Opinión

El sujeto político chileno, hijo del mesón del Sernac

¿Qué pasa cuando tenemos personas ansiosas de respuestas? Simple, personas o grupos de interés que intentan contestarlas. Uno de esos grupos de interés es Felices y Forrados, que pasó de ser un emprendimiento que aconsejaban sobre las pensiones y las rentabilidades de estas, a mirar la arena política sacando una lista constituyente. Es decir, trasladar la lógica del mercado a la política y a uno de los procesos más importantes de la historia reciente de Chile.


Por más que se quiera creer que en Chile estamos viviendo una efervescencia fundada en aires de cambio fundamentados intelectualmente, lo cierto es que hay un problema cultural que va más allá de lo que se dice que se quiere. Esto podría ser debido a varios factores complejos, como por ejemplo los años de despolitización y, por ende, las ansias de inmediatez en que ha nadado el sujeto político chileno. Para él, sin importar las ideas que diga abrazar, lo sistemático y lo metódico es sinónimo de traición, de ese ejercicio político que no soluciona los problemas, sino que los aplaza y los profundiza.

Este sujeto construido, aunque no quiera reconocerlo, es el hijo del mesón del Sernac, el hombre o la mujer que quiere que le solucionen sus problemas, sin preguntarse muy bien cuáles son, ni si hay alternativas diferentes para hacerlo. Y eso el proceso constituyente debe cambiarlo, debido a que la discusión sobre una Constitución es básicamente una interacción de preguntas.

El problema, quizás, es que el ciudadano/cliente chileno sigue esperando respuestas y no se hace preguntas. Sigue esperando que llegue la persona indicada, luego de un  proceso transicional y postransicional complejo, en el que cualquier pequeña discrepancia era acallada con temor. Hoy pasa algo parecido, pero el temor se dejó de lado.

¿Qué pasa cuando tenemos personas ansiosas de respuestas? Simple, personas o grupos de interés que intentan contestarlas. Uno de esos grupos de interés es Felices y Forrados, que pasó de ser un emprendimiento de economistas de dudosa procedencia, que aconsejaban sobre las pensiones y las rentabilidades de estas, a mirar la arena política sacando una lista constituyente. Es decir, trasladar la lógica del mercado a la política y a uno de los procesos más importantes de la historia reciente de Chile.

¿Cuál es el problema? Parece bastante evidente: la mirada mercantil está decidida a jugar un rol importante en el debate que viene. La idea de la respuesta fácil antes del intercambio de preguntas cree que puede ser un gran actor. ¿Y por qué sería eso problemático? No porque tenga cabida en una mesa amplia, con otras ideas, sino porque es la representación de las “no-ideas”, de las soluciones en un momento en el que necesitamos más bien visibilizar los conflictos, desmenuzar el cuerpo de nuestro pasado y presente, para tirarnos las tripas y los órganos y ver cuáles desechamos o mantenemos. Pero para eso se necesita la sangre de la complejidad, de la incerteza, y no la peligrosa simpleza aséptica. Y Felices y Forrados es eso. Es lo peligrosamente simple. Lo que dice ser otra cosa pero es lo mismo. La misma cantinela vestida de rebeldía antisistema, como si hubiera algo más sistémico que decirle a la gente como hacer trampas a las AFP.

Sería bueno que hubiera una reflexión al respecto. Sería interesante entender que Gino Lorenzini, fundador de Felices y forrados, no es más que un Sebastián Piñera de poca monta, con menos dinero y menos contactos en la alta sociedad chilena. Es la versión más popular, si se quiere. Pero es lo mismo. No ve más que ganancias personales tras grandes discursos generales. Es la triunfadora idea del winner; ese que con nada lo hace todo.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

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