El valor de la cultura es incalculable
Los financiamientos estatales a la cultura, las artes y el patrimonio, son producto de políticas de largo aliento y de trabajos intensos con los sectores del campo cultural y de otros que se relacionan con él.
Foto: Agencia Uno
Dame la perseverancia de las olas del mar, que hacen de cada retroceso un punto de partida para un nuevo avance.
GABRIELA MISTRAL
Luego de escuchar durante más de dos horas el debate sostenido por la comisión mixta especial el pasado viernes 11 de noviembre, acerca de la partida presupuestaria para el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio -debate en el que primó el cuestionamiento a la asignación de recursos en sí-, Valentina Henríquez, artista visual y trabajadora de la cultura, sostuvo una conversación con Iván Insunza, actor y director teatral, de la que se desprende la siguiente reflexión.
El aumento presupuestario para cultura es una urgencia postergada por años y, por lo mismo, es clave dar cuenta de su sentido: incrementar la capacidad social de ejercer y gozar de los derechos culturales. Esto ocurre a través de avances cualitativos en los ecosistemas culturales nacionales, es decir, en la interrelación que existe entre diferentes agentes, organizaciones, instituciones y personas que se vinculan con lo cultural.
Estos ecosistemas, cuando son fuertes, mejoran el bienestar y la sensación de seguridad de las comunidades, contribuyen al desarrollo económico, al diálogo democrático, al respeto y la tolerancia, a la salud, a la labor de cuidados y en general, a diversos ámbitos de la vida social que van mucho más allá del ámbito del trabajo cultural o el consumo de sus bienes y servicios.
En específico, el presupuesto en cuestión tiene tres pilares que permiten el fortalecimiento de estos ecosistemas:
- Apunta a garantizar la permanencia en el tiempo de las organizaciones culturales, así como fomenta el trabajo articulado entre ellas y con el Estado, para que puedan fortalecer a las comunidades, contribuir al desarrollo nacional y colaborar para garantizar el incremento permanente del ejercicio y goce de los derechos culturales. Esto lo hace a través de programas como PAOCC, Puntos de Cultura Comunitaria, el Programa de Sitios de Memoria, o el Programa Fomento y Difusión del Arte y las Culturas de Pueblos Indígenas.
- Permite fortalecer la institucionalidad y consolida alianzas clave para la articulación del servicio público, permitiendo que la cultura permee de manera orgánica otros ámbitos de la vida social. Las iniciativas de cultura contribuyen al abordaje de necesidades tan importantes como la seguridad, la salud mental, la educación o los cuidados. Esto se hace a través de programas como Transferencias a la Subsecretaría de Prevención del Delito; Programa Sitios de Memoria; Programa de Revitalización de Barrios e Infraestructura Patrimonial Emblemática; Transferencias a Universidades; Transferencia al MOP; o Transferencia a la Subdere. Todo ello sin contar con las posibilidades que se abren a través de las instituciones culturales para establecer alianzas con el sector privado nacional e internacional.
- Busca robustecer el sector cultural chileno, incrementando tanto la oferta como demanda, así como ampliando los espacios en que es posible participar libremente de la vida cultural, artística y patrimonial. Esto trae muchos beneficios para la sociedad completa: contribuye a la cohesión, a la construcción de identidades democráticas, a la reflexión crítica, al diálogo, a la creatividad, entre otros valores que son fundamentales para enfrentar los desafíos del presente y el futuro.
- También, la cultura cumple un rol clave en posicionar el nombre de Chile a nivel internacional y contribuye económicamente de forma directa, y a través de la complejización de nuestra matriz de producción, lo que beneficia tanto al sector cultural, como a la sociedad en general. Esto se hace a través del incremento de fondos concursables, del pase cultural, del financiamiento de infraestructura cultural y patrimonial, con la implementación y continuidad de archivos regionales, planes de salvaguarda PCI, y todas las demás formas en que se apoya y financia a diferentes agentes culturales, artísticos y patrimoniales del país. Por cierto, sofisticando también los mecanismos de fiscalización del gasto público.
Nuestra urgencia por el reconocimiento del lugar de la cultura
Por las razones anteriores, la aprobación del presupuesto del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio es clave. Esta es una institución fundamental para el desarrollo integral del país, y su fortalecimiento contribuye a la sociedad completa. Además, a través suyo se aporta decididamente al avance en prioridades nacionales, como es la seguridad y el crecimiento.
Todas estas cuestiones permiten comprender el absurdo que suponen ciertos discursos reaccionarios que pretenden convencer a la opinión pública de que el gasto en cultura se reduce a “plata mal gastada” o a financiar iniciativas “ideologizadas”. Estas narrativas se han instalado utilizando la estrategia de siempre: desconocer la realidad, los estudios, los datos e insistiendo majaderamente en argumentos que sobre-politizan una realidad ya precarizada por quienes los emiten.
Los financiamientos estatales a la cultura, las artes y el patrimonio, son producto de políticas de largo aliento y de trabajos intensos con los sectores del campo cultural y de otros que se relacionan con él. Dando origen a proyectos y programas que no obedecen, bajo ningún punto de vista, al estímulo de contenidos ni agenda partidaria que sirva como instrumento ideológico al servicio de un sector, como también se pretende convencer.
La única agenda es la estimulación del campo cultural para el bienestar general de la sociedad. Por eso, es importante comprender los modos particulares en que la sostenibilidad del sector cultural se relaciona con la salud, la educación, la seguridad y, en definitiva, el fortalecimiento de la democracia.
Por otro lado, el desarrollo de nuestra democracia ha estado marcado por el permanente perfeccionamiento de los sistemas de financiamiento y los mecanismos de fiscalización del buen uso de estos recursos. De esta manera, en los últimos años se ha podido llegar a más espacios, instituciones y personas que colaboran con el Estado en la misión de crear más y mejores condiciones para el desarrollo cultural, entendido como una dimensión fundamental del devenir de sociedades sanas, tolerantes y diversas.
Cabe destacar el reconocimiento y validación a nivel internacional del rol clave del sector cultural en los procesos de desarrollo sostenible, tanto por su colaboración con otros sectores, como también con indicadores de desarrollo propios en tanto sector productivo.
Es por ello que la instalación de la disputa pierde sentido, justamente porque no hay disputa en el valor y la importancia del sector cultural. Queda entonces pensar, lamentablemente, que la instrumentalización política de las instituciones, organizaciones y programas culturales, por parte de quienes solicitan desfinanciar la cultura, es evidente.
Perseverar en la defensa del presupuesto para la cultura es perseverar en defender a Chile en su identidad, su historia y su memoria, sus espacios públicos, a sus creadores y cultores, a sus barrios y territorios diversos, así los han demostrado los diversos argumentos que seguiremos poniendo sobre la mesa con serenidad, las veces que sea necesario. Defender el presupuesto para nuestras Artes, Culturas y Patrimonio es defender la posibilidad de un mañana mejor para todas y todos.
No hay que cantar victoria, todavía…
Ayer nos despertamos con alegría: el presupuesto ministerial fue aprobado por la Cámara de Diputadas y Diputados de la República; con una colaboración inédita y sin presiones indebidas. Gracias a la solidaridad y resistencia de varias personas que trabajamos en los diferentes sectores de la cultura, nuestro presupuesto podría beneficiar a la ciudadanía: si logra salir intacto del Senado.
Los versos de Mistral parecieran haber sido escritos antes de ayer: envejecen bien. Son jóvenes, de corazón. Esperemos que ese llamado a la perseverancia por la búsqueda de un bien mayor, llegue a los oídos de quiénes nos representan y nos gobiernan.
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