El llanto de los concertacionistas desilusionados
«Ahora ellos son los utópicos, los que andan pidiendo lo que no se puede hacer, que sería volver atrás, a su terreno de confort, como si nada de lo que pasó- y sigue pasando- hubiese sucedido; como si, independientemente de si ganan o pierden un plebiscito, hubiera vuelta atrás y pudiéramos retroceder a aquellos años en que determinaban qué era o no la sensatez, y no seguir sintiéndose como se sienten actualmente, desplazados».
Agencia Uno
Luego de que algunos opinólogos del acontecer nacional contaran en sus cuentas de Twitter que habían sido engañados para participar en un documental creado por gente del Rechazo con el fin de mostrar la desilusión que la ciudadanía tiene o tendría respecto al proceso de la Convención Constitucional, nos enteramos de la existencia no solo del material, sino también de la idea central que un sector quiere instalar: la esperanza traicionada.
Si bien yo no soy el más indicado para defender uno a uno los puntos del texto constitucional debido a que hay cosas que me gustan y otras que no tanto, sí creo interesante preguntarse acerca de la esperanza en política y los resultados que provocan en el ciudadano medio.
¿Es sana esa sobreexpectativa? No. Nunca es sano que un gobierno o un proceso de las características del que concluyó recientemente influya demasiado en el ánimo nacional. Quienes votamos Apruebo, deberíamos estar conscientes de que el lugar histórico en el que estamos es complejo porque la caída simbólica y material de una institucionalidad siempre trae consigo un largo período de reconstrucción, de ensamblaje de las piezas, las que deben crear un nuevo ethos que prepare el terreno sobre el que se deberá caminar en las próximas décadas. Debemos saber, tanto nosotros como los convencionales, que no hay edificio político que se mantenga en pie sin, precisamente, un trabajo político que aún no comienza. Porque una cosa es escribir un texto, y otra darle viabilidad.
¿Acaso no nos dijeron durante años que tener demasiadas expectativas sobre la democracia y sobre correr los límites de lo posible era infantil? ¿No fueron los Ottone, los Walker, los Pepe Auth, que aparecen en este “documental”, los que miraban la exigencia de que algo no fuera lo que, debido a las circunstancias políticas e históricas, debía ser, con sonrisa socarrona? Entonces, ¿esa misma sabiduría que da el tiempo no debería haberles hecho ver que todo lo que está pasando y que ellos miran horrorizados es, precisamente, lo que el contexto político e histórico puede brindar?

Si es que somos sutilmente cínicos, podría extrañarnos que quienes analizaban con desdén intelectual a los enrabiados e indignados con el resultado de la recuperación democrática, hoy estén del otro lado y, como si fueran adolescentes y nuevos en la discusión pública, pretendan contarnos que no vieron, de nuevo, lo que sucedería, y que se sienten traicionados porque todo no es tan maravilloso, tan perfecto y tan pulcro como esperaban que fuera.
Pasaron, de un día a otro, de ser los dueños de la realidad y lo posible a convertirse en púberes que observan con ojos grandes cómo lo que es posible hoy en día no tiene nada que ver con sus esperanzas, sus sueños húmedos.
Es decir, ahora ellos son los utópicos, los que andan pidiendo lo que no se puede hacer, que sería volver atrás, a su terreno de confort, como si nada de lo que pasó- y sigue pasando- hubiese sucedido; como si, independientemente de si ganan o pierden un plebiscito, hubiera vuelta atrás y pudiéramos retroceder a aquellos años en que determinaban qué era o no la sensatez, y no seguir sintiéndose como se sienten actualmente, desplazados.
Después de años de dar lecciones de pragmatismo y realismo político, los señores de la transición no quieren nada de eso. En cambio, lo único que desean es soñar con algo que ya pasó, que ya terminó, que ya se derrumbó.
Aunque el solo hecho de pensarlo les puede causar urticaria, cada día se parecen más a los viejos jerarcas soviéticos que, tras la caída del Muro, lloraban la desaparición de su lugar en el mundo.
La supuesta ilusión que dicen que tuvieron acerca del futuro, realmente no es más que una añeja nostalgia de unos 30 años que no son la caricatura malvada e infernal que algunos dibujan, pero tampoco el paraíso terrenal de los acuerdos que otros intentan instalar como si no fueran la semilla que dio como fruto lo que no quieren consumir rechazando la nueva Constitución.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



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