En pocos días, Boric ha recuperado lo que Piñera destrozó
Agencia Uno
Es un millennial que ocupará un cargo tradicional, repleto de gestos, de símbolos que lo mantienen en pie. Está parado sobre “hombros de gigantes”, como repite una y otra vez, debido a que en un país presidencialista como éste, la autoridad del jefe de Estado es o debería ser la base de la certeza política e institucional. La República deja de ser un concepto vacío cuando se posa sobre el cuerpo de quien debe dirigir sus destinos.
A una semana del triunfo de Gabriel Boric en la segunda vuelta presidencial, la prensa ha estado pendiente de lo que hace o deja de hacer el nuevo presidente electo. Su juventud y la del equipo que lo rodea, ha sido motivo de notas periodísticas, como también su relación amorosa con la activista feminista Irina Karamanos y todo lo que suene a novedoso a su alrededor.
No es poca cosa. Es un millennial que ocupará un cargo tradicional, repleto de gestos, de símbolos que lo mantienen en pie. Está parado sobre “hombros de gigantes”, como repite una y otra vez, debido a que en un país presidencialista como éste, la autoridad del jefe de Estado es o debería ser la base de la certeza política e institucional. La República deja de ser un concepto vacío cuando se posa sobre el cuerpo de quien debe dirigir sus destinos.
Lo curioso es que a Boric esto no le sale forzado. A pesar de la edad que tiene y de los estímulos con los que creció, el espíritu republicano le resulta natural, como si fuera algo con lo que ha vivido por años. Su comprensión del Estado como algo más grande que cualquier gobierno o enfrentamiento ideológico contingente, ha sido uno de los rasgos que ha lucido en estos días, incluso cuando fue a La Moneda a saludar a Sebastián Piñera, el principal adversario político de su generación.
Probablemente, se debe a su sentido histórico, que no es lo mismo que saber historia. Me refiero al conocimiento del contexto, del pasado y de lo que posiblemente se requiera para enfrentar el futuro; como también a lo que demanda su posición política para tener cierto control sobre el trayecto vital de una nación. Personas como Piñera, o incluso Bachelet, no lo tienen. El presidente en ejercicio sólo parece movido por su rol en cualquier actividad que le parezca demandante. Es algo que tiene que ver más con sus ganas insaciables de ser parte de todo, de abarcar cualquier área del quehacer nacional, que con un deber o un llamado a representar algo más grande. Y hemos visto el fatal resultado de esa visión.
Es cierto, Boric aún no asume y lo que vemos ahora se puede derrumbar en una semana en la casa de gobierno. La política es un arte intenso y peliagudo en el que lo que ayer fue una certeza indesmentible, hoy puede ser una mentira incomprobable. Todo tiene que ver con cómo se ejerce el poder del que se es depositario y de que la mirada larga sea una constante durante todo el periodo en el que se gobierna. Sin embargo, en las formas, lo que hemos observado es que quien asumirá la Presidencia en marzo ya parece representar otra manera de encarnarla que quien se va. Y, digámoslo, es bastante interesante, sobre todo tomando en cuenta que, desde la otra vereda, se ha intentado decir que él será el sepulturero de todos estos treinta años que para algunos son casi un motivo de excitación sexual.
Para fortalecer las virtudes de una nación, como nos lo ha enseñado el pésimo gobierno saliente, no se requiere insistir en sus vicios. Las instituciones no se legitiman profundizando lo que las ha hecho perder legitimidad. Y para entender eso, es relevante saber hacer política, que no es lo mismo que apostar y hacer jugadas cortas para salvarse en el minuto. Aspecto que ha marcado la actual administración.
Es un desafío inmenso el que viene. La historia y los procesos sociales que entraña, no son lineales. Un triunfo electoral, por muy holgado que sea, no trae consigo necesariamente una victoria política e ideológica. Cuestión que es fácil comprender cuando se es capaz de reconocerse como parte de algo más largo que la propia vida personal. Piñera nunca quiso verlo. No le convenía. Boric, al parecer, va camino a tener conciencia plena de ello. Ojalá no nos equivoquemos.
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Hace bien que las palabras leídas, se queden en mi «entendimiento» como decía la Violeta. Esta claridad se agradece pues expresa la realidad sin un discurso predecible. Tengo aprensiones legítimas, creo, tb que somos muchos quienes aún celebrando, pensamos y sentimos un temor atávico para lo que se viene. Pero…. SEGUIMOS!!!