Opinión

El irresponsable exceso de responsabilidad de Boric

Aunque esto sea un desagrado para los oídos de aquellos que quieren que el ejercicio de lo público no sea lo que es (esa gente se encuentra también en el oficialismo), pensar que una administración como esta, con su historia política, sería neutra ante lo que viene, es un insulto a la inteligencia de ese ciudadano que la oposición cree que está siendo insultado con el despliegue de La Moneda.

Con el paso de las semanas, las campañas por las opciones Apruebo y Rechazo han ido sumando adherentes. En el Rechazo hay una derecha que nunca quiso que pasara nada, otra que dice que quiso hacer algo, y una autodenominada “centroizquierda” que dice no querer nada con una supuesta radicalidad progresista que habría dominado la Convención Constitucional.

En el Apruebo, por otro lado, existen quienes quieren dejar el texto intacto y los que creen que esta opción es un camino para abrir una nueva conversación sobre la base de un Estado social de derechos. Pero para eso, saben, primero hay que lograr que esa puerta se abra, que el antagonismo plebiscitario termine y así caminar sobre tierra firme.

Es complejo atravesar ese umbral, más aún cuando estamos en una realidad repleta de dimes y diretes, de controversias falsas y exageraciones propias de una acalorada contienda.

Entre los que quieren pasar a una nueva etapa, algunos han renunciado a politizar, a explicar o a poder llegar de manera amena a la ciudadanía para aclarar definiciones y botar las mentiras del otro lado. Sin embargo, desde el gobierno, aunque sea mal visto por aquellos que están convencidos de que la política se hace solamente por Contraloría, el Presidente Gabriel Boric ha decidido salir de ese lugar de confort que da su cargo para moverse arriesgadamente e intentar ganar el terreno que cierta arrogancia de algunos convencionales ha hecho perder al sector que no quiere que el texto constitucional sea desechado.

De manera a veces temeraria, Boric ha salido a la calle y ha movido las piezas en la política de pasillo para lograr que la disyuntiva en la que nos encontramos no sea consumida por quienes votarán por seguir en este marasmo político. Hace semanas llevó a cabo una jugada interesante, al plantear que de ganar el Rechazo esto continuaría, y se ha involucrado de forma demasiado evidente en el proceso electoral.

Unos alegan intervencionismo y otros dicen que es hacer política en tiempo real; y puede tener mucho de ambas cosas, pero si la primera autoridad del país logra que lo segundo sea desarrollado inteligentemente, la validez de la acusación perderá sentido con el tiempo.

Aunque esto sea un desagrado para los oídos de aquellos que quieren que el ejercicio de lo público no sea lo que es (esa gente se encuentra también en el oficialismo), pensar que una administración como esta, con su historia política, sería neutra ante lo que viene, es un insulto a la inteligencia de ese ciudadano que la oposición cree que está siendo insultado con el despliegue de La Moneda.

Pero la pregunta es cuánto puede arriesgarse el mandatario por algo que, si se pierde, será exclusiva responsabilidad suya desde ambos bandos. ¿Podrá salir a salvo de una estrategia en la que juega todo por el todo? ¿Debe ser él quien asuma todos los costos de lo que suceda? ¿Es sensato arriesgar tanto teniendo en cuenta que quedan varios años de gobierno independientemente del resultado del 4 de septiembre?

Es sumamente complejo que Boric quiera echarse al hombro no sólo la falencia política de algunos de sus ministros, como es el caso de Izkia Siches y Giorgio Jackson, sino también el futuro institucional de Chile. Es hasta un poco irresponsable asumir tanta responsabilidad. Pero, ¿quién más puede hacerlo? ¿Quién puede renunciar a sus pequeñas rabietas y egos para hacer algo más grande? Al parecer, hasta ahora, salvo excepciones, nadie. Y eso no es bueno para ningún gobierno.

Tal vez- y ojalá- me equivoque. Pero el riesgo está ahí. Es ganarlo todo y meterse en la historia patria como quien pudo avanzar y superar la Constitución pinochetista, o quedar entremedio de interminables recriminaciones. Pero bueno, nadie dijo que sería fácil.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

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