El quinto retiro y el miedo del chileno a lo común y a lo público
No existe una cultura de lo público que vaya de la mano de lo palpable, de lo que pueda dar sentido al ciudadano en el bolsillo. Y eso sirve para que cualquier iniciativa que involucre lo colectivo sea mirada con sospecha. Pero para comprender eso, hay que saber qué sujeto político es el que integra lo que sería la ciudadanía hoy en día, no lo que se cree que es.
Foto: Agencia Uno
Durante la discusión del Quinto Retiro muchas mentiras circularon para poder darle cierta épica a un debate. La primera es la que la diputada Pamela Jiles ha repetido hasta el hartazgo y es que el gobierno había prometido un nuevo retiro en campaña, casi como si su electorado hubiese ido a las urnas debido a que se aseguraría de forma más rápida tener sus pensiones. Y eso es falso. De que debe haber gente que votó por esta administración por estas razones es difícil de desmentir, pero no hubo promesa alguna.
Si bien uno puede discutir las estrategias y las razones por las que los entonces diputados Giorgio Jackson y Gabriel Boric votaron al son del ritmo que Pamela Jiles instalaba en la Cámara para aprobar los retiros anteriores, también vale la pena tener en consideración que siempre dieron su voto con una crítica a lo que representaba saquear y/o disminuir los fondos ahorrados. ¿No tuvieron la fuerza para alinear a sus filas y hacer frente a Jiles? Claro que no la tuvieron. No pudieron y a lo mejor no quisieron, pues la diputada entendió que el “sentimiento popular” no se mueve según decretos ideológicos, sino que es motivado por las condiciones materiales que tiene a su alcance. Y es complejo poder luchar contra eso si se quiere ganar una elección.
Es importante recalcar lo segundo, porque por más de que muchos de nosotros reclamemos contra la filosofía individualista que rige la idea de sacar “mi plata”, en la acción también la necesitamos y la usamos sin que estemos de acuerdo con la premisa; lo que sucede porque la fuerza de lo material muchas veces es más contundente que la ideología que se dice proclamar y que los principios que enarbolamos en discusiones acaloradas. Y entonces vamos a la segunda mentira que ha rondado en este debate: la de la expropiación.
¿En qué consistiría esta supuesta idea? En que lo que querría el gobierno, al no estar de acuerdo con los retiros, es expropiar el dinero que se encuentra en los fondos. ¿Qué se quiere decir con eso? Que lo propio, que lo “mío”, pasará a ser parte del Estado y que los “sucios políticos” harán lo que quieran con el dinero. Eso también, de nuevo, es falso, porque no ha habido expresa ni soterrada intención de hacerlo.
Sin embargo, hay un problema más profundo y es que si efectivamente se quiere crear un sistema en el que lo común prime sobre lo individual, existe una sensación de que cualquier intención en esa dirección es un atentado contra lo propio.
De izquierda a derecha no se entiende o no se quiere entender qué conlleva un esfuerzo colectivo .Y sucede porque, independiente del discurso generalizado, lo que se quiere es solucionar las bajas pensiones, la propia (de nuevo, “lo mío”) sin querer ir realmente al fondo del asunto. No se entiende la razón de lo colectivo porque las condiciones materiales en las que nos movemos nos guían hacia la idea de que no hay alternativa a la propiedad individual de montos. Lo otro, según se piensa, sería avanzar hacia un totalitarismo.
No existe una cultura de lo público que vaya de la mano de lo palpable, de lo que pueda dar sentido al ciudadano en el bolsillo. Y eso sirve para que cualquier iniciativa que involucre lo colectivo sea mirada con sospecha. Pero para comprender eso, hay que saber qué sujeto político es el que integra lo que sería la ciudadanía hoy en día, no lo que se cree que es.
¿Cómo se sale este relato que permea toda discusión? Creando uno nuevo. Pero, digámoslo, se debió hacer desde el día uno. O el dos, seamos generosos.
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