jeannette Jara es lo peor que le pudo pasar a la derecha

En la derecha hasta hace algunas semanas tenían claro que encabezarían el próximo gobierno de Chile. Era casi inevitable. Podía ser Evelyn, Kast o incluso el streamer Johannes quien saliera electo según sus cálculos electorales y políticos. No les cabía en la cabeza que alguien de esta administración pudiera siquiera pelear la primera posición. Inclusive se llegó a hablar de una segunda vuelta únicamente entre candidatos de su sector.

Si ganaba Carolina Tohá las primarias del oficialismo podía pelearles el famoso centro, aunque en realidad no la veían como una amenaza. A lo mejor se llevaría a uno que otro concertacionista de derecha, pero, como ellos saben, eso no es más que un asunto que preocupa a lectores de La Tercera o El Mercurio, pero a nadie más.

¿Qué pasaba si ganaba Jeannette Jara? Bueno, entonces sí que tenían la batalla ganada sin lugar a duda. Era imposible, según sus estudios tendenciosos, que una comunista pudiera causar simpatía, más aún después del estallido social y todas las consecuencias políticas y económicas que este tuvo.

Nadie sensato en las filas derechistas podía tomar en serio una candidatura del Partido Comunista porque la contingencia, la situación país, según su mirada, iba en contra de todo lo que representaba esa colectividad.

La derecha había conseguido hablarle en simple al ciudadano y atacar sus miedos concretos y ficticios, por lo que, además de ir creciendo en todo estudio de opinión, era dueña del relato diario y las inseguridades del sujeto medio. Logró también tipificar el desastre, la delincuencia y horror con el término octubrismo, lo que estableció una línea divisoria entre los buenos y los malos, entre los que amaban Chile y los que querían destruirlo. Tenían en sus manos, a pesar de su fracaso constitucional, el poder de definir quién podía o no ser merecedor del título de “persona decente”.

Sin embargo, esto se les derrumbó de manera estruendosa hace unos días con el triunfo de Jara y su candidatura en la instancia oficialista. ¿Pero comenzó todo sólo el domingo 29 de junio recién pasado? Me atrevería a decir que fue bastante antes, cuando la hoy abanderada del oficialismo era titular del Ministerio del Trabajo y participó en un foro de Copesa en el que se enfrentó al dirigente empresarial Bernardo Larraín.

En esa ocasión, a comienzos del 2024, la entonces ministra le discutió la razón por la que la gente opta por no sindicalizarse al empresario. Mientras Larraín decía que la informalidad se debía un acto de “libertad” del trabajador, Jara recordaba que más bien tenía que ver con la necesidad de quienes no podían vivir con lo que se les pagaba en una jornada laboral completa que con un ejercicio libre.

Desde ese momento comenzó a simplificar el discurso de una izquierda que estaba atrapada en conceptualizaciones inentendibles y a competir también con una centroizquierda demasiado convencida de que lo principal era no tener ningún relato. Ahí comenzó la debacle de la narración post estallido sin que nos diéramos cuenta.

El tono de Jara revitalizó al progresismo porque le pelea lo cotidiano a una derecha que lo había atrapado inteligentemente. Sin petulancia intelectual ni superioridades morales de ninguna especie-ni frenteamplistas ni concertacionistas- ella volvió a darle sentido a los antagonismos sociales sin tono de reclamo ni como añeja propaganda ideológica.

Por esto es más peligrosa que cualquier otra persona que la derecha pudo enfrentar. Es comunista, pero no responde a los sueños húmedos de pinochetismo mental que aún circula por las mentes de quienes incluso se han desprendido públicamente de éste para ganar elecciones. Es comunista, pero se sentó a la mesa para discutir la reforma de pensiones en la que no logró todo lo que quería.

Es comunista, pero sonríe, no anda a la defensiva, desarma las caricaturas que se hacen de ella, siempre con contenido político detrás.

Es decir, es lo peor que le pudo pasar a quienes creían que tenían todo ganado; es el despertar de un sector al que creían muerto. Y, de paso, los ha dejado a ellos como personas tristes y desesperadas que sólo aparecen en los medios para contarnos sobre el terror que debemos sentir, debido a que ellos lo sienten.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

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